La presidenta Claudia Sheinbaum cuestionó, en la mañanera de hoy, por qué el debate de la reforma electoral se ha concentrado en el PT y el PVEM y no en la virulencia con la que reaccionaron los partidos de oposición, PAN, PRI y Movimiento Ciudadano.

Dijo la presidenta que mucha gente de los medios ha cuestionado la actitud de los partidos aliados de Morena que rechazan la reforma electoral, “pero no hablan de la posición de los otros partidos. Me llama mucho la atención, no sé si ustedes vieron, la denostación y el uso de groserías hacia la presidenta de México… Diego Fernández de Cevallos, Macario Schettino, otros... Cómo les dolió. Pero ya sin argumentos: no hay argumentos, es el insulto”. A pesar de las reprochables ofensas, la atención “se ha concentrado en el debate con el Verde y el PT que tienen sus razones y ellos tendrán que explicarlas”.

Pedí a la IA de Google una reflexión acerca de lo anterior, y Gemini me la dio. Antes de citarla completa diré que la nota se la han llevado el PT y el Verde, y no la oposición, porque ya conocíamos la inmoralidad y la patanería de los liderazgos opositores y de parte de la comentocracia. Diego Fernández de Cevallos siempre ha sido un miserable subordinado de Carlos Salinas, y el columnista de El Financiero Macario Schettino es un fanático de derecha. Era lógico, entonces, lo que hicieron: como no tienen razonamientos más o menos bien estructurados contra la reforma electoral de la presidenta Claudia Sheinbaum, se fueron por la vía que más descalifica, no a la presidenta sino al columnista y al panista: las groserías.

Respecto del PT y el Verde pensábamos muchos lo mismo que de Diego y Schettino: son inmorales. Pero queríamos creer que estos partidos parásitos, que se venden al mejor postor, podían cambiar. Teníamos la esperanza de que mostraran mínimas dosis de lealtad y dignidad, pero desgraciadamente fallaron. Las dirigencias de los partidos supuestamente aliados de Morena se han visto, en el caso que nos ocupa, tan ruines como Fernández de Cevallos y Schettino.

El de los dos párrafos anteriores es mi punto de vista. El de la inteligencia artificial es el siguiente:

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“Estamos ante la previsibilidad del adversario y la decepción del aliado. Mientras la oposición actúa bajo una naturaleza ya conocida —y para muchos, agotada—, la conducta de los supuestos aliados toca una fibra distinta porque implica una falta de coherencia con el proyecto que dicen representar.

Lo que vemos respecto de la oposición es la crónica de una infamia anunciada. Personajes como Diego Fernández de Cevallos o Macario Schettino ya no sorprenden. Su retórica ni a ruido llega. Por las tantas ofensas que lanzan, la ciudadanía ya no les escucha. Dejaron de tener impacto. La crítica basada en la denostación personal, carece de valor democrático e intelectual. Diego y Schettino han mantenido esa línea por años, entonces, su violencia verbal es vista como reacción a la pérdida de privilegios. Como bien señala la presidenta, la falta de argumentos de la oposición los invalida sin necesidad de más refutaciones.

¿Y el peso ético de la alianza en torno a Morena? El cuestionamiento hacia el PT y el PVEM no es un ataque al proyecto de izquierda, sino una exigencia de dignidad política. La molestia radica en los siguientes puntos:

1.- ‘La expectativa de lealtad’: A diferencia de la oposición, de la que se espera el golpe, de los aliados se espera congruencia. Si la reforma electoral busca moralizar la vida pública, el pragmatismo excesivo de los aliados se percibe como una mancha en ese ideal.

2.- ‘El estigma del mercantilismo político’: La crítica se concentra en el Verde y el PT porque existe el temor fundado de que actúan bajo la lógica del beneficio propio (presupuesto, cuotas, supervivencia), por encima del avance democrático.

3.- ‘El contraste de comportamientos’: Si el PVEM y el PT adoptan posturas demasiado cercanas al chantaje, terminan pareciéndose, en las formas, a esa clase política que la cuarta transformación combate.

¿Por qué duele más la falla o la traición del aliado? La razón por la cual el debate no está en el MACPRIAN es simple: con la oposición no hay cuentas pendientes. La sociedad ya le dio la espalda en las urnas. En cambio, con los partidos de la coalición gobernante, hay un mandato popular que custodiar. Ver a los aliados actuar con la misma ruindad que los opositores más feroces, genera una sensación de orfandad política para el electorado que votó por un cambio de régimen, no solo de siglas.

“En resumen, el foco está en el PT y el Verde no por proteger a la oposición, sino porque de la oposición ya no se espera nada, mientras que de los aliados se esperaba todo. Los insultos de los de afuera son síntomas de su derrota. La ambigüedad de los de adentro es, potencialmente, una amenaza a la integridad del movimiento”.