Coronavirus, un problema de todos

periodistas desaparecidos en china coronavirus
Revisión de posibles infecciones de coronavirus.AP

Al estar en estado catatónico, la economía china ha reducido su consumo de energía en un 25%.

La principal desgracia del coronavirus, como la de cualquier epidemia, es en primer término humana y médica. Al ser una enfermedad que cobra vidas humanas, y ser tan elevado el riesgo de contagio, la única prioridad del mundo entero debe ser la de entender la enfermedad para luego contenerla y erradicarla. Esperamos que los expertos sigan realizando las acciones necesarias para que pronto este terrible brote quede atrás. Mientras tanto, debemos mostrar solidaridad para con los enfermos y fallecidos desde todos los rincones del mundo, pues todas las víctimas de una enfermedad son, por definición, trágicas.

Dicho lo anterior, el problema del coronavirus también nos ha reiterado la enorme interdependencia económica global de nuestra era; sin importar la popularidad en ascenso de los nuevos nacionalismos y populismos, y las guerras comerciales que han traído consigo, es evidente que frente a la realidad, el aislacionismo económico es simplemente un recurso retórico. Concretamente me refiero a que el coronavirus está teniendo impacto macro económico en todo el mundo, y en las industrias más diversas.

Veamos si podemos expresar la idea de forma simple y redonda. En principio, las empresas más afectadas por el virus, como era de esperarse, fueron las de viajes y turismo. El primer espacio de pánico y desconfianza se vuelve aquel en el que confluyen viajeros que hayan estado en China. Los turistas que tenían planeado ir a ese país del extremo oriente también cancelaron sus planes. 17 empresas turísticas que cotizan en la bolsa de valores perdieron, la semana pasada, 15 mil millones de dólares en capitalización. Los afectados fueron tan diversos como grupos aeroportuarios, aerolíneas y operadores de vacaciones. Preocupante, pero hasta ahí previsible.

Lo que no es tan obvio hasta que se analiza, es que la caída en picada que ha sufrido el barril de petróleo crudo (y que afecta de manera relevante a México) también se debe al brote infeccioso. Se suponía que el pleito entre Estados Unidos e Irán provocaría un aumento de los precios del hidrocarburo (no digo que haya sido intencional, simplemente que eso preveían los expertos); lo que realmente está sucediendo, es que al frenarse en China la actividad económica por la cuarentena y las medidas de previsión del gobierno y las empresas, el comercio y el consumo interno se encuentran paralizados. Recordemos la crisis de la influenza en México, y lo desiertas que estaban las calles y centros comerciales. Recordemos la devastación económica que eso nos generó como país. Ahora imaginemos lo mismo, en la segunda economía más grande del mundo, a lo largo de todo el país más poblado del mundo. Al estar en estado catatónico, la economía china ha reducido su consumo de energía en un 25%. Eso equivale a una disminución en la demanda petrolera global de 3%. Y así ya se entiende.

Pero además están llegando otras noticias, como que la industria siderúrgica está sufriendo un golpe mayúsculo, porque, dicen, es un sector “muy expuesto a China”. No me quedan muy claros todos los detalles, pero sí que su declive estuvo encabezado por el descenso de 5.2% de United States Steel Corp. Por si fuera poco, la otra gran perdedora, tanto por el impacto en su producción como en su consumo, fue la industria de la moda. Las empresas de lujo, en la Bolsa de París, las cuatro mayores caídas del índice CAC fueron para Kering, propietaria de Gucci y Brioni, entre otras (-2,07%), LVMH (-1,12%), Hermés (-1,09%) y L’Oréal (-1,31 por ciento). El discurso del ala dura estadounidense que defiende la guerra comercial contra China se vuelve insostenible frente a esta evidencia empírica.

Estos ejemplos, que son enunciativos y no limitativos, bastan para que caigamos en cuenta de algo que los medios de comunicación no han enfatizado suficiente: en el mundo de hoy, todos dependemos de todos. No es una frase hueca, sino una consecuencia natural de cadenas de suministro global, proyecciones de demanda y oferta energética, y fronteras realmente permeables aunque en el discurso político estén cada vez más cerradas. Los problemas graves son problemas del mundo entero, sin importar donde surjan. Este no es la excepción. 

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