Libros de ayer y hoy. Educados por un mismo sexo

Ramón Moix Meseguer
Ramón Moix MeseguerInternet

 

Los que se asustan porque los niños mexicanos crezcan al lado de personas del mismo sexo y sean educadas por ellos, olvidan que una buena parte de estos mexicanos han sido educados a lo largo de los siglos por una o más mujeres, en miles de casos con excelentes resultados. La estadística de madres solteras en el país, señalan que hay más de 5 millones de madres solteras ( cifra variable que va en aumento en las madres adolescentes) que en su mayoría se auxilian de su propia madre mientras salen a trabajar. Es un ejemplo de dos mujeres que atienden una familia.

¿Qué puede estar pasando en este momento cuando se presume que 65 por cada mil de niñas y adolescentes son madres solteras? (Un serio problema que no toman en cuenta los que prefieren irse por el lado del rechazo a  la homosexualidad). Y que ha sido la propia abuela – en muchos casos madre soltera también-, la que se ha hecho cargo de las criaturas.

Se cree que en la Segunda Guerra Mundial murieron alrededor de 40 millones de personas, la gran mayoría hombres. Solo en la URSS, de 20 millones que perdió, alrededor de 9 millones eran soldados. En el mundo actual, durante las guerras, con la muerte de millones de hombres, quienes han asumido el hogar han sido mujeres o sea que muchas generaciones de antes y ahora, han quedado en manos de mujeres.

Las que se educan en colegios de monjas y los niños que van a escuelas religiosas confesionales de varones, han estado -en internados-, en manos y en educación de personas del mismo sexo. ¿Qué es lo que asusta entonces a esos que están descubriendo el hilo negro de la “perversión” de ser educado por dos personas de sexo igual?

¡Ah!, es el fantasma de la relación sexual lo que les asusta, así como en muchos lugares -Nuevo León entre ellos-, están a punto de quemar libros porque enseñan a los niños desde temprana edad el manejo responsable de la vida sexual. Es el ejercicio del sexo lo que los asusta, no el sexo mismo. Son las ideas judeo-cristianas involucradas en algo que se enseña como pecado y que trata de sustraerse a niños y niñas que tienen todo el derecho a acceder en su momento a los placeres de la naturaleza.

Eso es lo monstruoso y lo que debe denunciarse: la castración a temprana edad de un placer, de un deseo natural y el involucramiento de la maldad y lo oscuro en algo que debe ser  bello, normal y productivo.

A ese tipo de castraciones hay que oponerse, denunciarlas y dejar que la naturaleza fluya normalmente desde la perspectiva y  preferencia que cada quien tiene en su vida. La Constitución los apoya. El sexo de los ángeles (Editorial Planeta 1992) es el título que como ironía  usa el escritor catalán Terenci Moix, para crear una interesante novela que  involucra  los contextos de los años sesenta, con sus renuncias, sus maquinaciones, sus oscurantismo, al abordar la historia a partir de un joven angelical que irrumpe en la sociedad catalana  para perturbar la vida de políticos e intelectuales de todo tipo y  los que giran en torno de ellos.

La hipocresía ante el impacto que provoca la belleza del joven, a sesudos machos españoles.  “El más corrosivo retrato del mundo cultural a través de un arribista fascinante. Un plato fuerte para iconoclastas”, dice la portada del libro, escrita quizá por ese provocador encantador que fue Moix seudónimo de Ramón Moix Meseguer, que tomó de su gran admirado el poeta romano Terencio.  Autor de uno de los bestseller más señalados en España, No digas que fue un sueño (premio Planeta 1986) y homosexual confesado, Moix se burló de las castraciones mentales españolas y de los prejuicios que diseminan sobre todo las castas del Opus Dei que suelen ser premiadas por el Vaticano. Murió en abril de 2003 a los 60 años.

0
comentarios
Ver comentarios