Urge un cambio

Soy una persona respetuosa de la opinión de los demás. Siempre trato de ponerme en el lugar del otro y entender el porqué de sus acciones y reacciones, y entender también su historia personal, no para justificarlas sino

Agradezco a Federico Arreola su aprecio por mi persona, estamos correspondidos, agradezco también su respuesta a los puntos que expuse en mi última columna sobre la "normalidad" en la pasada elección presidencial.

En especial  la respuesta al punto  2, en el que sí coincidimos: necesitamos un cambio y lo normal es luchar para conseguirlo.

Es cierto que se lucha de distintas maneras, es cierto que la izquierda ha fallado en la búsqueda de ese cambio para mejorar en primer lugar las condiciones de vida de millones de mexicanos que no tienen futuro y, en segundo lugar, para conservar nuestras riquezas naturales y culturales, el petróleo principalmente, y detonar el crecimiento económico que nos permita mantener la soberanía nacional.

La crítica, dice el doctor Leonardo Viniegra Velázquez, evoca diversas ideas e imágenes. Algunos la identifican con censura o descalificación, otros, piensan que es propia de los inconformes o de quienes tienen intenciones malévolas. Pero la crítica no es eso, al contrario, la crítica es la oportunidad de modificar la experiencia para obtener mejores resultados, de ahí que sea considerada como la base del conocimiento. Una experiencia reflexiva es posible gracias a la crítica porque nos permite meditar sobre lo que hacemos, cómo y por qué lo hacemos.

El desarrollo intelectual no se da en el vacío, sino en un mundo de experiencias. Y es precisamente la experiencia del sujeto en su relación con los otros lo que hace posible la evolución del intelecto.

Mal haríamos en no tomar en cuenta la mirada de los demás para ampliar nuestra experiencia y corregir los errores que nos han llevado a obtener los mismos resultados, pésimos por cierto.

Soy una persona respetuosa de la opinión de los demás. Siempre trato de ponerme en el lugar del otro y entender el porqué de sus acciones y reacciones, y entender también su historia personal, no para justificarlas sino para ubicarlas en la justa medida.

Entiendo que quien no conoce de cerca la realidad que viven millones de mexicanos pobres y humillados por el sistema crean que los problemas se van a resolver con las mismas recetas, que no han funcionado. Pero creo también en la buena voluntad de hombres y mujeres que haciendo a un lado sus intereses personales se proponen el bien común, porque el primer paso para salir de esta crisis social, económica, de valores, política y de seguridad es que a todos nos toque un pedazo de pan, un espacio para el estudio o el trabajo, una cama en un hospital y un techo digno para cobijarnos y descansar.

El acceso a los bienes materiales y culturales del pueblo no puede estar supeditado al capricho de unos cuantos, que abusando del poder han profundizado la desigualdad y la injusticia.

Necesitamos un cambio en la vida pública del país, una transformación, y para ello se requiere desarrollar la teoría, no basta la buena fe. Aprovechemos entonces la crítica para modificar la experiencia y explorar otros caminos que nos lleven a obtener mejores resultados.

Gracias, don Fede.

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