Hay temas inherentes a la facultad de gobernar en los que el presidente López Obrador cae en terribles contradicciones, esta vez lo hizo al referirse al desarrollo de las naciones, a como se formaron las estructuras económicas y políticas en el mundo y a la conformación de los bloques económicos.

Cuando vacila con conceptos concretos como la “soberanía”, incurre en equivocaciones. AMLO se quedó varado en los sesenta y setenta, cuando se acusaba al “imperialismo yanqui” de todos los males y, aunque fue un ferviente opositor a la economía liberal y al TLCAN, curiosamente, mantiene como mejor y casi único aliado a un personaje que encarna el imperialismo, Donald Trump y en más de una ocasión ha agradecido al expresidente por la firma del T-MEC, cuando, en realidad, lo que llevó a buen puerto a dicho Tratado, fue la negociación que realizaron verdaderos especialistas como Ildefonso Guajardo y Kenneth Smith, no la buena voluntad de Trump, quien, incluso, tuvo la intención de cancelarlo.

Contradictorio y enredado

Aunque AMLO insiste en explotar la retórica del “sueño bolivariano” y contraria al “imperialismo” no está claro lo que busca ¿una integración global de toda América o solo de Latinoamérica? y, de ser así ¿sería económica o política? Una bola de contradicciones que no son comprensibles política, económica o socialmente.

Lo destacó el internacionalista, Arturo Sarukan, cuando el presidente insiste en pedir la integración económica del continente “con respeto a nuestras soberanías” y así emular a la Unión Europea, parece no comprender que la negociación implica ceder para lograr acuerdos en materia social o económica. Se podría interpretar, incluso, como una forma de ceder soberanía o más adecuadamente dicho, de “adaptar” el concepto a la realidad que convenga más a los países que participan.

La posición de AMLO en la escena internacional es tan inconveniente, que ya nadie la compra, la comparte o la respalda. Mantiene diferencias evidentes con los principales países latinoamericanos. Recientemente traicionó a sus colegas de Chile, Brasil, Colombia y Argentina, al tratar de imponer, como lo hizo en el proceso de designación del nuevo Director del BID, sin importarle las opiniones de sus pares, lo que trajo consecuencias como la cancelación de la reunión que se daría en México de la Cumbre de la Alianza del Pacífico.

AMLO insiste en la unión de las naciones, pero es incapaz de asistir a los principales foros internacionales como lo es el G-20, que a finales del mes de noviembre se realizó en Bali.

Insiste en su postura “antiimperialista” sin caer en la confrontación con países como los Estados Unidos, con quien tiene al menos una “cordial relación” al saber la importancia de las inversiones que mantienen en México, lo mismo pasa con España o Canadá.

Regionalismo Norteamericano

Andrés Manuel reconoce que existe la necesidad de profundizar la integración económica de México con Estados Unidos e intensificar la formación de cadenas productivas y de suministro apostándole al nearshoring para aprovechar nuestra cercanía con el mayor importador del mundo, y ofrece, según sus propias palabras, una “integración económica con dimensión soberana con Estados Unidos y Canadá, a fin de recuperar lo perdido con respecto a la producción y el comercio con China”.

Habla de soberanía, como una más de sus quimeras, cuando en realidad espera a que regrese su amigo Donald Trump al poder, mientras cuestiona el intervencionismo estadounidense, condena el embargo a Cuba, lo mismo que propone la unidad latinoamericana o defiende a su colega venezolano.

¿Doble discurso, show mediático, hipocresía, ignorancia o simple capricho del día? O, quizá, todas las anteriores.

¿Qué quiere? Solo él lo sabe porque la política exterior económica es mero cantinfleo.

Twitter: @diaz_manuel