A Virgilio Caballero, por su diablo y por los que faltan
Fogonazo
La detención, nuevamente, de Joaquín Guzmán Loera, El Chapo, ha reposicionado a la administración de Enrique Peña Nieto tanto en Estados Unidos como en otros lugares. Ello es como oxígeno para un equipo que tiene buena prensa extranjera pero no ha sabido llevar a cabo una gestión para ganar voluntades en México. Claro, para lograr esta captura se contó, en todo momento, con el apoyo de los yanquis, quienes siguen operando en el territorio nacional a pesar de lo que se diga. Tanto así, que AP y The New York Times enviaron los primeros reportes y fotos y luego, desconcertados, los operadores mexicanos no sabían qué hacer. Finalmente se reconoció que la Marina, la cual es de la confianza de los güeros, fue quien agarró dormido al narcotraficante que andaba por todas partes en los 13 años que duró luego de su evasión de Puente Grande. En principio se dijo que estaban El Chapo y una escolta; luego que fueron siete los detenidos y, después, para mostrar las preferencias enriquistas, se dejó que Loret de Mola grabara dónde estaba el mafioso, cómo se hizo el operativo y quiénes estuvieron ¿Y la escena del crimen, como dicen en las series de televisión? Todo con el objeto de no informar debidamente. La mayoría de los medios (¿cosa rara?), elogiaron todo y dijeron que en seguridad vamos muy bien (sic tembloroso). Se olvidan que el sinaloense de Las Tunas es un importante eslabón del crimen organizado pero nada más. En abril de 2010 Julio Scherer, se entrevistó con Ismael El Mayo Zambada. Éste dijo: “Si me atrapan o me matan… nada cambia”. Tiempo atrás un narco brasileño, Marcola, señaló que él estaba en la cárcel y ya no tenía miedo, los que debíamos temblar éramos los aparentemente libres ante una delincuencia que aumenta por las desigualdades sociales. Testimonios de que la captura tan elogiada no es el fin de la corrupción, la cual sigue tan campante. Los hijos de El Chapo traen autos y joyas igual que los de Romero Deschamps que los de muchos funcionarios. Por lo tanto, nada ha cambiado en serio ¿O sí?
No nos oyen
Una prueba, evidente, de que no hay cambios en el país son los asesinatos, secuestros y hasta ceses de periodistas que se atreven a investigar a los poderosos y sus mafias. En los últimos 10 años han caído 87 compañeros, están desaparecidos cuarenta y pico y fueron despedidos centenas. Ante esto ningún gobierno ha tratado de resolver los problemas, aunque se han creado organizaciones oficiales a cada rato y la CNDH, únicamente archiva expedientes. Por eso y más un grupo de compañeros hicimos un acto en el Ángel de la Independencia, a cuyos lados estaban lo mismo quienes desean bajar de peso que los opositores al gobierno de Nicolás Maduro. Éramos alrededor de mil, según reporteros, quienes escuchamos los testimonios de Luis Cardona, Chihuahua; Héctor Gordoa, Durango; Raymundo Pérez, Tamaulipas; Balbina Flores de RSF, evocando a Ramón Ángeles, quien no aparece en Michoacán, y alguien trajo a colación el caso de Regina Martínez, en Veracruz, gobierno que tiene el récord: 10 informadores caídos y no hace maldita cosa. El asunto viene desde antes del asesinato de Manuel Buendía, con Miguel de la Madrid, quien fingió demencia senil, pero logró que sus familiares vivieran como reyes.
Que la regresen
Un grupo de ciudadanos apoyamos la iniciativa del doctor Manuel Alejandro Vázquez para que no se le dé la nacional mexicana a la estridente, falsaria y metiche Laura Bozzo. Sabemos que en Perú, donde nació, estuvo ligada al criminal y espía Vladimiro Montesinos. Acá, empero, se le recibió como si sus trampas y malas artes fueran excepcionales, únicas. Ya sabemos que eso de denigrar a quienes asisten a los medios para obtener una chuchería, viene desde antes de “Sube, Pelayo, sube”. La televisión hace escarnio de los pobres. Karl Popper sentenció: La tele es una pésima maestra.
Dos
El sábado 1 de marzo a las 15 horas, en la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, se presentará el nuevo mensuario dedicado a la cultura y otras disciplinas: De largo aliento; estarán en la mesa: Ignacio Trejo Fuentes, Eusebio Ruvalcaba, Jaime Avilés y Víctor Roura (el director del periódico), moderados por David Magaña; un impreso que hace falta en ese páramo que se ha convertido la noticia e investigación cultural. Libros que pueden ser básicos en esta hora de festejos gubernamentales: Los señores del narco de Anabel Hernández (Grijalbo); El cartel de Sinaloa de Diego Enrique Osorno (Grijalbo); El más buscado de Alejandro Almazán (Grijalbo); Los malditos de J. Jesús Lemus (Grijalbo) y Vacíos de poder en México de Eduardo Buscaglia (Debate).