Estados Unidos contra Siria, Corea, México,…; AMLO y el peligro del 2018

Ataque a Siria
Al justificar el ataque a Siria, Trump argumentó que “la acción reflejó un interés vital en seguridad nacional”.Internet

No obstante que varios tuits de 2013 manifiestan la oposición de Trump a que Obama lanzara un ataque contra Siria como respuesta al supuesto uso de armas químicas o a que lo hiciera sin solicitar la aprobación del Congreso, pues nada obtenía Estados Unidos a cambio, en 2017 él ha ejecutado la acción que no se decidió entonces y lo ha hecho como Bush Jr. contra Iraq: sin pruebas que apoyaran la justificación para llevarla a cabo. Hasta ahora no hay evidencia fehaciente de que el gobierno de Bashar al Ássad haya sido el que lanzó el ataque químico. La acción unilateral ha afectado la diplomacia internacional, pero a Trump no le importa y ha dicho que decidirá más acciones unilaterales si las considera convenientes (como lo ha hecho en Afganistán con “la madre de todas las bombas” y podría hacer en Corea del Norte; ojo, Rusia tiene al “padre de todas las bombas).

Algunos atribuyen el contraste entre las dos posiciones a la hipocresía de Trump. Otros han visto el ataque como el pretexto perfecto para levantar la aprobación entre sus votantes tras su fracaso con el ObamaCare. No pocos consideran un acuerdo íntimo entre Trump y Putin. Lo cierto es que Trump necesitaba de un triunfo. Pudo haber sido contra México, pero el asunto del muro se ha aplazado hasta 2018 y la renegociación del TLC está en espera. Antes de los  59 misiles contra Siria, algunos se preguntaban cómo reaccionaría Trump ante la eventualidad de un ataque terrorista al interior de los Estados Unidos; al estilo de los habidos en Europa recientemente. Con moderación o arrebato. No tuvo que esperar a que llegara. Siria le dio la ocasión para exhibirse.

De este acontecimiento y su justificación, ofrecida por Donald Trump y John McCain, y de algunas declaraciones previas del propio McCain y John Kelly, secretario de  seguridad nacional, en relación a la política mexicana, se desprende una advertencia que no debiera pasar inadvertida.

1. Dos días antes del ataque a Siria, en una sesión en el senado estadounidense, McCain dijo a Kelly que Estados Unidos tiene un problema con México, donde ahora hay mucho “sentimiento anti-americano”. Y que de haber elecciones al día siguiente, probablemente los mexicanos tendrían un “presidente izquierdista y anti-americano”: “Eso no puede ser bueno para América”. “No sería bueno para América ni para México”, confirmó Kelly.

2. Al justificar el ataque a Siria, Trump argumentó que “la acción reflejó un interés vital en seguridad nacional”. El senador McCain sabe que es el congreso quien tiene que aprobar la guerra contra un país extranjero. No obstante, respaldó la acción de Trump argumentando la autorización otorgada a Bush para combatir a los responsables de los ataques a las Torres Gemelas y “prevenir cualquier acto futuro de terrorismo contra Estados Unidos por naciones, organizaciones o personas”.

En el objetivo y la fiebre ultra conservadora de hacer “America great again”, se ha visto ya que Trump y su gente están dispuestos a todo para al menos confirmar el eslogan. No sorprende que alguien como Andrew L. Peek, “ex oficial de inteligencia” de la armada de Estados Unidos y columnista el Daily News de Nueva York, escribiera tras el ataque a Siria: “América se está comportando como una superpotencia otra vez; una superpotencia con sus propias normas, sus propios valores que defender. La fuerza nunca debiera de ser la primera respuesta de América. Pero alguna gente no entiende nada más” (07-04-17).

Y el deseo imperial va desde la guerra en casi cualquier parte del mundo hasta -por supuesto y con mayor razón para ellos-, el aseguramiento y el control no sólo de sus fronteras, en particular, de su vecino del sur.

