Sueños guajiros de un miembro de los cinturones de paz, o de amor o como se llamen

Cinturón de paz
Cinturón de paz. Reclamos.Andrea Murcia/Cuartoscuro

Yo, que no soy héroe, ni siquiera un sujeto con relativa valentía o pundonor, saldría corriendo como alma que lleva el diablo.

¿Qué haría usted, lector, si fuera burócrata y su jefe le pidiera ser escudo humano en contra de revoltosos en una marcha del 2 de octubre? ¿Qué haría si por órdenes superiores tendría que ponerse una camiseta como si fuera tiro al blanco, y lo apostaran delante de los agentes anti motines y de las vallas de metal?

¿Qué haría si al final de la marcha, a usted no le pasara nada (porque Dios es grande o porque simplemente no le tocaba) y dado el éxito de su encomienda, lo exhortaran a repetir su hazaña, en cada marcha subsecuente de la Ciudad de México, ya calificado como un héroe cívico?

¿Qué haría si en la siguiente marcha, a usted como flamante héroe de los cinturones de paz, o de amor y paz, o como se llamen, un anarco se le dejara venir empuñado una cadena, un palo o una bomba Molotov?

Yo, que no soy héroe, ni siquiera un sujeto con relativa valentía o pundonor, saldría corriendo como alma que lleva el diablo. Me quitaría la camiseta y me escondería detrás de un policía (y eso que yo nunca he sido fan de los agentes del orden, ni les guardo mucho respeto que digamos).

El problema de los cinturones del amor y paz, es que su ejemplo cunda en otras Estados del país. Y que unos gobernadores menos honestos y verticales que Claudia Sheinbaum, usen estos escudos humanos para proteger los monumentos históricos y los comercios, sin comprometer cómo es obligado por ley, a sus fuerzas policiales, que para eso están, para eso se les paga (con nuestros impuestos) y para eso se les adiestra durante meses e incluso años.

Ahora bien, con un par de mezcales, o con un tequila de los no adulterados (que cada vez hay menos), a lo mejor uno se envalentona y comienza a darle de trompadas y ganchos al hígado a los revoltosos. Así pues, me sentiré muy orgulloso de que me lleven preso por el delito de riña, después de salvaguardar de las garras de los vándalos el monumento de mármol del Hemiciclo a Juárez o de cualquier otra mafufada de bronce del Paseo de la Reforma. Quizá uno tenga vocación de mártir y muera heroicamente en el intento. ¡Habrá que ver! 

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