La sucesión en la Confederación de Trabajadores de México ha puesto frente a frente dos perfiles que representan visiones opuestas sobre el futuro de la central obrera más grande del país.

Uno de los aspirantes, Tereso Medina, representa al PRI más sucio, el de Alito Moreno y los aliados de este en Coahuila, como Rubén Moreira —de ahí que Medina haya logrado que se amañara la convocatoria para la asamblea que elegirá al nuevo jefe de jefes—.

El otro, Fernando Salgado, aunque ha militado en el priismo, no tiene compromisos con los grupos que se han adueñado del viejo partido autoritario, y por lo tanto es la opción más cercana a los principios de la 4T.

¿Por qué a la 4T le conviene Salgado?

A pesar de su pasado priista, el perfil de Fernando Salgado es el que resulta más atractivo para el gobierno presidido por Claudia Sheinbaum. Esta es mi opinión, desde luego. La presidenta tendrá la suya.

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Para empezar, Salgado está mucho más alineado que Medina con la agenda social morenista: desde hace tiempo, sin oportunismo electoral, ha adoptado un discurso de apoyo a las reformas de la 4T. El enfoque de Fernando Salgado es, de las dos candidaturas, la menos empresarial y la más centrada en la protección de la clase trabajadora.

No ahora por la temporada electoral en la CTM, sino ya desde hace años, Salgado ha mostrado más disposición al diálogo institucional con la izquierda. A diferencia de Medina, Salgado ha exhibido una actitud menos confrontativa hacia el gobierno federal, buscando transitar hacia un sindicalismo moderno que colabore con la administración actual de la 4T en lugar de sumarse a un bloque opositor.

Con Fernando Salgado al frente, se debilitaría el vínculo entre el PRI y la CTM —con Tereso Medina la dependencia cetemista del priismo crecería—. Para la Secretaría del Trabajo de la 4T, Salgado representa una oportunidad de institucionalizar la relación con la CTM sin el peso de las estructuras regionales del PRI que aún son fuertes, como en Coahuila, el feudo priista más importante, que es precisamente donde Medina ha operado toda su vida.

A la 4T no le beneficiaría Tereso Medina, ya que a este lo apoya la estructura tradicional del PRI, que sigue viendo a la CTM no como organización sindical, sino como motor de movilización política y generador de negocios frente a los patrones.

Medina, no lo olvidemos, es el líder de la CTM en Coahuila, uno de los últimos estados donde el PRI gobierna y mantiene una estructura sólida. Su cercanía con figuras como Rubén Moreira y Miguel Riquelme asegura que la CTM siga siendo un brazo político operativo para el viejo partido en las elecciones.

Fernando Salgado lo único que pretende es lograr relaciones más sensatas con el gobierno, es decir, ya no basadas en el chantaje político-electoral.

Convocatoria amañada

Lamentablemente, está amañada la convocatoria a la asamblea electoral que se celebrará este 24 de febrero, ya que se convocó solo a las federaciones de la CTM, 32 estatales y 2 nacionales, en vez de a más de 1000 sindicatos. Esto es contrario a las normas cetemistas.

A Tereso Medina le conviene lo anterior por la fuerza económica que lo respalda: esta le permite convencer con argumentos contantes y sonantes a algunas federaciones y así lograr la victoria.

Todavía hay tiempo para que Fernando Salgado —o cualquier trabajador o sindicato— busquen rutas legales y políticas para impugnar el proceso.

Si Salgado lograra que los grandes sindicatos —como los de la industria alimentaria, turismo, transporte y aun los de la radio y TV— desconocieran la convocatoria, la asamblea perdería legitimidad política antes de siquiera ocurrir. Ese es su reto. Su suerte depende de la habilidad negociadora que posea, y de las denuncias públicas que haga.