En griego, lêmma tiene el sentido lógico de “premisa”. En gaélico, sluagh-ghairm —origen de slogan— significa “grito de guerra”. Dos raíces distintas del concepto moderno de lema.

Los grandes lemas políticos expresan una convicción que funciona como premisa compartida —por un pueblo, un ejército o un partido— y la convierten en un grito colectivo.

“No te dejes”, pronunciado en español por la texana Gina Hinojosa —de origen mexicano—, es un buen ejemplo: la premisa la puso su abuela y el posterior grito del electorado la llevó a ganar la gubernatura de Texas.

“La derecha, aquí no”, de la presidenta Claudia Sheinbaum, es también una premisa —la que sintetiza los logros de ocho informes de gobierno de la 4T que el pueblo no necesita que le repitan: los conoce— y, al mismo tiempo, representa una frase que la gente beneficiada por dos gobiernos de izquierda puede utilizar como grito de combate democrático en defensa de aquello que las clases conservadoras intentan destruir. Es un grito que marca una frontera ideológica, como el “No pasarán” de la Guerra Civil española.

Hay lemas que no necesitan explicarlo todo: basta con pronunciarlos para entender su significado. Ahí está el entimema aristotélico: lo que la frase calla, el pueblo lo completa.

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El entimema de Aristóteles es un razonamiento que puede omitir una premisa porque la gente ya la conoce o la acepta. No es necesario decirlo todo: quienes escuchan completan lo que falta, por complejo que sea.

Un buen lema no inventa lo esencial. Solo pone nombre a algo que la gente ya siente, piensa o sabe, pero que no había expresado con palabras capaces de convertirse en una consigna colectiva.

Por eso el “No te dejes” de Gina Hinojosa llegó tan lejos. No nació en una agencia de publicidad, sino de los diálogos de la gobernadora electa de Texas con su abuela.

Un lema anterior de Sheinbaum, “Es Claudia”, funcionó porque respondió a una pregunta que estaba en el aire antes de que Morena decidiera su candidatura presidencial para 2024.

En 2023 la pregunta era: “¿Quién?”. Y la consigna se contestaba con una afirmación: “Debe ser Claudia Sheinbaum la candidata”.

“Es Claudia” funcionaba como respuesta. No explicaba un programa, no sintetizaba propuestas, no contaba una historia. Decía un nombre, el inevitable.

Ahora, en el segundo tercio de su sexenio, las preguntas importantes para el gobierno de Sheinbaum son otras. La primera: “¿Quién no?”. Es decir, quién no debe llegar al gobierno. Enseguida viene la cuestión de fondo: “¿Por qué continuar con la 4T y no volver a lo de antes?”.

De ahí la fuerza de “La derecha, aquí no”: responde a la primera pregunta —la derecha no— mediante una negación contundente. Pero contiene también una respuesta a la segunda. Veamos.

La presidenta Sheinbaum relacionó la frase con los programas del Bienestar, los aumentos al salario mínimo, las escuelas, los hospitales y otras realizaciones de la 4T.

En principio, el lema y la enumeración de logros se complementan. Sin la enumeración, el lema podría quedarse en un rechazo. Sin el lema, la enumeración sería simplemente otro informe de gobierno.

Lo interesante de “La derecha, aquí no” es que se entiende como una síntesis de ocho informes de gobierno: seis de Andrés Manuel López Obrador y dos de Claudia Sheinbaum.

No necesita repetir los logros que, para quienes se han beneficiado de ellos, están implícitos. El entimema aristotélico, pues.

La consigna fija con claridad una frontera política cuya legitimidad debe sostenerse todos los días con resultados de gobierno.

La derecha representa el pasado priista y panista al que el pueblo no desea volver. El lema calla las razones para evitar el retroceso porque la gente las conoce: subió el salario mínimo, aumentaron las becas y las pensiones, se construyeron obras públicas, etcétera.

La frase recuerda las verdades que el pueblo ha escuchado en ocho informes de gobierno y en miles de mañaneras.

