23 de octubre de 2021 | 15:40
Opinión

    Cuba, Estados Unidos y México; nueva forma de hacer comercio internacional

    El delimitar una frontera marítima entre naciones debe ser analizado desde la óptica de la próxima exploración de yacimientos por parte de petroleras de todo el mundo en el Golfo de México.
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    El último mes del año 2014 dejó como acontecimiento principal la posible normalización de relaciones entre Cuba y Estados Unidos, con lo cual es razonable pensar en un posible distanciamiento de los caribeños con Venezuela en medio de la incertidumbre de hasta dónde puede caer el precio del petróleo y por ende, un menor apoyo de la nación que dirige Nicolás Maduro hacía la isla.

    El tema de los derechos humanos y el canje de presos entre Estados Unidos y Cuba aunque acapara todos los reflectores, no debe evitarnos poner la vista en el tema del reacomodo comercial en la región, teniendo al petróleo como principal mercancía e insumo; lo escrito en este párrafo toma fuerza si leemos la declaración de Obama hecha a The Washington Post el día 22 de Diciembre de 2014, donde parece ser mucho más importante para el Presidente estadounidense delimitar una frontera marítima entre Cuba y México, que la aprobación del Congreso de aquel país para nombrar Embajador en la isla. El gobierno de Estados Unidos ya se ha ofrecido como mediador entre caribeños y mexicanos para poner fin al conflicto y la incertidumbre causada ante dicho mal.

    El delimitar una frontera marítima entre naciones debe ser analizado desde la óptica de la próxima exploración de yacimientos por parte de petroleras de todo el mundo en el Golfo de México gracias a la reforma energética; petroleras que deben tener la certeza de hasta dónde es posible adentrarse sin tener que caer en un conflicto legal que puede tardar años en resolverse, y por ende encarecer la inversión y reducir los beneficios.

    Michael Reid en su columna ?Bello? en The Economist del día 20 de Diciembre de 2014, comenta el hecho que Canadá fuera sede de las negociaciones entre las dos naciones en conflicto, quitando de esa forma el peso histórico a la relación entre México y Cuba; relación cargada de pragmatismo e ideología durante buena parte del siglo XX que sirvió a nuestro país para poder tener un margen de maniobra ante ciertas políticas estadounidenses planteadas en foros internacionales. Defender a Cuba daba una imagen de país progresista comenta el ex canciller Manuel Tello Baurraud.

    Con México fuera del campo de acción, el diálogo entre cubanos y norteamericanos se reduciría únicamente a lo económico y comercial, situación que termina por confirmar Jorge Castañeda en el periódico español El País el día 21 de Diciembre del pasado año, al afirmar que de nada sirvió la relación de amistad histórica entre México y Cuba, si los dividendos de la normalización serán cobrados por otros como Canadá.

    Los dividendos a los que el ex canciller mexicano se refiere son el petróleo, basándose en el hecho de que en la actualidad parece que Estados Unidos ha cedido mucho más que Cuba, pero en el mediano y largo plazo la condición en la isla será apertura de mercado gradual con una necesidad de combustibles fósiles que puede surtir Estados Unidos a través de sus petroleras.

    En caso de que México en algún momento estuviera activo en las negociaciones entre cubanos y norteamericanos, le podía abrir la puerta a tener algún beneficio económico con el paso de los años; el mismo Michael Reid en la columna citada párrafos atrás comenta que tal vez incluir a México en dichas charlas podría haber afectado el proceso de apertura del mercado energético y no terminar como lo conocemos en la actualidad.

    Cada actor en su escenario; Cuba obligado a aceptar condiciones en medio de una crisis de precios del petróleo, el cual será el insumo más comerciado en la región, mientras México y Estados Unidos buscan consolidar la mayor zona manufacturera del mundo de acuerdo a declaraciones hechas en la Casa Blanca el día 6 de Enero del presente año, con lo que nuestro país y la isla podrían ofrecer mano de obra barata y semi calificada, mientras Estados Unidos ofrecer los combustibles fósiles e insumos.

    El resultado sería un mercado de casi 450 millones de personas si incluimos a Canadá, con potencial exportador tal como el que posee China en la actualidad, y con la ventaja de que México y Cuba cada vez se vuelven más flexibles y liberales en sus procesos económicos.