Castración química y populismo penal

La pena de muerte al igual que la castración química (disminución de la libido y probable inhibición de impulsos sexuales a través de medicamentos o inyecciones) podrían inscribirse en aquello a lo que se la ha denominado el populismo penal.

 

El populismo penal es la reacción política frente a eventos sociales complejos y que de manera general busca impactar desde el mundo abstracto de las leyes el campo social.

 

Sus características más visibles tienen que ver con el uso político del castigo, el incremento indiscriminado de las penas y una anuencia social rápida; el aplauso fácil de hordas de inconformes que “sacrifican la justicia en los altares del orden”, como escribe Eduardo Galeano.

 

El tema de la castración química viene a cuenta derivado de una serie de agresiones sexuales que se han dado en el Estado de México, el que mayor impacto causó fue el de un grupo de jóvenes asaltadas y violadas durante un retiro espiritual en Ixtapaluca, Estado de México. Todo esto sucedió mientras acampaban en una zona, obviamente, de campismo; lugar del que ya existían reportes de la presencia de grupos delictivos.

 

Diputados del Estado de México de bote pronto decidieron plantear que se  imponga la castración química a violadores y algunos agresores sexuales.

 

La intención inmediata es plenamente populista; acallar las voces que hablan del Estado de México como un foco rojo de violencia contra la mujer. Donde la indiferencia de las autoridades ha sido mayúscula ante eventos como los anteriormente descritos.

 

Pero además de mover el foco de atención hacia un terreno de individualidad delictiva, donde nos aboquemos a mirar el acto “atroz” de la violación, muestran el talante político de sus decisiones.

 

¿Por qué?

 

Porque el delito de violación puede ser más que el simple hecho de una penetración derivada de impulsos sexuales irrefrenables o incontrolables de sujetos “pervertidos” que han volcado su sexualidad en ese acto disruptor. Que les pregunten a las mujeres violadas en Atenco cómo fueron penetradas con  toletes.

 

La trasgresión sexual, al igual que el disruptor sexual, muestran diversas aristas, viéndolo desde la individualidad del acto hasta la generalidad del mismo.

 

La violación, como lo planteaba Foucault, ha sido recubierta de una capa moral más que de un daño tan impactante como se le ha edificado. Preguntaba, de forma provocadora, a un grupo de feministas: ¿por qué legislar la violación como un delito independiente? ¿Por qué no legislar la violación como una lesión, al igual que la hecha con cualquier instrumento?

 

La discusión se torna intensa, llegando al punto donde Foucault hace una historicidad de lo sexual, plano donde se debería inscribir ese agravio, cuestionando la lógica punitiva del delito.

 

Ojo, con este no hacía apología del delito, ni tampoco dejaba de considerar el impacto o la ruptura subjetiva de acciones como éstas. Simplemente cuestionaba los aspectos legales de este delito ¿la penalidad de la violación ha favorecido o ha perjudicado a la sociedad?

 

Además de señalar que el trauma muchas veces deviene con mayor fuerza de las ideaciones sexuales sociales más que del evento en sí mismo.

 

“Todo esto tiene que ver con la idea de que la sexualidad no es fundamentalmente lo que teme el poder, sino más bien el objeto donde ése se ejerce”.[1]

 

Ahora, el problema no viene solo del hecho de concebir de forma errónea o maniquea la sexualidad, sino que la forma de abordar o castigar los delitos sexuales puede ser distorsionada. Entiendo los juicios morales, pero no los puedo justificar en la toma de decisiones para una mayoría.

 

¿Qué estudios sustentan que la castración química disminuirá la taza de violaciones o el surgimiento de violadores? ¿Han funcionado los estudios aplicados?

 

Considero que el error estriba en la impunidad de los casos, en el Estado de México, como en otros Estados, han aparecido violadores y homicidas seriales de forma estructural, y aunque a los que se les detenga se les apliquen sus formulas medicas y funcione, el problema no se resolverá hasta que no exista una reestructuración en la forma en que se ha abordado esta problemática.

 

Populista y violadora de los derechos humanos sería la medida de la castración química, porque el derecho se supone castiga la acción, el delito, y no a la persona por lo que es, si fuera de esa manera tendríamos que volver a la época del paredón, o de la venganza privada: muerte al homicida, castración al violador, amputación de una mano al ladrón…

 

No soy partidario de la impunidad, ni mucho menos de que quede sin castigo la agresión sexual, sin embargo se deberían de buscar soluciones reales a los problemas complejos. Aplicar la ciencia más que la política.

 

Con la castración química ya no se sabrá quién viola a quién…

 

Enrique Zúñiga     twitter: @Zuva16     

 

[1] Foucault, Michel, Un dialogo sobre el poder y otras conversaciones, México, Editorial Alianza, 2011, P. 165. 

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