Ocho informes de gobierno caben en cuatro palabras porque el pueblo pone el resto. Pero no es la única virtud del lema. Hay otras:

  1. Es corto y se puede gritar. Son cuatro palabras con ritmo, útiles para un mitin, una barda, una conversación o una publicación en redes sociales.
  2. Tiene un eco de consigna. Tal como lo expresó Sheinbaum el viernes: “Aquí no, aquí no”.
  3. Nombra al adversario sin utilizar las siglas de los partidos opositores, sin identificar al coro de columnistas que calumnian, sin mencionar a grupos empresariales decididos a que naufrague la 4T, sin meterse con gobiernos extranjeros que desean el viraje de México hacia el conservadurismo. Su virtud es que emplea una categoría ideológica, la derecha, con una larga historia de abusos perfectamente conocida.
  4. El “aquí” lo hace territorial. “Aquí, en México, no”.
  5. Se relaciona con políticas concretas. No se presentó solo como una declaración ideológica. Sheinbaum la vinculó con programas sociales, salarios, educación, salud…
  6. Sintetiza una identidad colectiva. La frase reúne experiencias, preferencias y recuerdos de décadas de lucha.

Las grandes consignas históricas

1. “Molon labe” (“Ven a tomarlas”). El lema como desafío. Cuando el poderoso rey persa Jerjes exigió a los griegos entregar las armas, la respuesta del espartano Leónidas fue “Ven a tomarlas”. Palabras que han sobrevivido durante 25 siglos.

2. “SPQR”, Senatus Populusque Romanus (“El Senado y el pueblo romano”). Abreviatura y símbolo de identidad colectiva.

3. “In hoc signo vinces” (“Con este signo vencerás”). El lema como señal divina. Se atribuye al emperador Constantino.

4. “Deus vult” (“Dios lo quiere”). El lema como convicción religiosa, previo a la Primera Cruzada.

5. “Liberté, égalité, fraternité” (“Libertad, igualdad, fraternidad”). El lema de la Revolución francesa.

6. “Mir, zemlyá, jleb” (“Paz, tierra y pan”). Consigna de la revolución bolchevique, entendida por una sociedad que no necesitó leer a Marx para ir a la batalla.

7. “Sufragio efectivo, no reelección”. Lema maderista de la Revolución mexicana que identificaba a un régimen antidemocrático y a su contrario. Algo que consigue “La derecha, aquí no”.

8. “Tierra y libertad”. Lema del anarquismo europeo y del magonismo mexicano que fue bandera del zapatismo.

9. “El pueblo unido jamás será vencido”. Símbolo internacional de solidaridad y resistencia.

10. “Sí se puede”. Lema de Dolores Huerta durante la movilización de los trabajadores agrícolas en Arizona, en 1972. Barack Obama lo retomó muchos años después: “Yes we can”.

11. “Nunca más”. El lema como memoria. Después de la dictadura en Argentina, esas dos palabras se convirtieron en emblema de verdad y justicia.

12. “Por el bien de todos, primero los pobres”. El lema como jerarquía de prioridades éticas y económicas. La expresión más reconocible de AMLO.

“La derecha, aquí no” establece una frontera política e ideológica y va más allá: es un resumen de la experiencia acumulada desde 2018 y aun de los antecedentes de la lucha de la izquierda durante tantos años duros.

La frase de Sheinbaum se entiende en tres tiempos. El pasado: aquello a lo que no se debe regresar. El presente: los resultados de los dos gobiernos de la 4T. El futuro: la voluntad de continuar con el proyecto y alcanzar nuevos objetivos.

Desde luego, ninguna frase sustituye a los hechos. Para que tenga sentido la consigna “La derecha, aquí no”, la presidenta Sheinbaum debe seguir gobernando correctamente. Y no deben fallar las personas más eficaces de su equipo: el general Ricardo Trevilla Trejo (Defensa), Omar García Harfuch (Seguridad), Rosa Icela Rodríguez (Gobernación), David Kershenobich (Salud), Leticia Ramírez (Bienestar), Sergio Salomón Céspedes (Migración), Zoé Robledo (IMSS)…

Y deben seguir defendiendo principios quienes, desde poderes distintos del Ejecutivo, representan la nueva realidad política de México, como el abogado mixteco Hugo Aguilar Ortiz, presidente de la SCJN, y su compañero en ese cuerpo colegiado, el ministro Giovanni Azael Figueroa Mejía, o el hombre que da sustento material a la actual judicatura, Néstor Vargas Solano.

Además de que los y las eficientes sigan haciendo con propiedad su trabajo, resulta absolutamente necesario seguir limpiando la casa. La fumigación del INE puede y debe ser el proemio de higienizaciones profundas en muchas otras estructuras que siguen infectadas por la corrupción del pasado.