Respeto y aprecio a Juan Ignacio Zavala. Cruzó el pantano de la segunda presidencia panista sin mancharse. Estoy convencido de que es un hombre honesto. Su patrimonio no se incrementó en forma notable —y quizá no se incrementó de ninguna manera— durante el gobierno de su cuñado, Felipe Calderón. Pienso que su hermana, Margarita, en ese sentido también es una persona íntegra. Es algo que inclusive diría del propio Felipe. No se enriquecieron, entonces merecen un reconocimiento.

Fueron otras las faltas —gravísimas— de Calderón, que obviamente su familia no vio o no quiso ver y mucho menos denunciar:

El pecado original de Felipe fue robarle las elecciones de 2006 a Andrés Manuel López Obrador.

La otra gran culpa de Calderón fue iniciar una absurda guerra contra el narco para conseguir la legitimidad que no le dieron las urnas; esa guerra, debe subrayarse con toda energía, sigue ensangrentando a México y, por supuesto, en buena medida explica la violencia que hoy vivimos. Hay otros factores que explican tanta agresividad reciente del crimen organizado; los analizaré más adelante en este artículo.

El otro pecado imperdonable cometido por Felipe Calderón fue el de permitir, por ingenuidad o falta de oficio, la escandalosa corrupción de la gente en la que más confió, como la de quien fuera su secretario de Seguridad —y jefe de las oraciones en la guerra contra las mafias—, Genaro García Luna, quien ahora mismo está encarcelado en Estados Unidos acusado de haber trabajado para uno de los más poderosos cárteles, el del Pacífico.

Los actuales ataques del narco en ciertas ciudades —que incluyen tiendas Oxxos incendiadas— realmente son menores comparados con las atrocidades del sexenio de Calderón, como aquella del Casino Royale de Monterrey, cuando la mafia quemó sus instalaciones, lo que provocó la muerte de más de 50 personas.

De aquellos polvos, estos lodos. Insisto en la tesis de que no es posible explicar la violencia de la actualidad sin ir al origen de la misma: una guerra fallida que Calderón comenzó para que se olvidara el fraude electoral que lo llevó al poder.

Pero no es lo único que explica el terror de estos días en Guanajuato, Jalisco, Chihuahua y Baja California. Si yo fuera estratega de Palacio Nacional inscribiría tales hechos brutales en la lucha electoral por el 2023 y el 2024. Y es que no parece violencia típica del narco, sino generada con propósitos políticos.

Creo que hay factores reales de poder interesados en ver si de esa manera ya cae la aprobación del presidente AMLO, de tal forma de para que Morena se debilite en Edomex, Coahuila y a nivel nacional. La derecha todo lo ha intentado para lastimar el prestigio de Andrés Manuel, pero ha fracasado: la gente sigue confiando en el gobernante de izquierda y en su proyecto.

Estoy seguro —o es lo que quiero pensar—, Juan Ignacio Zavala escribió su artículo de ayer viernes 12 de agosto en El Financiero sin que nadie se lo pidiera, esto es, con absoluta independencia intelectual. Pero hay gente con la que he conversado que ve otra cosa en las siguientes afirmaciones de Nacho:

Que “el presidente López Obrador ha usado la tribuna presidencial para atacar una y otra vez al sector empresarial y, particularmente, a la empresa dueña de los Oxxos”.

Que “casualidades o no, ayer en redes sociales se mencionó, de manera reiterada en Twitter, el hecho de que el crimen organizado hubiese quemado 25 tiendas Oxxo en Guanajuato”.

Que, “como ha sido público, el presidente ha culpado a esas tiendas, a sus dueños, de rapacería en materia energética; ha dicho que saquean con la luz, que hacen uso indebido de las nuevas energías y pagan menos que el pueblo. Es claro: el presidente señala al enemigo, y el crimen se encarga de hacer el trabajito”.

Para algunas personas con quienes he hablado, en tales aseveraciones del señor Zavala está la semilla de un gran sofisma para seguir atacando a AMLO: el presidente critica a las tiendas Oxxo porque no pagan la luz y el narco las incendia como castigo a los empresarios abusivos. Seguramente no fue esa la intención de Juan Ignacio —quiero creer en su independencia periodística—, pero preocupa su argumento, y mucho, ya que podría utilizarse para justificar agresiones a cualquier institución o persona que Andrés Manuel cuestione por violaciones a las normas.

¿Así, incrementado la violencia del narco originada en el segundo gobierno panista, el de Calderón, es como el PAN y sus aliados —PRI y PRD— esperan ganar las elecciones estatales de 2023 y las presidenciales de 2024? Ojala se detengan porque no lo lograrán; la gente sabe quién y cuándo inició la pesadilla.