Zapata, Chiautla y los pueblos del Sur de PueblaSegunda de dos partes

Zapata
Era importante para el movimiento zapatista plasmar en un documento las causas que explicaban lo que ahora sí podían concebir como su propia revolución.Internet

El Liderazgo de Zapata y la lucha por la Tierra

Al adentrarse, entre marzo y abril de 1911, a la región de la Baja Mixteca, Zapata consolidó su posición como líder del movimiento y encontró las fuerzas suficientes para convertirse en un contendiente respetado. Es en Jolalpan, donde Zapata es designado como Jefe de la Revolución del Sur:

“Siendo las 9 de la mañana del día 25 de marzo de 1911 reunidos en el lugar que ocupa la ayudantía del pueblo de Jolalpan, Pue., los C.C. que por acuerdo de todos los Revolucionarios pasan designados como jefes y oficiales del Ejército Libertador del Sur, en virtud del asesinato del Sr. Prof. Don Pablo Torres Burgos, quien fuera el primer jefe nombrado por el Sr. don Francisco I. Madero.

Lo anterior lo hacemos conscientes de nuestros deberes y con el fin de que el movimiento revolucionario no sea abandonado, recayendo la designación por unanimidad en favor del Sr. don Emiliano Zapata, firmando para constancia todos los que enseguida se nombran”2.

Más tarde en Chiautla, en abril, se hace de armas y recibe la adhesión de sus pobladores. De acuerdo con la crónica de viejos zapatista, al tomar esta plaza se hicieron de más de 70 fusiles y un buen acopio de parque. Andreu Almazán, además narra que es ahí donde Emiliano se afianza como Jefe Máximo y único del Ejercito del Sur, al reconciliarse con el viejo caudillo Gabriel Tepepa.

Entre abril y diciembre de 1911, los zapatistas resisten los embates de las fuerzas federales en Morelos y es durante ese periodo que da inició la estrategia de tierra quemada o tierra arrasada emprendida por Victoriano Huerta. El primero de septiembre Chinameca fue atacada por los "colorados" de Federico Morales, mientras que el general Huerta avanzó y tomó la Villa de Ayala. Bajo este embate Zapata huye por los cañaverales y se repliega hacia los pueblos de la Baja Mixteca, en donde considera indispensable reafirmar y difundir la esencia de su causa. Cito a John Womack:

“En septiembre (de 1911), desde San Juan del Río (aún no sé en dónde se hallaba, por haber muchos San Juanes del Río), un lugar aislado, perdido, estos morelenses le enviaron un memorial al presidente provisional de la república explicando las razones del movimiento al que entonces llamaron su “contrarrevolución3.

Me parece importante precisar que esta localidad desconocida que señala Womack no puede ser otra que la de San Juan de los Ríos, lugar en donde se unen los ríos Poblano y Mixteco, y que forma parte del Municipio de Chiautla, a 22 kilómetros de este Pueblo o Villa. San Juan de los Ríos, es un pequeño poblado que se ubica en la región que fue el último bastión de resistencia de las fuerzas insurgentes encauzadas por Morelos y en donde en 1814 se inició la persecución de Miguel Bravo; quien finalmente fue aprehendido en Ocotlán y victimado en la Ciudad de Puebla. Más allá de lo que pudiese resultar una aclaración, me parece importante destacar la parte sustantiva del documento que señala Womack y que es firmado, entre otros, por Emiliano Zapata: “Que se dé a los pueblos lo que en justicia merecen en cuanto tierras, montes y aguas, que ha sido el origen de la presente contrarrevolución”.

El Plan de Ayala

Luego en noviembre de 1911, sobreviene un hecho histórico único, el que le da un contenido social trascendente a la revolución zapatista: el Plan de Ayala, elaborado y firmado en Ayoxuxtla, Puebla.

Era importante para el movimiento zapatista plasmar en un documento las causas que explicaban lo que ahora sí podían concebir como su propia revolución; más que democracia, lo que se perseguía era la anhelada justicia, que se les había negado a los pueblos durante casi cuatro siglos de explotación, oprobio y marginación. La inequidad -es más –se había acentuado en el siglo XIX, particularmente durante el régimen porfirista.

Zapata encarna la máxima aspiración de los pueblos, por eso sus hombres confían plenamente en él: lo procuran y lo protegen. Esa pausa para pensar y poner en claro las ideas, no la podía hacer en los pueblos de Morelos, siempre asediados; tenía que encontrar el lugar idóneo en otra región, que estratégicamente le proporcionara la seguridad requerida para elaborar y firmar su Plan. De modo que se traslada a los pueblos del Sur de Puebla y son los hombres de esta región: de la Baja Mixteca, los que salvaguardan con consejos su vida.

En el excelente texto de Rosalind Rosoff y Anita Aguilar: “Así Firmaron el Plan de Ayala”, en el que recopilan en 1973 los testimonios de tres viejos zapatistas, Don Francisco Mercado, un ilustre hombre de Chiautla, narra lo siguiente:

(En)“los ratos que platicaba el profesor Montaño con el jefe Zapata, éste quería que hubiera un Plan porque nos tenían por puros bandidos y comevacas y asesinos y que no peleábamos por una bandera, y ya don Emiliano quiso que se hiciera este Plan de Ayala para que fuera nuestra bandera. Zapata dijo: ”.

Los hombres de la mixteca concibieron como su gran deber preservar la vida de Zapata; era más importante su vida que la de ellos mismos. Su lealtad no tuvo límites:

“Bajamos al Salado, y del Salado a Jolalpa. Y llegamos a Jolalpa que allí quería el jefe que se hiciera el Plan, pero Manuel Vergara dijo: ¡Nosotros qué, pero usted no! No hay otro Emiliano...Debemos de cuidarlo.

