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El embajador Christopher Landau y el cruel ataque de las mujeres COLMEX

Christopher LandauMoisés Pablo/Cuartoscuro

¿Es cierto que el embajador Landau debe sujetarse a la crítica en su condición de político?

El embajador de EUA en México, Christopher Landau, tiene la costumbre de promover algunos aspectos de la cultura popular mexicana en las redes sociales de su embajada. Pero a una joven estudiante del Colegio de México o COLMEX, que responde al nombre de Mariana, no le agrada esto y publicó en su cuenta de Twitter una crítica contra el embajador donde dijo lo siguiente: "Las redes sociales de @USAmbMex dicen mucho de la percepción del pueblo al que busca agradar. Nos concibe rudimentarios. Cree que alabaremos a cualquier extranjero blanco que coma nuestra comida y no desprecie a la gente común. Lo peor es que no está errado.”

No sé qué es lo que vea el lector en esa expresión, pero lo que yo veo es una crítica personal apuntada a afirmar la existencia de un móvil farisaico o hipócrita en las acciones de Landau. Esto se deduce de la descripción que está haciendo del embajador como una persona ocupada en el deseo de agradar a los mexicanos y para lo cual realiza acciones amistosas que tienen como fin, no la amistad en sí misma, sino el deseo mercenario de ser alabado por los mexicanos. Pero en la expresión de la joven Mariana hay algo que me deja la impresión de que está juzgando esta situación desde la perspectiva racial. Esta desagradable impresión me asalta cuando se refiere al embajador con palabras muy usuales en este expediente como un "extranjero blanco" que "nos concibe rudimentarios." Y creo que el embajador Landau también asumió esto como una etiqueta negativa porque la citó textualmente al final de su réplica a la joven Mariana: "las comunicaciones 'rudimentarias' de este 'extranjero blanco'."

Aunque la joven Mariana afirma que "las redes sociales de @USAmbMex dicen mucho" sobre lo que ella ha expresado en su crítica, la verdad es que no existen datos objetivos que permitan afirmar categóricamente o al menos con alguna probabilidad que los móviles y conductas del embajador Landau sean tal como lo ha dicho la joven Mariana. A saber, no existen datos documentados sobre que el embajador Landau haya trazado un plan mercenario y malévolo para actuar hipócritamente con los mexicanos, y menos en torno a que actúe como un "extranjero blanco" en un país de "rudimentarios". Y bajo esa premisa de absoluta insuficiencia objetiva debemos concluir que su creencia personal sobre el embajador Landau se ubica en el nivel más bajo y peligroso de las creencias: aceptación de prejuicios.

Como siempre ocurre en estos casos, los prejuicios de la joven Mariana son juicios infundados motivados por el error de generalizar sus nociones de manera ilegítima y por abandonarse a las reacciones emocionales negativas ligadas como el miedo y la aversión. Ni duda cabe que la joven Mariana cree en sus prejuicios sobre el embajador Landau porque, como decía Aristóteles: "no es posible que el que tenga una opinión no crea en lo que piensa." Esto quedó claro cuando la joven se puso manos a la obra criticando al embajador, con lo cual muestra su disposición positiva y su compromiso con sus creencias. Y si ella cree en sus prejuicios, es porque les otorga validez. Sin embargo, esta validez es subjetiva, muy personal, porque es la validez que tiene su noción distorsionada de las cosas solo en su experiencia interior.

El gran peligro de esto radica en que la disposición positiva y el compromiso de las personas con sus prejuicios destructivos las conducen a cometer conductas hostiles tales como difundir públicamente mentiras contra ciertas personas para etiquetarla negativamente, discriminarlas o hasta atacarlas, que fue el caso de la joven Mariana con su crítica al embajador Landau. En efecto, fue por su creencia y su compromiso con sus prejuicios que la joven Mariana tuvo una reacción muy hostil contra al embajador Landau haciéndolo blanco de una crítica personal arbitraria, ofensiva e irresponsable.

Hay arbitrariedad en la crítica de la joven Mariana porque convirtió un valor humano supremo, como es la verdad, en un hecho arbitrario para satisfacer sus deseos y fines particulares. Hay ofensa porque habló infundadamente de una persona para etiquetarla negativamente. Y si hay irresponsabilidad en lo anterior, también la hay en eso de difundir prejuicios contra una persona sin considerar los perjuicios que se ocasionan en su dignidad y prestigio.

Una vez que se dio la interacción entre la joven Mariana y el embajador se detonó la típica guerra tuitera de opiniones e invectivas a la que se incorporó un grupo llamado Unidas COLMEX para manifestar su apoyo a la joven y agregar otra serie de afirmaciones y condenas de su cosecha contra el embajador Landau. En lo sustancial, la posición de este grupo es la siguiente.

Las palabras de la joven Mariana fueron un “disenso” en la forma de una “crítica legítima sobre la estrategia de comunicación de la embajada de EUA en México.” El embajador, pese a que debe sujetarse a la crítica en su condición de político, respondió de manera agresiva, desmedida e irresponsable y al compartir en Twitter capturas de pantalla del perfil de la joven Mariana "validó y alentó la actitud persecutoria y el hostigamiento selectivo” contra esta joven. Finalmente, exigieron una disculpa pública del embajador Landau por su forma de proceder en este caso.

