Columna Incómoda. Bloque Opositor en el Congreso

Para el PRI es importante trabajar en el escenario que se está presentando; porque sería un grave error tratar de imponer al país una agenda de reformas antipopulares que sólo atizarían más el descontento

La disputa por la Presidencia de la República está en su fase final. Y contra lo que hacen creer algunos apasionados en los bandos lopezobradoristas y en algunos periodistas y medios militantes, lo que se percibe en un reacomodo terso entre los grupos de poder al interior de los partidos políticos. No hay nada parecido al 2006 en el 2012; cuando los grupos y corrientes en todos los partidos estaban  inmersos en una guerra sin cuartel. Hoy por hoy, lejos de cámaras y reflectores, los políticos profesionales llegan a acuerdos sin tantos aspavientos.

Vamos por partes:

La lucha del lopezobradorismo, sin duda, entrará en una nueva fase donde los cuadros que obtuvieron su cargo de elección popular tendrán la obligación de disciplinarse con el líder al que le deben su puesto, mas no piensan así la mayoría de los próximos gobernadores, regidores y legisladores locales y federales.

Para los primeros, el objetivo de mediano plazo será conformar un nuevo partido político, uno que transforme a MORENA, al PT y MC en una fuerza política nacional propia. Lo malo es que ni Alberto Anaya ni Dante Delgado, cederán los registros de sus partidos para dejarle todo a Andrés Manuel López Obrador.  Respecto a la consigna “si hay imposición habrá revolución” (a la que los fresas del movimiento ahora han puesto “revolución pacífica”), esa quedó sustituida por otra: “Habrá imposición y no habrá revolución, porque estamos pensando en la siguiente elección”. 

Los segundos son más prácticos y para ellos el 6 de septiembre es la fecha clave para marcar su distancia. El control del Congreso de la Unión no alteró el esquema de negociación para la rotación de liderazgos al interior de los partidos políticos, esta vez, como venía sucediendo en anteriores ocasiones, no fue necesario llamar a la disciplina,  a la unidad ni el fortalecimiento del liderazgo del ex candidato presidencial. Nada de eso. La alianza de los pragmáticos en las izquierdas funcionó frente a los legisladores lopezobradoristas, quienes tendrán que apechugar para tener una activa en las comisiones o de lo contrario, automarginados no le sirven a nadie.

Para el PRI es importante trabajar en el escenario que se está presentando; porque sería un grave error tratar de imponer al país una agenda de reformas antipopulares que sólo atizarían más el descontento ciudadano. De ahí que, por ahora, los neoliberales se quedarán con las ganas de ver las reformas estructurales en el primer o segundo periodo ordinario de sesiones de la próxima legislatura.

Y es que quizá el partido donde hay más dificultades es en el PRI, porque tiene que reformarse para darle fuerza al próximo gobierno. Mientras eso no ocurra, seguirán caminando en contra de sus principios y su filosofía política. En febrero o en marzo de 2013, seguramente en una nueva asamblea nacional deberán redefinirse y entonces sí, exponer qué pretenden como reformas económicas estructurales de tercera generación; de ocurrir eso, estamos hablando de julio del próximo año.

Para los panistas la situación tampoco no es nada sencilla, pues la falta de entendimiento entre Felipe Calderón y Gustavo Madero ha provocado que los conflictos internos sean interminables; además, debe destacarse que al menos los dos bloques en disputa llegaron a un punto de acuerdo: relegar al equipo de campaña presidencial de Josefina Vázquez Mota, marginado de toda negociación. Por ahora, la estrella será Ernesto Cordero, quien deberá demostrar su destreza en la negociación política; si le sale bien, en tres años tendremos a un fuerte aspirante presidencial de los panistas.

Donde andan mal los azules es en la integración de su comisión revisora, en la cual están algunos ex funcionarios y colaboradores del gabinete de Calderón; de militantes ligados a grupos ultraconservadores, así como de personajes sin ningún atractivo ciudadano, en lugar de atraer un mayor número de votantes, los aleja. Allá ellos si no terminan acabando con su partido.  

Pero, en todo este reacomodo, lo más interesante viene dibujándose esta semana. Contra el discurso “radical” de hace unos días, Jesús Zambrano Grijalva sentó ayer a sus legisladores electos con los del PAN, encabezados por el próximo presidente del Senado, Ernesto Cordero y el aún líder panista, Gustavo Madero.  En comunicados similares, PAN y PRD acuerdan formar un bloque opositor para empujar su propia  agenda de reformas en las que ambos partidos podrían ir juntos: una ley de medios de comunicación; participar en la ley anticorrupción que impulsarán los priistas; mejorar mecanismos de transparencia y candados para frenar las deuda pública en los estados, así como fortalecer los mecanismos para la reforma política.

Es decir, no hay ninguna línea a que la alianza PAN-PRD en el Congreso pretenda repetir el esquema con que operó en 1997, cuando formaron el gran “Bloque Opositor”, lo que permitió detener y condicionar un importante número de reformas económica (aunque en aquel entonces el PRI los haya goleado con el Fobaproa y la extranjerización de la banca).

Estos acercamientos y la forma en que finamente se están tejiendo los acuerdos entre el PAN y el PRD, entre el PAN y el PRI, entre el PRI y el PRD, envía mensajes de tranquilidad no sólo a los mercados sino a una parte importante de la sociedad mexicana, que aunque quieran o no algunos actores, esperan mucho de la clase política y hasta ahora han dado poco. 

La vida de este “bloque opositor”, sin embargo, pinta a ser coyuntural y de corto plazo, al menos eso se percibe por el momento. Hablar de su éxito o fracaso aún estará por verse porque aún falta conocer cuáles serán los movimientos  que lance el PRI para responder a las líneas de acción oposicionista.

 

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