“La muchedumbre es fácil de guiar y puede ser movida por la más pequeña fuerza. Por eso sus agitaciones ofrecen una prodigiosa semejanza con las de las olas de mar.”

POLIBIO

“Conozco muy bien el peso con que se pueden cargar insinuaciones y matices o cómo se puede hacer una pregunta de tal modo que se dicte su respuesta.”

JOHN MAXWELL COETZEE

El orden de los factores sí altera el producto. En química, en pastelería y en otras “artes” menos agradables, el orden hace que el producto sea distinto o que no resulte. Así sucede con la lectura que tiene López Obrador sobre la violencia narca.

Para variar, el gobierno federal quiere alterar la narrativa y de paso distraernos de lo fundamental: más que culpar a diestra y siniestra (sobre todo lo primero) de estar instigando a que el narco lleve a cabo acciones como las vividas recientemente en México, lo que DEBE hacer, pues es su obligación y responsabilidad primera, es parar la violencia misma. Ya será después que nos perdernos en exquisiteces como es que haya —si acaso alguien o un grupo político— quien se beneficie políticamente de ello.

En esta última semana se ha dado una escalada de violencia en nuestro país. De hecho, el viernes se registraron 62 homicidios, el jueves 81; podemos hacer cuentas hasta concluir que la siembra de muertes continúa. Más de 130 mil en lo que va del sexenio.

¿Qué ha pasado en nuestro país que la violencia ha arreciado? Mucho y al mismo tiempo nada. Mucho, pues el crimen organizado sigue asesinando personas. Nada, pues el gobierno de nuestro país poco hace y lo que hace NO ha tenido buenos resultados.

Si el gobierno federal gastara más inteligencia y menos saliva en encontrar las formas de combatir al narco y la violencia que produce en lugar de tratar de dilucidar o argumentar quien podría sacar —si acaso— raja de la misma, otro gallo nos cantara.

La obligación del gobierno en sus tres niveles (digo, por aquello que la presidenta municipal de Tijuana, Montserrat Caballero, anda diciendo que el crimen organizado debe cobrar sus facturas solo a quienes “les deben”) es mantener la paz para el bien de quienes fueron electos; no debería la autoridad legitimar que la mafia cobre derecho de piso, tal como lo hizo la alcaldesa Caballero..

Además de Tijuana, estas semanas han sido una sucesión de eventos de violencia donde aparentemente está detrás el crimen organizado. Pero al enfocarse en ello se nos olvida que el reclamo a la autoridad va en general MUCHO más de ello. Existe una inseguridad generalizada en muchos frentes, en diferentes puntos de la República, sea robo, asaltos, feminicidios, toma de casetas y un escalofriante etcétera.

Ante todo ello, nuevamente es secundario polemizar sobre qué grupos políticos podrían usufructuar el hecho. El asunto de fondo es que hay inseguridad galopante y no se le combate por ninguna vía. Los abrazos no están siendo suficientes.

Resulta irrisorio decir que es notorio que los bloqueos y la toma de tiendas de conveniencia se dan teniendo detrás a “la derecha mexicana”. No, tristemente, la inseguridad es GENERALIZADA y el único responsable de combatirla —el Estado— poco hace y lo que hace le sale mal.

La manipulada narrativa que le adjudica usufructo a la derecha intenta ocultar un fracaso adicional por parte del gobierno federal: el reciente operativo para detener a los capos reunidos en Jalisco y Guanajuato, el cual devino en actos de violencia para repeler a este. Las tiendas y vehículos incendiados este viernes funcionaron como distractor para que los líderes delictivos que habían sido ubicados en una reunión en Ixtlahuacán del Río, al norte de la zona metropolitana de Guadalajara, pudieran escapar. Ello no fue una truculenta puesta en escena de la derecha ni de los conservadores. Resultó de un operativo fallido del gobierno mexicano.

Por todo lo anterior (y a veces no queda más que ser malpensados) todo parece indicar que aquí lo que está ocurriendo es que más que la derecha, detrás de estos episodios de violencia del narco está la la dejadez de la 4T con el fin de justificar la dichosa militarización de la Guardia Nacional; una que de facto —y violentando toda normatividad— ya lleva a cabo la administración federal.

¿Sería capaz el gobierno federal de llegar a tanto? Es tan o más plausible que el endilgar la violencia a la derecha mexicana. Recordemos: quien desde sus orígenes ha usado esa táctica de desestabilización de gobiernos e instituciones ha sido el lopezobradorismo.

Lo que es más, ya pusieron a sus corifeos de siempre a desviar la atención del debate que debe darse en México y que es el de rechazar la moción inconstitucional del presidente de supeditar a la GN a la SEDENA. ¡Más seriedad por favor!

Hay quien incluso pretende (gobierno y comentócratas por igual) que la ciudadanía nos opongamos a la militarización argumentando por una parte que esta no existe y que NO estamos ante un régimen autoritario y, por la otra, que los militares son los únicos capaces de pacificar al país. Les tengo noticias: lo que tenemos que denunciar y evitar a toda costa es que lleguemos a un nivel de militarización harto conocido por países hermanos latinoamericanos y, segundo, hacerle ver a la opinión pública que las mismas voces que sostienen que las fuerzas armadas son las únicas capaces de combatir el crimen organizado y revertir la rampante violencia que se vive en el país, son las que públicamente argumentan (y nos quieren hacer creer) que el país está en paz.

¿No está usted, estimado lector, cansado del discurso de siempre? ¿Ese que culpa al pasado, a Felipe Calderón, a los conservadores, a los opositores todos los males que son responsabilidad —y hasta cierto grado producto de la inacción— del gobierno federal?

Seamos francos. Estamos hartos de pretextos y plañideras. En este caso, lo de menos es qué fue primero, “si el huevo o la gallina”. Lo importante es comenzar a ver resultados positivos por parte de la administración federal, mismos que hasta ahora no los ha habido.

Falta de coordinación, de comunicación y de liderazgo que desembocan en la falta de resultados. Autoridades de todos los niveles que no asumen su responsabilidad. Se requiere dejar de confundir el orden de los factores. Urge que las autoridades se pongan a trabajar y acepten sus obligaciones.

Basta de división, es momento de bregar juntos. La violencia debe combatirla el Estado mexicano; lo demás es confundir los factores.