A cien años de la Revolución Rusa, la gesta histórica que marcó al siglo XX, me da la gana recordar una pequeña parte de la biografía de Lenin de la que, el otro día, me habló Antonio Navalon.

Davidoff es una empresa suiza, no sé si domiciliada en Ginebra o en Basilea. Pero su origen es  ginebrino.

Se trata de un negocio mundialmente conocido que produce y comercializa distintos artículos de lujo.

Claro está, como es bien sabido, la principal actividad de Davidoff tiene que ver con el tabaco.

Son tan apreciados en el mundo los puros Davidoff que alguien comparó “los momentos de enorme felicidad solitaria, en el sosiego de la sobremesa de la cena, saboreando el humo poco a poco” con el placer que le proporcionan “las películas de Woody Allen, los discos de The Rolling Stones, el embrujo de Rita Hayworth, los libros de Stefan Zweig o los cuadros de Joan Miró”.

Son suizas algunas de las empresas emblemáticas del mundo. Davidoff es una de ellas. Su relevancia tiene que ver con la calidad de sus productos, pero sobre todo con su historia.

Dice Wikipedia:

√ “Zino Davidoff nació el 11 de marzo de 1906 en Kiev, lo que hoy en día es Ucrania y antes parte de la Rusia Imperial”.

√ "Era el mayor de los hijos del comerciante judío Henri Davidoff. En sus escritos autobiográficos, su juventud aparece un tanto difusa”.

√ “Sus padres eran comerciantes de tabaco o fabricantes de cigarros en Kiev. Viendo crecer el antisemitismo en Rusia, emigraron a Ginebra, Suiza en 1911, donde abrieron su propia tienda de tabaco un año más tarde”.

√ “Zino, después de finalizar la escuela en 1924, se fue a Latinoamérica para aprender más sobre el comercio del tabaco. Estuvo en Argentina, Brasil y finalmente en Cuba, donde pasó dos años trabajando en una plantación y donde se encontró por primera vez con los puros cubanos”.

En la tienda de Zino Davidoff de principios del siglo XX, todavía no administrada por este empresario, un personaje brutalmente trascendente compraba sus puros: Vladimir Ilich Ulianov, Lenin.

Pienso que Lenin pudo preparar tan eficazmente la Revolución Rusa gracias, en gran medida, a que diseñaba sus estrategias en los momentos de sosiego en los que, con toda calma, gozaba el humo de los Davidoff.

Lenin compraba puros, sí, y a veces los pagaba. Pero otras veces, los quedaba a deber. Algunos puros no tuvo tiempo, seguramente tampoco ganas, de pagarlos.

El revolucionario dejó documentos firmados reconociendo sus deudas con la casa Davidoff. Me dice Navalón que todavía se exhiben tales pagarés en Ginebra.

El propietario de la empresa consieraba las deudas que Lenin jamás pagaría como un apoyo a la causa del dirigente ruso. Cuentan que el señor Davidoff decía: “En su lucha, los puritos les ayudan a pensar”.

Afortunadamente las deudas de Lenin no comprometieron a la empresa que, actualmente, es líder mundial en la producción y comercialización de puros. Tiene ventas que superan los mil millones de francos suizos y da empleo a más de 3 mil personas.

Sin duda, gracias a los puros Davidoff pudo Lenin pensar correctamente la estrategia para su revolución. Es lógico que así haya sido: consumir un solo puro implica dedicarle a la tarea entre 45 minutos y una hora. Tiempo más que suficiente para reflexionar acerca de cualquier tema por complicado que sea.

No ha sido Lenin el único gran fumador de puros. Hay otros:

√ Napoleón Bonaparte

√ Abraham Lincoln

√ María Félix

√ Ulyses Grant

√ John Kennedy

√ Stalin

√ Roosevelt

√ Churchill

√ Che Guevara

√ Fidel Castro

√ Sigmund Freud

√ Isaac Newton

√ Charles Darwin

√ Paul Ehrlich

√ Arthur Rubinstein

√ Richard Wagner

√ Caruso

√ Pavarotti

√ Orson Welles

√ Groucho Marx

√ Jack Nicholson

√ Demi Moore