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1092 muertos en un día. López-Gatell ¿toserá para tapar el pedo? O ¿tirará un pedo para tapar la tos?

En el deporte nacional por excelencia, el futurismo, este médico ya tomó el liderato
Antes de que se me acuse de vulgar, aclaro que la expresión del título es de uno de los grandes humanistas de la historia.
"Una tos para tapar un pedo".
Erasmo de Rotterdam
Erasmo al revés:
"Cuando no existía el coronavirus uno tosía para disimular un pedo, ahora hay que tirarse un pedo para disimular la tos".
Escuchado en reunión de expertos de la Organización Mundial de la Salud
Antes de que se me acuse de estar contra AMLO y la 4T, diré que mi mayor deseo es el triunfo del proyecto de Andrés Manuel, pero creo que esta crisis ya se salió de control: ante el gran mal urge el gran remedio.

Erasmo no soportaba las ventosidades

Decía el gran humanista: “No es socialmente admisible valerse de triquiñuelas, como toser, mover la silla, mirar desaprobatoriamente al perro, como culpabilizándolo, o hacerse el loco para disimular un cuesco; es imposible, porque si no suena, hiede, y con harta frecuencia hace las dos cosas”.

Hay pedo, ni duda cabe, cuando después de anunciar 1092 muertes en 24 horas, el subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, recurre a su método argumentativo favorito, el Cantinflas Avanzado: “Hoy habrán notado que tuvimos un incremento sustancial de la mortalidad; ayer 3 de junio, teníamos 10,600 y hoy van más de 11,000, pero las muertes que hoy estamos reportando, el 3 de junio, vienen desde días anteriores”. Inclusive dijo que hay defunciones que si bien fueron reportadas ayer 3 de junio, ocurrieron el 21 de abril.

¿Es en serio? ¿No sería más adecuado dar información precisa de cada día, así sea con retraso, esto es, dar a conocer el total de muertes ajustado del 21 de abril y el 3 de junio solo las del 3 de junio? ¿Es tan difícil el orden contable?

Cero en estadística

En la pandemia, López-Gatell ha reprobado estadística, pero esto ya es lo de menos. Demasiado tarde ha creado una comisión técnica para analizar la “mortalidad no observable”. Bendito dios... ¿Hay muertos que se mueren sin que nadie se dé cuenta y de pronto aparecen solo porque los expertos en matemáticas y epidemiología realizan sesiones de espiritismo? El jefe de la estrategia contra la pandemia debió haber hecho eso desde que, a nivel Ciudad de México, la mucho más seria jefa de gobierno, Claudia Sheinbaum, llamó a un grupo de especialistas para poner orden en los números procesados por la Secretaría de Salud.

Estamos en un gran pedo en el momento en que se anuncia un incremento brutal del número de fallecidos en solo 24 horas. El máximo registrado en ese lapso era de poco más de 400, y de pronto llegamos a la pesadilla española e italiana: mil fallecidos por Covid-19 en un solo día.

Por jugar a la grilla engañaron al presidente AMLO y nos engañaron a todos

El problema es que lo estamos haciendo todo mal, todos. El presidente AMLO confió en exceso en los médicos del gobierno, y estos por más que se esforzaron, fallaron. Parte de la explicación del porqué no pudieron con el reto está en el hecho, innegable, de que muchas veces actuaron como políticos, es decir, hicieron la ciencia a un lado para regalarnos –y de esa manera enamorarnos– olvidables mañaneras y tardeadas en las que se cantaron con excesiva anticipación las victorias de México en el combate al coronavirus.

√ Que nos iba a ir mucho mejor que a los países europeos más afectados por la pandemia, decían… El hecho es que ya andamos en esos niveles y empeorando.

√ Que la curva estaba aplanada, presumían… El hecho es que no ha dejado de crecer, y ya lo hace exponencialmente.

√ Que ya habíamos domado la pandemia… El hecho es que ese caballo está a punto de tirarnos, y lo peor es que estamos a la mitad del embravecido río.

√ Que iba a haber en total ocho mil muertos… El hecho es que hasta López-Gatell ya reconoce que serán 30 mil, pero hay pronósticos como el del Instituto de Tecnología de Massachusetts, el famoso MIT, de que la cifra de fallecidos se elevará a 132 mil.

“Ad extremos morbos, extrema remedia exquisite optima”

Con esos pedos quisimos tapar la tos, O con esos tosidos intentamos tapar el pedo. El hecho es que estamos mal.

Lo peor, cuando las cosas empezaron evidentemente a agravarse, es decir, cuando el pedo se puso verdaderamente alarmante, todos recurrimos a otra tos para que no se escuchara el sonido de la tragedia: la de que ya íbamos a salir, con los cuidados adecuados, de la Jornada Nacional de la Sana Distancia para volver al futuro de la Nueva Normalidad. Quisimos creer que todo estaba bien y nos engañamos.

¿Qué hacer ahora? Si volvemos al romance con Susana Distancia, el desastre económico que ya se anuncia será todavía mayor. Pero quizá no va a quedar de otra. Es decir, tendremos que recomenzar de cero. Es otro de los adagios de Erasmo, “empezar de cero”.

Es verdad lo que dice el refrán: no se cambia de caballo a mitad del río. Pero si el caballo se nos cae o se ha quedado sin fuerza, como ha ocurrido con el equipo de expertos en salud del gobierno de México, entonces aplica otro dicho: “a grandes males, grandes remedios”, en el que por cierto también pensó Erasmo: “malo nodo, malus quaerendus cuneus” que según he leído en español significa “para un nudo duro hay que buscar una herramienta dura”. Es decir, cortar y seguir adelante. Son expresiones que, probablemente, tienen su origen en el padre de todos los médicos, Hipócrates: “ad extremos morbos, extrema remedia exquisite optima”.

Otros caballos porque se cansó el que nos llevaba por el crecido río

El presidente de México como mínimo tendrá que reforzar su equipo de trabajo. Hay expertos más allá de López-Gatell, muchísimos, a los que Andrés Manuel podrá recurrir, como el infectólogo del hospital ABC, Francisco Moreno Sánchez, profesional de excelencia y un gran ser humano; la infectóloga pediatra del mismo centro de salud, Genny Sánchez Hernández, a quien respeto por seria y estudiosa; el infectólogo pediatra de Médica Sur, Sarbelio Moreno Espinosa, de quien me habló maravillas uno de los infectólogos más experimentados de México, Guillermo Ruiz Palacios, e inclusive un médico, Guillermo Castorena que me honra con su amistad y a quien siempre he considerado sabio por su sentido común y su preparación: fue jefe del servicio de terapia intensiva del Instituto Nacional de Nutrición y creó esta área para Médica Sur, donde por cierto otros especialistas salvaron la vida de AMLO.

No nos podemos quedar donde estamos. Porque cuando se suponía que íbamos a estar mejor –y, por esa razón, íbamos a empezar a volver a las actividades productivas–, en realidad estamos bastante peor.

El pronóstico del paciente llamado México es muy malo. Se necesita no solo de la opinión de otros médicos, sino tal vez de un cambio en el tratamiento. Nunca es demasiado tarde para hacer lo correcto