El fin de semana, la virtual candidata del PRI-PAN, Xóchitl Gálvez, dio nota por un video donde sale a punto de comerse un platillo en forma de pene en una cantina en Chihuahua. No sabemos si fue una broma o una puesta en escena por la misma aspirante, pero es una pieza interesante para el análisis político, pues visibiliza algunos aspectos de su campaña, la cual está básicamente cimentada en una estrategia robusta –y por supuesto muy costosa– de comunicación.
De quedarse como candidata de la alianza, Gálvez se enfrentará a varias dificultades. Listo al menos seis:
- A un bajísimo reconocimiento a nivel nacional
- A la falta de una base social o una trayectoria política amplia donde haya hecho alianzas o pueda presumir grandes resultados;
- A la ausencia de un proyecto de nación distinto al modelo neoliberal
- Al enorme desprestigio de los partidos que la arropan y al propio por los conflictos de interés y posibles actos de corrupción a través de sus empresas mientras ha sido funcionaria pública
- A una alianza donde la creciente tensión entre el PRI y el PAN por quedarse con candidaturas y plurinominales solo se pondrá peor
- Al difícil trabajo de aglomerar una oposición que abarque desde la extrema derecha hasta la derecha moderada sin que unos ni otros se desmovilicen.
Es decir, hay un trabajo político titánico en la oposición y no queda clara la ruta ni los liderazgos que orientarán esta labor. En esta situación, resulta obvio apostar por lo mediático y lo estridente, aunque esto signifique que en el camino exponga que su candidatura es un cascaron que esconde su hipocresía.
En este sentido, Gálvez ha centrado su estrategia de comunicación en tres ejes fundamentales que, si bien carecen de una base ética, le funcionan para crecer en reconocimiento:
- No hay tal cosa como la mala publicidad: montar un show afuera de Palacio Nacional, inventar de manera irresponsable que puede sufrir un atentado, o el platillo de la cantina en Chihuahua; todo se vale siempre y cuando la mantenga en la conversación pública.
- Diferenciar comunicación para abarcar más electores. Es ingenuo pensar que no hay coordinación entre Fox y Gálvez. Mientras Fox le habla a la extrema derecha con su antisemitismo y campaña abierta en contra de los apoyos sociales, Gálvez le habla a la derecha más moderada andando en bicicleta y diciendo groserías.
- Apelar a la individualidad; aunque muestre todas sus incongruencias:
- La historia de éxito personal: de venta de gelatinas a ingresos de $1,400 millones de pesos
- Políticas identitarias: la mujer indígena que creció en pobreza, quien hace poco declaró que “a mí me tiene sin cuidado lo que pasó en la Conquista”.
- La ciudadana independiente: no pertenece a ningún partido y por lo tanto no tiene compromisos con nadie, a pesar de haber llegado a todos sus cargos públicos por el PAN y haya gobernado la delegación y legislado en sintonía a su partido.
- Ni de izquierda ni de derecha. En la narrativa reduce la izquierda al aborto y el matrimonio igualitario, a pesar de que en los hechos gobierna y legisla desde la derecha (contra la soberanía energética, contra la universalización de más programas sociales, probablemente contra el incremento del salario mínimo, por lo menos al ritmo actual, a favor de la privatización de la salud, entre muchos otros).
El video del platillo de la cantina desnuda –además del afán de que se hable de ella a cualquier costo– su estrategia individualista de atomizar el mensaje a los diferentes receptores. Un día apela a la representatividad indígena para conquistar los corazones de los votantes típicos de MC, otro a las groserías y vulgaridades para construir una imagen supuestamente popular, y otros tantos el de la mujer luchona que salió adelante por el mito de la meritocracia. Todo mientras que Fox y el resto de su partido, le siguen hablando al electorado más radical con campañas negras creyendo que la gente no nos daremos cuenta de que es una estrategia coordinada.
En este breve análisis de la estrategia de comunicación de Xóchitl Gálvez, nos damos cuenta que ha sido hábil en aprovechar la frágil plataforma que le dan las mañaneras construyendo una candidatura de cascarón que emociona a la derecha que ya odiaba a Morena, pero que no engaña a quien ve la hipocresía de su candidatura porque entiende la política más allá de las campañas de publicidad. Resulta obvio que lo que en la década pasada se hizo en medios de comunicación con Peña Nieto, ahora se busca hacer en redes sociales con Gálvez.
La campaña de Gálvez me recuerda a cuando convives con alguien muy hipócrita y llega el momento en el que ya no sabes cuál de todas las caras es la verdadera. O siquiera si es que existe una genuina.



