Xalapa es una ciudad tranquila, conocida por ser cuna de artistas y su exuberante vegetación.

Es también la capital del estado de Veracruz, lugar donde habita el gobernador y donde está el Congreso del Estado.

No era común. en épocas no muy lejanas, hablar de asesinatos, aunque éstos, por desgracia, no respetan geografías, ni tiempos ni espacios.

Hoy esa ciudad, característica por su clima templado y agradable, hizo que los ojos de México y el mundo voltearan a verla con horror: una maestra de 58 años fue asesinada en la puerta de la escuela “Adolfo Ruiz Cortines”, lugar donde laboraba.

Iba llegando al sitio en compañía de su pequeño nieto, quien con tan solo siete años de edad, resultó herido por una bala y presenció el asesinato de su abuela.

No hay palabras para narrar el suceso

La docente fue abatida por un sujeto a bordo de una motocicleta, como se muestra en un video que se ha viralizado en redes sociales.

Más tarde, se dio a conocer que un sujeto a bordo de una moto reportada como robada, fue detenido en la colonia Francisco Villa de esa ciudad, supuestamente por una falta administrativa.

El joven, cuya identidad se desconoce al momento de escribir estas líneas, permanece detenido y no se sabe con certeza si es el responsable del homicidio.

Como suele ocurrir en estos casos, las declaraciones, lamentos y exigencias de justicia no se han hecho esperar.

El gobernador Cuitláhuac García Jiménez dijo a medios de comunicación que se llegará hasta donde sea para encontrar a los responsables.

Lo mismo dijo respecto al asesinato, días previos, de una niña que murió abatida en una emboscada en el poblado Arroyo la Palma, del municipio de Hidalgotitlán, cuando presuntamente un comando armado pretendía secuestrar a su padre, un importante empresario constructor de esa región.

En sus declaraciones, el mandatario estatal asegura que la bala que le quitó la vida a la pequeña no iba dirigida hacia ella, sino que era un ataque al padre de la menor.

Más allá de si el ataque estaba o no dirigido a la niña, me llena de horror teclear en el ordenador las palabras “homicidios, Veracruz”, porque las notas aparecen en cascada y muestran el grado de descomposición que vivimos en el estado.

Hace un par de semanas lamentamos el asesinato de la joven Odilia Jade, de tan solo 17 años de edad, cuyo cadáver fue encontrado con huellas de tortura y varios disparos dentro de una cisterna en la comunidad de Palo Alto, municipio de Fortín de las Flores.

Y la lista es muy larga y cruel

Jóvenes, niños, mujeres y hombres están siendo acribillados, secuestrados, ultimados de la forma más ruin mientras solo escuchamos el mismo discurso por parte de las autoridades.

Las frases huecas, vacías, lastiman no sólo a los deudos de los fallecidos; cada habitante del estado, medianamente informado y sensible se estremece al saber que frente a los criminales estamos indefensos.

Más grave aún: los niños, niñas y jóvenes, cuyas mentes y valores están en formación, se están acostumbrando, terriblemente, a una sociedad violenta e incierta, mientras por parte de las autoridades se espera “esclarecer” un día sí y el otro también, homicidios, violaciones, secuestros, y un sin fin de delitos, sin pasarles remotamente por la cabeza algo primordial: implementar medidas certeras y eficaces para salvaguardar nuestra integridad.

El asesinato de la profesora ahí, a la vista de todos, es solo una muestra de que para ellos, los que cultivan el mal, arrebatar la vida a un ser humano, es parte de la cotidianidad, simplemente porque no hay quien los frene.

Por supuesto, desde el fondo de mi corazón, deseo que el asesinato de la maestra no quede impune, pero más deseo que este tipo de sucesos no ocurran jamás, por ella, por sus deudos, por usted y por mí, debemos recuperar la paz en nuestro país y en nuestro estado.