Ojalá todo pasara por la necesaria cooperación. Pero ello no basta a Estados Unidos. Tiene que intervenir en la política interior de los países. Como siempre lo ha hecho en Latinoamérica y México. Ha invadido naciones y las ha robado, ha derrocado y asesinado presidentes, ha conspirado contra políticos y movimientos sociales. Algunas veces de manera abierta, otras, soterrada. Ahora, el deseo imperial se descara de nuevo con Trump. ¿Qué hacer?

López Obrador, quien, contrario a los políticos del PRIANDR (PRI-PAN-PRD), se abstuvo de opinar o tomar partido por alguno de los candidatos presidenciales de Estados Unidos y aun criticó la invitación hecha a Trump por Videgaray-Peña al considerar que las elecciones de los países son acontecimientos nacionales, ha respondido a McCain y Kelly –pues es obvio que se referían a él sin nombrarlo- que él no es antiestadounidense, que respeta a ese país, que lo que desea, de ganar la presidencia, es “cooperación para el desarrollo”. Y al acusar a Zavala de Calderón de solicitar apoyo al senador texano contra su persona y movimiento, ha pedido que se respete la autonomía de México en el proceso electoral que se está ya viviendo hacia el 2018.

Es un llamado y una exigencia que se tienen que hacer, pero es claro que Estados Unidos intervendrá como lo hace en todo lo que considera de su incumbencia; y la elección en México lo es. Sobre todo, porque ellos no ven al país México como una entidad autónoma sino como una zona dentro del proyecto denominado Norteamérica, que significa que su frontera de seguridad se extiende al menos hasta Guatemala. El proyecto Norteamérica, que tiene ya decenios de haberse iniciado, se ha ido imponiendo sobre la idea de México como parte de Latinoamérica.

No se equivocaba el internacionalista Adolfo Aguilar Zínser al señalar el concepto gringo sobre su vecino del sur: un patio trasero que hay que controlar y asegurar.

Tampoco se equivoca otro gran internacionalista, John Saxe-Fernández: la dinámica de la guerra contra el narcotráfico impulsada abiertamente por el Plan Mérida –“un diseño de intervención y ocupación territorial del país que tiene un presupuesto de entre 2.5 y 3 mil millones de dólares y que no se rige por el derecho internacional ni por la ley interinstitucional de tratados; es un arreglo de facto que rompe con la ley constitucional en Estados Unidos y en México”-, incorpora asimismo el concepto de la guerra contra el terrorismo: “no es solamente una guerra irregular del pentágono en clave de guerra narcotráfico y crimen organizado, sino que se expande a la guerra antiterrorista a través de los cambios legales que propician una hiperdefensa de los intereses norteamericanos en México… Y esto me parece que es un anticipo de un escenario electoral para el 2018 porque el terrorismo y el antiterrorismo se prestan a todo tipo de persecución política… El país está entrando en una etapa todavía de mayor riesgo para la nación”. (Las nuevas leyes que se están creando en México en favor y acaso por exigencia de USA y la reforma energética peñista podrán acusar de terrorismo a los propietarios, campesinos y ejidatarios mexicanos. Por otro lado, el ejército nacional está en realidad sometido al “comando norte”, creado por Bush Jr.; y no se olvide que la Ley de Seguridad Interior que se está fraguando daría al ejército mayor intervención sobre el interés social).

Trátese de Siria, Afganistán, Corea del Norte o México, Estados Unidos será insaciable a la hora de intervenir al nivel que sea necesario. Las palabras de McCain y Kelly son un anticipo muy claro. La colaboración de mexicanos antipatriotas ambiciosos de poder también posibilitan la intervención: la historia lo muestra.

¿Qué hacer aparte de llamados exigiendo respeto a la autonomía y acudir a las instancias del derecho internacional? Fortalecer la información, la conciencia de la sociedad, el poder del voto popular masivo. Si no se hace así, se estará en riesgo de perder nuestro país para siempre (muchos dicen que ya está perdido; veremos).

P.d. Las portaciones de John Saxe-Fernández son citas libres de su intervención en “Geopolítica petrolera”, del programa de TV Mirador Universitario; publicado en youtube el 29-03-17.

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