September 15, 2019 10:12


El fracaso de las casillas especiales

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Los responsables de la casilla no sabían cómo atender el asuntoInternet

Hoy por la mañana me levanté muy temprano para ir a votar, con la idea de ejercer mi derecho a elegir a quienes ocuparán los cargos de presidente de la República y de Senador federal, con lo cual cumpliría con la responsabilidad de actuar como un ciudadano participativo y preocupado por el destino de nuestro país. Sin embargo, mi optimismo duró cerca de 15 minutos, lo que duró el trayecto de mi casa a la casilla especial, ubicada en avenida Coyoacán y San Lorenzo, en la colonia Del Valle. Mi experiencia fue desastrosa, aunque con un final feliz para mi persona.

Me estacioné lejos de la casilla, pensando que habría mucha gente y no me equivoqué; sin embargo, me quedé corto, muy corto. Llegué a las 7:00 a.m. a la puerta de la casilla y mis ojos no daban crédito de lo que veía: una cola interminable de personas que habían llegado antes que yo. La primera llegó a las 4:00 de la madrugada. Pregunté dónde formarme y me señalaron el rumbo por donde encontraría el inicio de la cola. Pensé que serían unas 100 o 200 personas las que estarían delante de mí. Me equivoqué por segunda ocasión. Caminé sin encontrar el inicio, dándole vuelta a la manzana y me di cuenta que la cola hacía un círculo concéntrico que parecía un sinfín. Pare ese entonces calculé que habría cerca de 2000 potenciales votantes.

Al verme totalmente rebasado por la realidad, me acerqué a la puerta (que estaba cerrada) y pregunté cuál era mi posibilidad de poder votar. Unánimemente, me respondieron que ninguna, por la razón que yo ya sabía: sólo tenían 750 boletas, para los “foráneos”. Sin embargo, una persona de la tercera edad me comentó que atrás de él empezaba otra cola, destinada a las personas mayores, a las mujeres embarazadas y a los que padecieran de alguna discapacidad física. Con esta posibilidad me formé muy cerca de la puerta: me sentí muy afortunado. Poco a poco comenzaron a llegar más personas que, sin información y con la gran esperanza de votar, se amontonaban en la puerta, por lo que comenzó a desvanecerse la primera y segunda filas que concéntricamente se habían formado.  Para las 8:30 hrs. calculo que habría cerca de 3000 personas la gran mayoría frustradas y enojadas por la imposibilidad de votar.

Los responsables de la casilla no sabían cómo atender el asunto: no tenían magnavoces y solo informaban a los que podían acercarse a la puerta. A uno de los responsables se le ocurrió repartir papelitos numerados, para hacerle justicia a los que habían llegado temprano; luego a un policía se le ocurrió utilizar una cinta amarilla para separar la primera fila de los demás, ya que ni siquiera todos los formados en ésta alcanzarían a votar. En las dos horas que estuve formado pasaron muchas cosas: llegaron los periodistas y también los observadores (algunos llegaron tarde y sin identificación), los responsables entraban y salían tratando de responder las dudas de las personas, seguían llegando personas, que no desistían a pesar que se les explicara que las fichas se habían agotado antes de abrir la casilla, las personas invadían la avenida Coyoacán y el tráfico se hacía más pesado.

La molestia de las mujeres embarazadas y de las personas discapacitadas hizo que nuestro grupo fuera el segundo en entrar. Una vez adentro, todo fluyó maravillosamente. Votamos sin problemas y nos atendieron de maravilla. Salí satisfecho de haber votado en menos de tres horas (otros debieron esperar el triple), pero inconforme con la desorganización y nula anticipación de este problema que, según he escuchado en los medios de comunicación, ha sido generalizado en todo el país. Es decir, a una cantidad importante de personas se le impidió ejercer su derecho a voto.

Al final del día me quedé pensando: no es posible que la propia ley y el INEE impidan a los ciudadanos ejercer su derecho a elegir a las autoridades que los gobernarán. Especialmente, cuando se trata de la Presidencia de la República. Me pregunto: ¿de dónde sale el número mágico de 750 boletas por casilla especial?, ¿no sería posible cambiar la ley para eliminar esta absurda cifra?, ¿acaso no se tiene un histórico del número de personas en tránsito para ajustar la cifra a la realidad?, ¿por qué no se instalan más casillas especiales, mientras se cambia la Ley?

Este día la ciudadanía demostró que desea participar en la construcción de la democracia del país. No desalentemos esta voluntad; por el contrario, proporcionemos todas las facilidades para que las futuras generaciones sigan el ejemplo que presencié hoy.  

 

El autor es Presidente del Consejo Directivo de Métrica Educativa, A.C.

Ex Presidente Consejero de la Junta del INEE

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