La paradoja de la imagen de AMLO, que sigue creciendo, pese a la desesperación de sus críticos

AMLO 7 octubre 19
El presidente Andrés Manuel López ObradorCortesía

Los críticos del presidente, quisieran, desean fervientemente, que los indicadores de popularidad de López Obrador fueran a la baja.

Los recientes sondeos parecen confirmarlo:

López Obrador va al alza en aprobación.

La pregunta, es: ¿Por qué?

Los críticos del presidente, quisieran, desean fervientemente, que los indicadores de popularidad de López Obrador fueran a la baja.

Argumentan, entre otras cosas, que la economía va de bajada en ruta de colisión hacia una crisis, que amplios segmentos de la población, en particular las clases medias, están siendo golpeados. Y enlistan, otros presuntos entuertos, como la defensa que consideran injustificable de Bartlett, la escasez de medicinas, los problemas de operación de los programas sociales de bienestar de la 4t, entre otros.

Pero, entonces, nuevamente, ¿por qué sube la popularidad de López Obrador?

Y es que hay una disonancia. Una visión discordante entre la percepción de la credibilidad de AMLO del círculo rojo, la comentocracia; y el círculo verde, de la población en general.

Una contradicción entre la opinión publicada, lo que pregonan los columnistas, medios, redes sociales, y los corrillos de los políticos; y la opinión pública, lo que piensa el hombre de la calle, el taxista, el amigo, y en general las redes personales en las que se mueve la gente.

Entender a AMLO para nosotros los encuestadores ha sido un problema. Medimos, sí, pero formamos parte también del círculo rojo, tenemos nuestras propias concepciones.

Si me hubieran preguntado a mí al arranque de la administración mi previsión como encuestador habría sido que bajaría la aprobación del presidente. El tema Texcoco, una decisión condenada por la mayoría de los expertos, calificada como irracional; como un error, hizo mucho ruido. Con el paso del tiempo, fue evidente el deterioro gradual de la economía. AMLO la recibió caminando al 2%, el primer trimestre de este año se frenó, y en el segundo entró en estancamiento. Las calificadoras empezaron rebajar las notas de México tanto las del gobierno soberano como en particular las de PEMEX, lo que deterioró las expectativas sobre el rumbo de la actividad productiva y el empleo.

No obstante, en los primeros meses, la popularidad de AMLO, ¡creció hasta niveles cercanos al 80%! Claro, en abono a la gestión de López Obrador, en el terreno económico la inflación se contuvo y el peso se estabilizó. El dólar se ha mantenido a raya. Ha resistido. Recordando lo que dijo alguna vez López Portillo, de que “presidente que devalúa se devalúa”, el gobierno, no se devaluó: siguió con su imagen intacta; y, no sólo eso, sino al alza.

Ello, pese a que la inseguridad creció, batiendo récords. Y no hay signos contundentes de que la corrupción se haya contenido en la nueva administración; o al menos, es prematuro juzgar este tema.

 

La paradoja de la imagen

El diccionario de la lengua española define paradoja de la siguiente forma:

 

“Hecho o expresión aparentemente contrarios a la lógica”. Y, también así: “Empleo de expresiones o frases que encierran una aparente contradicción entre sí”.

Pues bien, hay una paradoja en la comprensión de la dinámica de la imagen de AMLO. Un hecho, aparentemente contrario a la lógica, que encierra una contradicción.

En particular, tengo algunas hipótesis del por qué la imagen del presidente escaló a las alturas, al parecer enfiló luego a una ruta de descenso, pero volvió a crecer, perfilando esta singular paradoja.

  • La desconfianza que llevó a la victoria contundente fue tan profunda, tan honda la herida en la credibilidad del gobierno de Peña y Calderón, que se generó una veta. Una especie de “reserva de imagen” de AMLO, superior a la esperada. Me gusta explicar esto, cuando me lo preguntan, con el ejemplo del “síndrome de la mujer engañada”, que abandona a su consorte: el desencanto es tan profundo que tarda años en sanar la herida. Puede ser que el marido emprenda acciones de genuino arrepentimiento. Pero la frustración es tal, que, aunque tenga otro compañero, otra pareja, y exhibiera errores (en nuestro ejemplo sería la 4t), no los ve.

  • AMLO es un buen comunicador y domina la conversación. En el marketing político se dice que predomina quien impone la agenda. Y el presidente lo hace. Sus opositores son reactivos; no han construido un discurso. ¿Importa que AMLO diga verdades o mentiras? No; le creen.

  • AMLO ha construido nuevas bases de votantes. No se puede esconder el sol con un dedo. Un objetivo indiscutible, línea de acción estratégica del gobierno de López Obrador, es ampliar su base de votantes, con los programas sociales. Ha sido la gran prioridad del gobierno en turno.

  • En aras de esta meta primordial, de ayudar a los pobres, se han sacrificado empleos en la burocracia, inversiones en el sector público, gasto en tecnología, cultura; y en general, minado la productividad y deteriorado la economía, pero se ha creado un blindaje en imagen por la estabilidad financiera, y una crisis económica como tal no ha habido, si bien es cierto, sí una desaceleración.

  • Las acciones del gobierno contra Juan Collado, y en particular Rosario Robles, han ayudado a la imagen de AMLO. Estas medidas, recientes, de combate a la corrupción, son las que -creo- han revertido la tendencia, si bien ligera, a la baja, que estaba registrando la popularidad del presidente. Es posible que, más inmediata aún, la renuncia del ministro Medina Mora, cree otra banda de resistencia en estos indicadores de imagen, e incluso impulse algo al alza la aprobación.

 

¿Qué pasará después?

Mientras no haya una crisis económica, y la actividad productiva se mantenga en estancamiento, es posible que los factores que impulsan la imagen de AMLO, como los mencionados aquí, mantengan una banda de resistencia.

Quizá en niveles de 64-68% por ciento.

Aquí mismo en las encuestas que publica AMLOVmetrics regularmente recientemente se ubicó la aprobación de López Obrador, en niveles algo superiores al 70%.

Pero la dinámica de la aprobación de AMLO es parecida a una olla de presión.

Hasta ahora, el “reserva de imagen” de la desconfianza en el PRIAN, la inexistencia de una crisis económica, los nuevos votantes que están surgiendo de los programas sociales, la habilidad para comunicar del presidente, y sus acciones contra la corrupción, han conducido a una imagen alta, y compensado los factores que podrían debilitar la aprobación, en particular la desaceleración de la economía, y la defensa de Bartlett.

No obstante, los niveles altos de popularidad, la variable aprobación de AMLO se encuentra en zona de tensión.

Siguiendo con el ejemplo del síndrome de la mujer engañada que abandona al marido, y consigue otra pareja respecto de la cual sus amigos y compañeros señalan errores e inconsistencias, ella con el tiempo verá con lupa la conducta de su nuevo compañero.

Me quedo como conclusión con una de las frases más citadas de Abraham Lincoln.

“Puedes engañar a la gente algún tiempo y alguna gente algún tiempo, pero no puedes engañar a toda la gente todo el tiempo”.

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