Una opinión ciudadana

Carta de un ciudadano acerca del triunfo electoral a favor de López Obrador

Y vio como el agua se alejaba presurosa de la orilla, los peces que se encontraban desprevenidos quedaron sobre la arena húmeda retorciendo su cuerpo para llegar al charco más cercano.  Pensó que el mar lo abandonaba y con tristeza se despidió de la barcaza con la que en noches de luna llena compartió innumerables olas. Ignoraba los verdaderos planes del océano. 

Yo no soy político, ni economista, ni sociólogo, ni analista. Simplemente soy un ciudadano más que vio con nerviosismo como se desarrollaban las elecciones. Y ahora a un tiempo considerable después del  1ro de julio, creo que ya puedo hacer mi análisis. Humildes palabras de un hombre que entiende poco de esos procesos, pero que cada día siente una mayor necesidad de ver crecer a su país y por ende a su gente.

Tengo que aclarar también que no me considero Obradorista y quisiera que esto quede muy claro, considero más bien, que comulgo con las ideas del señor Andrés Manuel López Obrador y lo admiro ampliamente en su idear y la concepción de país por el que él lucha.

Como persona  común y corriente, como todos los demás: con pulmones, hígado, intestino y un cerebro, simplemente lo respeto.  Así como también tengo que aclarar que no me considero anti-peñista.  ¿Cómo podría serlo? al señor ni lo conozco y lo poco que se de su carrera política es lo que nos bombardearon estos últimos 4 meses, donde la mayoría de las veces por el tipo de portales, revistas y otros medios que consulté, lo pintaban como la peor opción, o en su defecto, parecía tan bonito que terminaba por crearme una especie de rechazo ante la ceguera tan evidente de los informadores, que parecían hacer  hasta lo imposible para minimizar cualquier pifia que durante la campaña al señor le ocurría. Suficiente información como para hacer un criterio bien fundamentado del señor Enrique Peña Nieto, sinceramente no la tengo.

Aclarando esos puntos y con la conciencia un poco más tranquila, quisiera obsequiarles (liberarme) un poco de mi pensar.

Comenzare preguntándome ¿Quién ganó la elección el primero de julio? O bueno ¿realmente perdió Andrés Manuel la elección? Y la respuesta a la que llego es: definitivamente, no.

Los sucesos que cobijaron estas elecciones podrían no tener precedentes, nunca antes, desde que recuerdo y por lo que he leído, la participación había sido tan grande. A diferencia de cualquiera de las elecciones pasadas, la juventud, que parecía tan apática y en muchos de los casos indiferente, donde en apariencia prevalecía como estilo de vida el adoptar el reggaetón, el pop, narco corridos, etc.  Grupos y cantantes tan endebles que su permanencia en el medio a mi ver será tan efímera como la vida de un insecto. Programas tan deprimentes y denigrantes (disculpen si a alguno le vulnero su sensibilidad) como la Rosa de Guadalupe y su versión aun más chafita de “A cada quien su santo”, parecían ser los guías y tutores de los jóvenes. Digo, la televisión es la nueva niñera. Esos jóvenes (dentro de los cuales me incluyo) demostraron al país que están despiertos, que están más presentes que nunca y son capaces de defender hasta las últimas consecuencias su ideología. Jóvenes que tuvieron los argumentos necesarios para que las grandes empresas voltearan a verlos, y más aun, que por momentos pareciera, cambiarían un poco el giro de su información.

El tema en las calles, era todo sobre las elecciones, por momentos para los hombres más tímidos pareció ser un buen pretexto para acercarse a la mujer guapa con la que tiempo antes no se habría tenido nada de que hablar, ¿Quién no estaba enterado del proceso? Las polémicas dentro de los hogares, debatiendo sobre que candidato era mejor. Que si se quería ser diferente, que si yo te cumplo, que si contamos contigo, que si los de arriba y sus inmensos poderes.  Nunca antes, al menos en las elecciones que a mi me ha tocado vivir, vi a tanta gente informada, medio informada, casi informada, poco informada o como sea, pero siguiendo a su entender y capacidad las campañas.

