Penosa la metralla de los últimos días en los medios de comunicación tan dedicados a la propaganda negativa para mermar la transformación nacional, que lleva a cabo contra viento y marea el primer presidente elegido democráticamente en México; que igual que Mujica en Uruguay, carece de avidez monetaria personal promulgando la vida digna y sencilla, dando un ejemplo administrativo exitoso de una economía moral que incluye a los más necesitados en primera fila, motivando un impulso colectivo para crear oportunidades de real autocrecimiento. Una bocanada de aire fresco, una gran esperanza el nuevo país que estamos forjando juntos.

Pero volviendo a la metralla, que siempre resulta ser de balas de salva, promovida por la oposición contra un hombre realmente comprometido con la nación, como lo es AMLO, en verdad es un asunto psiquiátrico para reflexionar, pero mientras tanto para golpearlo. Con constancia remunerada se promueve el amarillismo, la falsificación de datos, la inminente “catástrofe” de la 4T, que predicen o pretenden provocarla desde el principio de la administración, por lo que se entiende que sea una gran oportunidad para los soldados detractores el colgarse ahora de la palabra “catástrofe”, mencionada por el doctor López-Gatell en una ocasión que se le preguntó en plena pandemia que si se llegaba a 60,000 fallecidos por el virus se le podría llamar una catástrofe, y dijo que sí, que lo sería. De hecho, lo es en el mundo entero. El epidemiólogo tiene y tuvo razón.

Vemos el oportunismo mediático conservador, siempre listo para afectar la reputación de México en el mundo, deduciendo que rebotará en el primer dirigente mexicano honesto de frente a la gente, pero no sucede así, pues la mayoría ni los lee ni les cree, por lo que la aceptación del presidente AMLO sigue en aumento, aunque los impotentes fifís clamen o pregonen terribles “catástrofes” por doquier, no relacionadas con el coronavirus. Es simple explicar la fuerza del presidente AMLO: es digno de la confianza del pueblo, se la ha ganado a pulso, por ello el gran apoyo que este le confiere.

Los 60,000 no es número para jugar a los golpeteos políticos. Son personas que son lloradas ahora mismo por sus seres queridos. Son, en efecto, parte de una tristísima catástrofe. De un sufrimiento colectivo del que nadie debía aprovecharse para atacar, como lo hacen estos oscuros mexicanos y mexicanas, los denigrantes medios informativos, a quienes se les revierten los turbios deseos quedando mal hasta ante su propio karma.