A  sus 36 años, Diego Enrique Osorno con su lucidez, experiencia y disciplina domina el difícil arte de la crónica. Profesional y comprometido, el regiomontano se arriesga a vivir la noticia porque sólo así ofrece una visión in situ del conflicto y logra que el lector también lo entienda y asimile. La vivencia personal es el sello de sus artículos. “Oaxaca Sitiada” fue, en 2007, la otra cara de la moneda del “conflicto” magisterial en el sureste del país.

¿Por qué, de las 32 entidades que conforman a nuestro país, Oaxaca es la primera en protestar? “Los días del plantón dependen de los tiempos políticos del país, del estado, de los grandilocuentes escenarios “político-coyunturales”, del presupuesto, del ánimo del gobernador en turno, de lo que piensen los funcionarios y de la convulsionada vida interna del sindicato al que pertenecen”, explica bien Diego Osorno.

Hace 10 años, los reflectores estaban fijos en Oaxaca. Los maestros se plantaron en el zócalo, su protesta fue pacífica hasta donde lo permitió la policía del entonces gobernador Ulises Ruiz. En 2016, la catedral se yergue de nuevo en medio de lonas de colores, mantas que proclaman consignas; vecindades, baños y basureros improvisados. De nuevo, los maestros oaxaqueños se rebelan para defender la educación y  sus derechos.  

“Todas las guerras empiezan y terminan en un escritorio”, consigna Osorno y tiene razón.

En 2006, las nubes de gas lacrimógeno provocaron los gritos y la furia de los maestros que corrieron en medio de la noche. Decidieron defenderse de  sus opresores. Ahora la lucha magisterial se repite y “Oaxaca sitiada” recobra su fuerza y veracidad. Los oaxaqueños luchan contra el gobierno que les corta toda posibilidad de salir adelante si no es mediante la obediencia, exigen una política que de veras apoye la educación de los mexicanos y deje de beneficiar las carteras de los poderosos. Lo comprende y lo documenta con excelencia, Diego Enrique Osorno en su libro: “Oaxaca sitiada,  la primera insurrección del siglo XXI.”