Ya en Miquetzingo, en un lugar barranca abajo, Zapata encontró el sitio para discernir con Montaño y elaborar el Plan:

“Tío Manuel también mandó traer plumas, palillos y papel a Huehuetlán…(Nosotros) nos fuimos para El Platanar, para Pilcaya, Cohetzala y llegamos a Ayoxustla y anduvimos por allá y todas las tardes veníamos a Miquetzingo a ver lo que habían hecho. Y no le gustaba al jefe lo que habían escrito…<No compadre, le falta éste y le falta el otro>.< Nomás sacudía la cabeza Montaño>

Don Francisco Mercado, relata que se juntaron tres mil o cuatro mil hombres en la región que rodea Ayoxuxtla, la mayoría de ellos subían por diferentes rancherías o estancias, como la de Tempomaxtla. Como es de suponer algunas partidas se ubicaron estratégicamente para evitar cualquier sorpresa y dar la voz de alerta sobre el avance hacia Ayoxuxtla de fuerzas contrarias: al sur en Cohetzala y al norte en Jolalpa y los Linderos.

Montaño le dio lectura al Plan de Ayala el día 28 y que Zapata - de acuerdo con el relato de los tres veteranos testigos del Plan de Ayala - interrumpía la lectura preguntando:¿Están conforme señores?.

Cuando término la lectura Zapata les dijo:

“Todos los jefes pasen a firmar. ¡Los que no tengan miedo!”

Los que firmaron eran en su gran mayoría del Pueblo de Anenecuilco y de la Mixteca Poblana. Don Cristóbal Domínguez, otro zapatista de la región entrevistado por Rosalind Rosoff y Anita Díaz señala: “Nosotros estábamos allí, cerca, nosotros firmamos. Nosotros somos del Estado de Puebla, y nosotros somos los que defendíamos legítimamente al general Zapata, nuestro general…”

La convocatoria en Ayoxuxtla para Zapata tuvo un gran significado histórico, logró aglutinar a su gente en torno al principio inalienable de la justicia; a partir de ese momento el movimiento tenía pendón y bandera. Sólo quedaba construir la nueva patria que se quería: “Reforma, Libertad, Justicia y Ley”, es decir: “Tierra y Libertad”. Por eso el Plan de Ayala, quizá sea la proclama más auténtica de la revolución mexicana.

Reflexiones finales

¿Cómo explicar la adhesión por el movimiento zapatista, cuyo vórtice se extendió hacia Chiautla y los pueblos de la Mixteca Baja y algunos colindantes del Estado de Guerrero? Pareciera ser que en los pueblos hubiese surgido espontáneamente un deseo natural de justicia y que esto por sí mismo fuese suficiente para explica la simpatía, solidaridad y adhesión. Sin embargo, creo que todo tiene su origen en la lucha histórica por la tierra; que - como dije-  es el concepto convergente en el que se ha fundamentado la identidad, la cohesión y la autonomía de los pueblos respecto a otros poderes que les son extraños. Luchar por la tierra significaba, entonces, reivindicar el pasado: recuperar la libertad, emanciparse de la opresión. ¡Tierra y Libertad!

La lucha de los pueblos de Morelos por la tierra, previo a la revolución de 1910, tenía un origen ancestral y sin duda, se trataban de terrenos fértiles que les fueron despojadas a las comunidades y pueblos originales por las rentas y riquezas que generaban, particularmente, en lo referente a la producción de azúcar. Pero esa lucha por la tierra y por la explotación de los recursos naturales, también se había dado en los pueblos del Sur de Puebla. El de Ocotlán había sostenido una lucha inveterada por la posesión de los pozos de sal. Otros, como el de Huehuetlán había enfrentado disputas por la posesión y arrendamiento de los terrenos en Tepomaxtla con las autoridades jurisdiccionales y religiosas. También los pobladores de la jurisdicción de Chiautla habían sido víctimas del acasillamiento laboral en los ingenios,  particularmente el de San Nicolás Tolentino.

Más que espontaneidad, existía en los pueblos de la Baja Mixteca una añeja sed de justicia. La lucha contra los abusos y despojos de tierras y la expropiación de los recursos naturales se había presentado desde el inicio del periodo colonial: remitiendo escritos de queja antes las autoridades virreinales y del México independiente; llevando a cabo proceso legales o manifestándose valerosamente ante la ineficiencia o los “oídos sordos” de los procuradores de justicia.

Zapata hizo que reviviera en la conciencia de los pueblos del Sur de Puebla su esencia vindicativa. Él surge de la defensa de las tierras de su pueblo nativo: Anenecuilco. Se sabe que esta defensa y lucha por las tierras, se inició en 1587 y que Zapata al asumir, en 1909, la presidencia del Concejo Municipal de Anenecuilco, recibió documentos recabados del Archivo General de la Nación por hombres de la población en 1853. Se trataba, pues, de un líder carismático que había sido elegido por su Pueblo para defender sus derechos de propiedad y usufructo.

La percepción de los hombres de los pueblos de Centro Sur de México no se podía equivocar, Zapata era el líder que reivindicaba también su lucha histórica: el derecho natural que tenían por la posesión de las tierras y de los recursos naturales, que se les había conculcado con el uso de la opresión. ¡Había llegado el momento del desagravio 2 Acta de designación de Emiliano Zapata como jefe supremo del movimiento revolucionario del Sur. Jolalpan, Puebla, Marzo 25, 1911.

3Womack John Jr.  El plan de Ayala, en la revista Nexos del 1 de marzo de 1997.

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