Columnas

Apapachos a Claudia Sheinbaum y a quienes tienen ahora Covid-19

Claudia SheinbaumDaniel Augusto / Cuartoscuro

El meme donde se ve afligida (con la leyenda “¿y ahora qué?”), se le hizo realidad.

La jefa de gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, dio positivo en la prueba del covid (quien se la hacía cada 15 días). Sus detractores ahora dirán que, aparte de antifeminista, es un foco de infección.

Dice un refrán: “De por sí el niño es chillón y todavía le pellizcan”. Las huestes (fieles o pagadas) de la derecha en el exilio, nomás andan buscando pretextos para hacer manifestaciones de violencia, así que no perderán la oportunidad de criminalizar a Claudia Sheinbaum, poniéndola de mal ejemplo y como un peligro (virulento) para México. Esto no es justo, pues todos podemos contagiarnos en un Oxxo, cuantimás quienes hacen una labor en el servicio público.

Un amigo se contagió de coronavirus. Estuvo un mes aislado, y cuando dio negativo, dos semanas más de pilón.

Me contó que tuvo una ligera gripe, pero lo que lo puso en alerta fue la ausencia del gusto y el olfato. Se hizo de inmediato la prueba y dio positivo; su familia dio negativo y lo dejaron solo durante su cuarentena.

Lo peor fue cuando una persona le llamó para echarle en cara que “se había descuidado y puesto en riesgo a su familia”, metiendo intrigas entre sus familiares. Mi amigo se quejó del reproche, pues es de los que no salen, usan cubrebocas, se ponen gel y abandonan las reuniones de más de cinco personas, y aun así se contagió.

Todos estamos expuestos. Las medidas que tomemos, por supuesto reducen el riesgo, pero el virus flota en el aire, más ahora que aflojaron las medidas sanitarias. En la medida que la gente salga más a la calle y no use cubrebocas, propicia el aumento de contagios. Lo terrible es la violencia descontrolada hacia quienes enfermaron (o son sospechosas de infección).

El miedo es natural (incluso lo dijo el Doctor Gatell en una conferencia), forma parte de un sistema de alarma biológico que tiene todo ser vivo, para ponerse en guardia y protegerse. Pero cuando este miedo rebasa lo racional, es contraproducente, como la quema de murciélagos, los ataques a vecinos sospechosos de tener covid y a los heroicos trabajadores del sector salud.

No nos beneficia una campaña de odio y linchamientos; las manifestaciones violentas de los senadores del PAN en materia de pandemia, son irresponsables y mal vibrosas. Basta de sacar provecho carroñero de las víctimas.

Y esto no va tan solo para los mexicanos, sino para todos los terrícolas. En todos los países, los partidos opositores a los gobiernos crean “fake news” para responsabilizarlos de las muertes, generando confusión y pánico; hay discriminación hacia los grupos sospechosos de transmitir contagios; nada de eso beneficia. Lo que la gente infectada necesita son apapachos y que se les levante en ánimo, no juicios. La humanidad debe confiar en sí misma, no atacarse.

Se debe tener empatía hacia quienes están enfermos, independientemente de su ideología o partido político. También han dado positivo: Alfonso Suárez del Real, Secretario de Gobierno; Arturo Medina, subdirector de Gobierno; Fadala Akabani, de Desarrollo Económico; Florencia Serranía, directora del Metro; Zoé Robledo, titular del IMSS; los gobernadores: Omar Fayad, Hidalgo; Adán Augusto López, Tabasco; Francisco Domínguez, Querétaro; Héctor Astudillo, Guerrero; Cabeza de Vaca, Tamaulipas; Carlos Joaquín González, Quintana Roo; José Rosas Durango; Silvano Aureoles, Michoacán; Mauricio Vila, Yucatán; los mandatarios: Jair Bolsonaro (Brasil), Boris Johnson (Reino Unido) y Donald Trump (Estados Unidos); incluso el empresario Salinas Pliego.

El coronavirus, como la justicia, no tiene vista. Ataca sin distinciones. Cualquiera puede contagiarse (sí como cualquiera puede ser obligado a firmar una renuncia en México, mientras la Secretaría del Trabajo y Previsión Social no tome severas medidas contra este lamentable delito).

Mis mejores deseos a Claudia Sheinbaum y a quienes ahora tengan coronavirus.