 

Enseguida vamos a echar abajo las posiciones del grupo COLMEX.

¿Es cierto que la crítica de la joven fue legítima y se dirigió a la estrategia de comunicación de la embajada de EUA?

No es cierto en cuanto a la legitimidad. La crítica de la joven es ilegítima por doble partida. Ilegítima una vez por estar basada en prejuicios que convirtieron un valor humano supremo, como es la verdad, en un hecho arbitrario para satisfacer sus intereses particulares. Ilegítima otra vez por pasar por encima de una regla fundamental de comportamiento conveniente en la democracia: el diálogo debe ser lo más razonable y respetuoso que sea posible.

Tampoco es cierto que la crítica era de carácter técnico. El texto público de la joven Mariana no se refiere en absoluto a cuestiones técnicas en campos como la comunicación o la mercadotecnia. La crítica fue personal y se dirigió al menos contra la presunta disposición farisaica o hipócrita del embajador.

¿Es cierto que la réplica del embajador Landau fue agresiva, desmedida e irresponsable?

Esto no es cierto. La réplica del embajador fue la siguiente: "Disculpa que no sea lo suficientemente sofisticado para ti, con tu grado en relaciones internacionales. Obviamente tu gran educación y conocimiento del mundo te permitirán hacer un trabajo diplomático mucho mejor que las comunicaciones 'rudimentarias' de este 'extranjero blanco'".

Sinceramente, yo no veo en esta expresión algo agresivo, desmedido e irresponsable. Lo que leo al texto es una respuesta sobrecargada de ironía socrática, sin expresiones ofensivas, y justo a la medida necesaria para poner en su lugar a una joven imprudente. El mismo grupo COLMEX ha reconocido en un comunicado público que las expresiones textuales del embajador Landau no fueron violentas de manera explícita. Sin embargo, aducen que el embajador, al compartir en Twitter capturas de pantalla del perfil de la joven Mariana, “validó y alentó la actitud persecutoria y el hostigamiento selectivo” contra esta joven.

Este argumento del perfil de Twitter de la joven está pervirtiendo la realidad porque es incompleto, asimétrico e inconsecuente. Enseguida voy a corregir esos errores del grupo COLMEX para ver la realidad tal como es.

Sabemos que una de las consecuencias de muy alta probabilidad que se siguen a cualquier expresión pública que realicemos en Twitter es la reacción de la comunidad en la red hacia nosotros o hacia nuestros interlocutores u objetos - persona, organización o lo que sea -, y donde esa reacción puede ir en la forma de apoyo, crítica o hasta de ataque. Para que esa reacción se haga posible sólo basta que la identidad de los que están interactuando sea pública por la vía que sea: expresión pública, "menciones" tuiteras, publicación de perfiles, etc. Y sabemos también que si etiquetamos negativamente con prejuicios a la contraparte las probabilidades del ataque contra ésta se incrementan notablemente porque siempre hay muchos tontos fanáticos en las redes sociales en espera de morder el cebo de las etiquetas negativas para atacar.

Bajo la anterior premisa, estamos obligados a suponer que la joven Mariana sabía que su crítica prejuiciosa podría provocar una oleada de críticas y ataques para los dos. Pero pese a estar en conocimiento de eso, la joven se atrevió y lo hizo. Y lo que vino a continuación solo fue consecuencia de ese acto primario.

Una vez que hemos quitado el carácter incompleto y asimétrico del argumento erróneo del grupo COLMEX ya tenemos la realidad de las cosas a la vista: la joven Mariana eligió iniciar un juego peligroso y puso las condiciones para generar una ola de críticas y ataques injustificados contra el embajador Landau, y éste le pagó con la misma divisa para ejercer su derecho legítimo a proteger su dignidad y prestigio.

Hemos llegado también a la primera inconsecuencia en la posición del grupo COLMEX: manifiestan inconformidad con el hecho de que el embajador haya publicado el perfil de la joven, pero no así con el hecho de que su compañera haya iniciado el juego de los ataques. Ahora vamos a la siguiente inconsecuencia.

Si la oleada de críticas y ataques para los dos estaba garantizada desde el momento en que ambos se criticaron públicamente y haciéndose "mención" mutua en sus expresiones - @BraojosMariana y @USAmbMex -, entonces el hecho de que el embajador haya publicado luego el perfil de su joven crítica fue mero corolario o sobrecosto. Y así hemos llegado a la segunda inconsecuencia: el grupo COLMEX se inconforma con el hecho de que el embajador haya publicado el perfil de la joven - el sobrecosto -, pero no así con que haya hecho mención textual de ella en su réplica - el costo principal -. Si los ataques son lo mismo con independencia de la vía por la que llegaron, ¿no es esto una inconsecuencia?

