Detrás de las marchas y las alianzas

Desde hace algunos días  hemos presenciado manifestaciones en la Ciudad de México, (aunque también las ha habido en Morelia) por parte de la disidencia magisterial, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) debido a que se niegan a la aplicación de la Alianza por la Calidad de la Educación (ACE) por “atentar contra la educación pública, el normalismo y los derechos de los trabajadores de la enseñanza”. De la misma forma manifiestan que dicha medida no ha ocasionado más que mayor deterioro en la calidad educativa. Imperioso emprender un análisis riguroso de la implicaciones que tiene la ACE.

La dinámica que ha tomado el sistema educativo mexicano de enfocarse en un sistema de competencias que prioriza la medición de desempeños y la visión economicista de la educación para la adaptación al mercado laboral; se ha acentuado desde el año 2000 que nuestro país participa en el sistema de exámenes PISA. El gobierno federal, en acuerdo con la cúpula del SNTE ha decido enfocar sus resultados en la calificación de dichos exámenes, con lo que la Evaluación Nacional del Logro Académico en Centro Escolares (Enlace) ha perjudicado el aprovechamiento y la capacidad de aprendizaje del educando. El sistema de incentivos que “premia” a los profesores mejor evaluados –a través de los resultados del alumnado- ha desvirtuado los principios del sistema educativo, permitiendo que los profesores se concentren en que los alumnos memoricen mecánicamente sin reflexión alguna y perdiendo el sentido crítico en busca de la “respuesta correcta”. De esta manera lo único que queda premiado es la simulación educativa. En el mismo sentido, el criterio bajo el que se pretende diseñar el examen estandarizado tiene poco que ver con la formación que ofrecen las escuelas Normales, con los procesos  educativos reales y con las características que identifican a un buen maestro. Pensar entonces que este método podría asignar o quitar plazas para profesores sería agresivo e insultante.

Por su parte los maestros agrupados en el Sindicato Nacional de Trabajadores representados por Elba Esther Gordillo, (contabilizan el 97% del total, calculado en 1, 000,000 de profesores) al menos en el discurso se mantienen cercanos al gobierno federal y se manifiestas por la evaluación. Sin embargo, hacen todo lo posible por postergarla por lo menos para el siguiente periodo escolar. En entrevista concedida a Ciro Gómez Leyva, en su noticiero televisivo, la lideresa magisterial se pronunció por la evaluación para maestros pero orquestada por un organismo autónomo independiente de la SEP y el SNTE y se negó a poner una fecha precisa para dicha acción. Afirmó que la evaluación debía estar apegada a los criterios actuales que imperan en el sistema educativo y la necesidad de diseñar mecanismo que corrijan atrasos que puedan revelarse de dicho programa de calificación. “No es posible evaluar en la ignorancia, ni debe hacerse para descalificar a maestros, no evaluación para dividirnos, no evaluación obligada. El año próximo podemos (evaluar)” propuso.

Posturas encontradas dentro del mismo gremio. La CNTE no está dispuesta a cambiar su rechazo contra la evaluación, y se niegan a negociar y a ceder centímetros en su postura. Por el otro lado, tenemos a una cúpula sindical acostumbrada a negociar y pactar con el gobierno en turno y en este caso no tendríamos por qué suponer lo contrario.

Es evidente que el sistema educativo necesita una reforma para salir del atraso en el que nos encontramos, sin embargo la mejoría en la calificación de un examen o una serie de ellos no representará un ascenso real en ese nivel. Parece que se impondrá la lógica del gobierno federal apoyada por el SNTE, la CNTE no tiene la fuerza –ni las formas- de impedir el ascenso de la evaluación estandarizada. Se empeña en tratar de chantajear inmovilizando, con marchas, la capital y se niega a llegar a un acuerdo con las cúpulas tanto de la SEP como del SNTE.

Se percibe un escenario donde la prueba se aplique hasta el año próximo, donde el gobierno ponga en “evidencia” la capacidad del profesorado y lo exhiba ante la opinión pública y también donde dicha evaluación no logre romper los privilegios de un grupo selecto encabezado por Elba Esther Gordillo. Pensar que la evaluación estandarizada logrará corregir las fallas de la educación, suena por decir lo menos, risorio.  

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