Proceso, en su página de internet, publicó una nota falsa, una Fake News digna de Donald Trump: “Colaborador de Nuño dio luz verde a irregularidades en el Colegio Rébsamen”.
Sintetizo el trabajo firmado por la reportera Rosalía Vergara:
“El jueves pasado el secretario de Educación, Aurelio Nuño, presentó al arquitecto Max Betancourt Villaseñor como el responsable de supervisar las estructuras de todas las escuelas de la Ciudad de México, principalmente las afectadas por el sismo del martes 19, pese a que éste, desde el 25 de noviembre de 1983, fue el responsable de la obra y el mismo que gestionó los cambios del uso de suelo del Colegio Enrique Rébsamen, escuela que tras su reciente desplome cobró la vida de 19 niños y siete adultos”.
Pues bien, la nota de Proceso es falsa, contiene por lo menos tres mentiras clarísimas:
(i) Los directores responsables de obra no son personal de la Secretaría de Educación Pública. Entonces, por obvias razones, no son colaboradores del secretario Nuño. Se trata de ingenieros y arquitectos que están certificados por Seduvi, dependencia del gobierno de la Ciudad de México.
(ii) Los DRO que están revisando las escuelas los envía a la SEP el gobierno de la CDMX.
(iii) Lo más grave de todo, el DRO al que se refiere Proceso como el que “dio luz verde a irregularidades del Colegio Rébsamen” no es Max Betancourt Villaseñor. El nombre del DRO es Max Betancourt Suárez, hijo de Max Betancourt Villaseñor, quien efectivamente estuvo involucrado en 1983 en las obras del Rébsamen. Pero claramente son dos personas distintas. Desde luego, no existe el delito de portación de padre prohibido.
(iv) Por lo demás, Max Betancourt Suárez no coordina la revisión de las escuelas. Es uno de tantos DRO que ha mandado a la SEP el gobierno de la CDMX.
En resumidas cuentas, se trata de una distorsión grotesca, llena de mentiras, inaceptable en una publicación tan prestigiada como Proceso.
Supongo que alguien engañó a los editores de Proceso o a la reportera Vergara. Sin duda, estamos ante un vulgar atraque político contra Nuño, que es uno de los principales aspirantes priistas a la Presidencia de la República.
Rápidamente, la SEP envió una aclaración a Proceso, que ya se publicó. Pero los directores de la revista fundada por Julio Scherer no cumplieron absolutamente con la ética periodística al publicar con maña el desmentido:
(I) La nota con información falsa sigue arriba, no han tenido la honestidad de bajarla. Sabiendo que en la red la información sigue corriendo, y ya estando perfectamente claro que lo publicado por Proceso es mentira, lo menos que debieron haber hecho sus editores era borrar la nota falsa.
(II) La aclaración Proceso la tituló mañosamente: "Sobre colaborador de Nuño...", por lo que el título no dice categóricamente que se trata de un desmentido a su información completamente falsa.
(III) Hay claramente un trato tramposo e inequitativo respecto a la nota de Proceso que dice mentiras y sigue publicada, y la aclaración.
(IV) Resulta simple y sencillamente increíble la falta de profesionalismo y el activismo político de Proceso.
Lo más sencillo para Proceso habría sido admitir el error y denunciar a quien les engañó contándoles mentiras vulgares sobre Aurelio Nuño, seguramente alguien del PRI partidario de otro precandidato tricolor.
Lo lamentable no es la grilla priista, que siempre recurre a los golpes bajo. Lo realmente triste es que una publicación tan respetable como Proceso se deje engañar por esos maniobreros del PRI que se alquilan para golpear a los rivales del cliente.
Proceso sabe quién los engañó con la nota falsa de Aurelio Nuño. Ojalá den a conocer su nombre, para que todos sepamos quién le pagó para manipular a la histórica revista dirigida por Rafael Rodríguez Castañeda.