Tengo que confesar que yo voté por Andrés Manuel, y no por que crea en él como individuo, creo en sus ideas, en su querer que despierte la gente, en su voz que nos dice “ustedes pueden tener más, pero no olviden al que no tiene”; creo en su república amorosa, en su conciliación nacional, en el recordarnos que antes que ricos, pobres, clase media, nobles o malandracos, somos mexicanos. Yo creo en eso, desde hace muchos años se me eriza la piel al escuchar al señor Compay Segundo cantando la canción de “hasta siempre comandante”, me estremezco con Silvio Rodríguez y su canción de el necio.

Me entristezco cuando veo a los niños en la calle pidiendo dinero, y me encabrono cuando a unas cuadras veo a sus padres exigiendo el botín. ¿Qué perdió Andrés Manuel? No lo creo, sus ideas están más presentes que nunca, en cada marcha, en cada joven ingresando a la universidad, en cada madre de familia que sueña con el futuro que ella no pudo tener para sus hijos. Es cierto, todo eso ya estaba ahí; latente. Pero hay que recordar que se encontraba escondido tras una loza de 70,000 muertos, tras los 15 pesos que cuesta el litro de leche, tras los 28 pesos de los frijoles, tras las promesas de un mejor futuro no cumplido, tras los despilfarros de dinero de algunos funcionarios, tras los baches en las calles que desde hace años no han sido tapados, tras las mordidas a los policías, tras los 62.33 pesos del salario mínimo,  tras el temor de no saber si se llegara sano a casa ese día. Ahí estaba todo, enmascarado, sólo esperando lograr ver el rayito de luz que lo guiara y que le diera esperanza de saber que algún día dejaría de estar oculto. Como ese sentimiento que se tiene segundos antes de recibir la nota final de alguna materia, ese nerviosismo de saber que se hizo bien, pero se duda con dos o tres preguntas.

Mi México tan lastimado, irónicamente tan lleno de mexicanos. De gente noble y trabajadora, con sus corruptas (no todas) instituciones, con su “si no tranzas no avanzas” con sus casas de cartón y sus antenas de televisión de paga. Mi México por el que cada día nos  levantamos y buscamos entre las miradas perdidas de la gente un poco de esperanza. Mi México con el que soñamos, el México que esta ahí latente esperando poblarse de los nuevos (cognitivamente hablando) mexicanos. 

Discúlpenme por decirlo, pero el Peje no perdió, por que en cada decisión del nuevo Gobierno, de inicio se encontraran 30 millones de Mexicanos esperando que falle, aludiendo a esa terrible manía que tenemos como pueblo, de esperar a que a las personas que están prosperando les vaya mal para sentirnos un poquito menos desgraciados ¿recuerdan la historia de los cangrejos en la cubeta? En cada nueva política autorizada por el senado, estará el fantasma de Obrador acechando. Porque nos sentimos robados y buscaremos el motivo para levantarnos, el próximo Gobierno lo sabe. Anhelamos con ese deseo zombie que fallen, que cometan ese error catastrófico para vengarnos de la manera más cruel en 6 años; eliminar el partido, pararnos y bailar victoriosos sobre su registro. Lo saben, lo sabemos. Por que somos ese mar que se aleja, por que regresaremos con mucha más fuerza y entendemos que el país es de nosotros, que con nuestra preparación, esfuerzo y participación exigiremos las políticas que nos merecemos, por que ya no dejaremos que nos subestimen y con nuestras voces lograremos hacerles ver a esos sátrapas que si hay una sola persona que no comió este día, el país es desgraciado. Por eso con todo el corazón, con toda la esperanza y la ilusión que puedo tener en esta alma y en este entender limitado con el que el Señor me ha dotado, deseo que Enrique Peña Nieto me haga tragarme cada una de mis palabras, con hechos, no con resultados maquillados. Que nos demuestre que  esta a la altura del nuevo México que el Señor Andrés Manuel López le ha heredado.

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