Si acaso la demanda del grupo COLMEX es en el sentido de que el embajador debió evitar la publicación de cualquier información que diera la identidad de su joven crítica, entonces estamos ante el colmo de una demanda arbitraria y absurda. El embajador Landau fue víctima de una ofensa y no está obligado a reservarse la identidad de su ofensor a fin de ponerle a salvo de las críticas del público. Exigirle a una víctima que sienta compasión y consideración por su victimaria es exigirle que realice un acto absurdo y heroico, un acto que nadie está obligado a realizar.

 

¿Es cierto que el embajador Landau debe sujetarse a la crítica en su condición de político?

Esto no es necesariamente cierto porque depende del carácter de la crítica. Si la crítica es objetiva y respetuosa, que no fue el caso de la joven Mariana, entonces el político está obligado a sujetarse a ella aceptándola o bien refutándola con argumentos razonables. Pero si la crítica es prejuiciosa y ofensiva, como fue el caso de la joven Mariana, entonces el político no está obligado a sujetarse a ella quedando en libertad de reaccionar en la forma que estime más conveniente y razonable para poner a salvo su dignidad y prestigio, incluyendo en esto la crítica personal, objetiva y pública contra sus ofensores, tal como fue la réplica del embajador Landau.

Me desvío un poco para hacer una reflexión que será de utilidad. Un rasgo muy propio de las víctimas es que les atribuimos virtud, es decir, consideramos a las víctimas como personas que han actuado correctamente en cualquier asunto, pero que han recibido en pago un mal o una injusticia. Es por ello que ante las víctimas genuinas nos invade siempre eso que Aristóteles llamaba compasión, que es un sentimiento que aparece en terceros ante gentes que no merecen el mal que sufren.

Volviendo al tema, me queda claro que el grupo COLMEX quiere presentarnos a la joven Mariana como una víctima de un prepotente y agresivo embajador llamado Christopher Landau. Esto es así porque jamás se dan el tiempo para señalar los múltiples errores en que incurrió su compañera Mariana y añaden algunas mentiras y simulaciones de su cosecha para dibujar al embajador Landau como un sujeto que pasó por encima de algunos valores humanos para agredir a una joven inocente e indefensa. Sin embargo, con lo que hemos visto en este artículo ya sabemos que la realidad es al revés. La realidad es que la joven Mariana no es trigo limpio porque fue la causa de este problema al ofender a una persona que no lo merecía. Y sólo con esta acción se negó a sí misma la virtud para ser considerada víctima del embajador Landau y le dio a esté la virtud para ser considerado la víctima.

Como la joven Mariana no es la víctima en este caso, entonces no es meritoria de compasión y consideraciones especiales. Esto obliga a cualquiera a tener que reconocer que ella fue la causa del problema y luego la arquitecta de su propia tragedia. En efecto, la joven Mariana es una mujer adulta que debe saber a qué atenerse en la vida, lo cual incluye la prudente estimación de las posibles consecuencias de sus acciones. A partir de esa premisa, es fácil llegar a la conclusión de que ella se garantizó a sí misma la oleada de críticas y ataques que haya sufrido luego de iniciar este peligroso juego.

 

¿Es cierto que el embajador Landau debe ofrecer una disculpa pública por su forma de proceder?

Esto no es cierto. Como dije hace un instante, el embajador Landau no es el victimario, es la víctima. En todo este suceso el embajador Landau no ha cometido alguna acción errónea de la cual deba lamentarse y avergonzarse y menos que amerite pedir perdón.

Con sinceridad, yo veo una buena dosis de crueldad en la posición del grupo COLMEX. Digo esto porque designar al embajador Landau como el victimario, cuando en realidad es la víctima, y exigirle que se humille públicamente dando una disculpa que no debe, son actos de crueldad porque pretenden acrecentar el daño que ya se le ocasionó a este señor en su dignidad y prestigio.

Yo no soy partidario de eso de andar pidiendo perdón por los errores que cometemos porque, como decía en un artículo anterior, eso nos hace varias veces miserables. Pero si fuera preciso hacer eso en este caso, la gran ironía es que las que tienen que ofrecer una disculpa al embajador Landau son la joven Mariana y sus compañeras del grupo COLMEX. Han cometido una injusticia con este señor, injusticia que no merecía ni como persona, ni como político.

De lo que he visto en las redes sociales y los medios sobre las actividades del embajador entiendo que tiene una buena disposición hacia nosotros. A saber, respeta nuestra dignidad o autonomía legislativa como nación, que es algo ya muy inusual y favorable. Luego, con su persistente promoción cultural está abriendo excelentes oportunidades de negocios para algunos mexicanos ocupados en actividades económicas relacionadas a nuestra cultura popular. Notable esto último porque está yendo más allá de sus deberes como embajador y los beneficios derivados abonan en el huerto enjuto de algunos de nuestros hermanos menos favorecidos. Y con esos precedentes, entonces deberíamos de pagarle con la misma divisa: amistad, diálogo y respeto. Pero bueno, ya vemos que algunos le pagan su buena disposición con críticas personales infundadas.

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