20 de octubre de 2021 | 15:27
Opinión

No somos investigadores, a lo mejor usted sí, ande ayúdelos

Todo indica que el uso del software “Pegasus” para espiar a periodistas y funcionarios no ha cesado en México.
Pide Beatriz Gutiérrez Müller, esposa de López Obrador, investigar caso "Pegasus"
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Quedan las cáscaras de vida

la solidaridad de las columnas

las pausas del escombro

el pavoroso cielo gris

la tierra exasperada

reclama una caricia

que no la olviden

no la olviden nunca

por eso se estremece

de abandono

tan sólo si la aman

si la amamos

volverá a concedernos

el perdón del silencio

el amor de la calma

Mario Benedetti

“No soy médico” fue la respuesta de Beatriz Gutiérrez Müller cuando, en Twitter, un ciudadano le preguntó cuándo atendería personalmente a los padres de niños con cáncer que reclamaban falta de medicamentos. La empatía brilló por su ausencia; la solidaridad nunca apareció.

Hoy, que se sabe que en el gobierno del ex presidente Enrique Peña Nieto se espiaba al menos a 50 personas cercanas a López Obrador (aunque también a todos los moradores de Los Pinos), ella exige —con razón— se investigue si a través del programa “Pegasus” se le espiaba junto con su familia. Pero en franca reciprocidad a su tuit de tiempo atrás, cualquiera podría decirle: “no soy investigador, a lo mejor usted sí”.

La respuesta a través de su cuenta en Instagram —red social menos beligerante que Twitter— muestra de forma inequívoca que padece una falta de solidaridad en general, salvo cuando se trata de su familia o primer círculo. Por supuesto que “se debe investigar” y tiene razón cuando dice:

“Deseo con toda el alma vivir en un Estado de Derecho y no acostumbrarnos a estas intimidaciones, no solo del periodo indicado por los reportajes que circulan, si no antes”.

Beatriz Gutiérrez Müller

Sería genial que los funcionarios del gobierno que su esposo encabeza, así como él mismo, recordaran que no queremos vivir donde se vulneran a diario las leyes de forma impune. Como también que, como ella apunta, se investigue no solo actos de años anteriores, sino también de este periodo. Esto porque todo parece indicar que el uso del software Pegasus no ha cesado en nuestro país.

Amnistía Internacional exigió al gobierno de México revelar si existen contratos relacionados con NSO Group, la empresa creadora del alado programa. La solicitud fue realizada al INAI (Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales) en el 2018 y es la fecha que el gobierno mantiene en confidencialidad la respuesta. La secrecía hace suponer que Pegasus sigue siendo utilizado en el país por el actual gobierno.

Amnistía Internacional conociendo los otros datos de López Obrador, exige certeza de que el actual gobierno ya no esté utilizando el software Pegasus. Esto es, no busca la respuesta pendenciera de López Obrador, ni la descalificación de su equipo, tan solo los datos verdaderos de que ya no se tiene en uso a Pegasus.

AMLO asegura que en su gobierno no se espió nunca a periodistas, adversarios políticos o empresarios. Personas de dichos sectores aseveran que eso no es cierto. El cambiar el nombre de CISEN a Centro Nacional de Inteligencia, así como la secretaría de su adscripción, no trastocó ni sus atribuciones, recursos e incluso personal. A la fecha, el equivalente de este régimen se rige por la misma ley y opacidad.

México no es el único país sobre quien pende el vergonzoso espionaje sobre figuras políticas, periodistas y una interminable lista de personajes. Pero se considera que al menos 15 mil personas sufrieron algún tipo de intervención a través de sus teléfonos inteligentes. Con lo cual, nuestro país sí fue la nación que mayor número de ciudadanos fueron escuchados.

Pero hay otro doble rasero en discurso del primer mandatario y su círculo cercano. Y es que sabemos que la 4T y Andrés Manuel no aplauden a las organizaciones de la sociedad civil (OSC) ni a las ONG (organizaciones no gubernamentales), no se diga a los medios de comunicación, sean nacionales o internacionales. Pero en este caso que, tanto la asociación francesa de periodismo sin fines de lucro “Forbidden Stories” (historias prohibidas) y Amnistía Internacional, lograron obtener las listas de las personas escuchadas, nadie del régimen les dio las gracias o de perdida reconoció el mérito de su trabajo del cual hoy se montan para exigir justicia, además de capitalizarlo electoralmente.

Ya no se diga al The Washington Post y a otros periódicos que dieron a conocer las listas, nombres y forma en que se escuchaba a presidentes (Macron entre otros), primeros ministros, un rey (Mohamed VI de Marruecos) y a miles de ciudadanos que no tenían ningún antecedente para haber sido considerados como peligrosos para cualquier soberanía nacional. Incongruencias y descortesía cuatrera.

Porque sí claman y piden una solidaridad cuando se les ataca, pero la misma que no dan cuando otros la necesitan. La empatía y la solidaridad simplemente no son su fuerte. La exigencia de Beatriz es por lo que les sucedió a ellos, no por los más de 25 periodistas espiados (incluyendo a Carlos Loret y a Carmen Aristegui), activistas, defensores de DDHH.

Ni siquiera por los familiares de los 43 normalistas desaparecidos en 2014. No, estos últimos sirvieron para el pase de lista, pero hoy que ya no son útiles, ni siquiera merecen ser mencionados por el gobierno federal por cuanto a este asunto se trata.

Y, por cierto, la investigación requerida no es la del académico, tampoco la del sabueso buscando en el pasado sin ánimo de atacar, pero sí teniendo pruebas para chantajear. La que se requiere en este caso debe ser objetiva; con el ánimo de corregir el rumbo, no continuarlo o solo complacer la petición personal de Gutiérrez Müller, olvidando a todos los demás espiados (pasados y presentes).

Siempre se podrá contestar con un “no somos” médicos, investigadores, policías, servidores públicos, barrenderos y con ello evadir nuestra responsabilidad y/o empatía ciudadana. Pero sin ser médicos pedimos atención y medicinas para los enfermos. Sin ser investigadores, solicitamos la FGR funcione como agencia investigadora y no solo persiga a los señalados por Palacio Nacional. Sin ser policías, pedimos y buscamos que dicho cuerpo no corrompa y si vemos un ilícito —y está en nuestras posibilidades— tratamos de impedirlo. Sin ser barrenderos podemos tirar la basura en su lugar (y no en la calle).

Pero siguiendo la lógica de Gutiérrez Müller, dado que no somos investigadores y la FGR tampoco ha actuado como tal, que ella misma sufra como simple ciudadano el calvario de tratar de conformar dicha carpeta de investigación. Y conste, como simple ciudadana. De otra forma, la austeridad republicana volverá a ser ninguneada cuando se dé celeridad al deseo de la no primera dama.