La figura de Claudia Sheinbaum tiene una enorme influencia, no solo a nivel nacional, sino también internacional. Al consultar encuestas y metodologías, nos hemos percatado de que, por mucho, la presidenta ha superado todas las marcas que impuso López Obrador en su momento. Eso, desde luego, enmarca la era de las mujeres, lo mismo que su potencial para tomar el timón en responsabilidades mayúsculas como manejar las riendas de un país que, de norte a sur, tiene enormes desafíos; sin embargo, lo que realmente ocupa a la mandataria es seguir profundizando acciones que mejoren la perspectiva en todas las materias y áreas de oportunidad.

Sobra decir que el principal objetivo de Sheinbaum se ha cumplido al pie de la letra. Ella, por ejemplo, ha destacado en darle profundidad a la seguridad social, lo mismo que la multiplicación de los programas de asistencia a través de iniciativas de enorme sensibilidad. Hay, debido a la labor, una inmensa relación entre la semblanza de la jefa de Estado y la gente.

Es un estallido social a favor de la presidenta de México. Tan solo la presencia de Claudia, a nivel nacional, sigue aumentando. Nos podemos dar cuenta de que los números son altamente notables en comparación con otros exmandatarios. Hoy vemos a un territorio en constante movimiento, sobre todo en el corazón de un proyecto de transformación humanista como el de la 4T. De hecho, la inmensa mayoría de la gente acepta que existe una alternativa distinta a las que otras expresiones ofrecieron durante décadas. Antes, por ejemplo, no dejábamos de arrastrar problemas: inflación, crisis, inseguridad, desempleo. Inclusive, la derecha, de manera cínica, jamás aceptó la viabilidad de los programas sociales que, para ellos, resultaron innecesarios e inviables. En muchísimas entrevistas, personajes impresentables como Vicente Fox calificaban estas acciones como prebendas. Ante esas vergonzosas posturas, actores como ellos han dejado de tener un papel influyente.

Quien tiene mayor peso en la importancia de una agenda nacional, por supuesto, sigue siendo la presidenta constitucional de México. A nivel Latinoamérica, por ejemplo, rebasa a figuras mediáticas como el presidente de El Salvador. Bajo esa supervisión, obviamente, están metodologías de mucho reconocimiento por su labor. Comprobar eso, desde luego, lo podemos ver en todos los medios de circulación. Tenemos en nuestro poder esos números y, por ende, vemos cómo la oposición sigue sumergiéndose en la mediocridad. El terror de la derecha, valga la redundancia, sigue siendo la figura de Sheinbaum. Por más esfuerzos que haga el PRIAN, no son suficientes, máxime por los tropiezos que han impedido a la oposición dar ese salto a la competitividad.

Y hoy, con un México más democrático y con mayor justicia social, el nombre de la presidenta sigue afianzándose. Lo más importante de ello es que nos ha traído y llevado atestiguar momentos históricos que pasarán a la posteridad. De ninguna manera cambiaremos lo que hoy nos ha tocado vivir porque es realmente alucinante. Si nos detenemos un poco en esa labor ardua de una mujer de entrega y lucha como Sheinbaum, podemos ver el impacto que sigue provocando en todas las entidades del país. Basta ver las giras que lleva a cabo para calibrar el grado de impresiones a favor.

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Ese buen funcionamiento, inclusive, irradia en todas las secretarías de Estado que han entendido a la perfección qué es lo que busca Claudia, básicamente cuando comprende muchos temas y desafíos. La propia experiencia, a lo largo de estas décadas, nos ha hecho énfasis en que es indispensable trabajar y tomar buenas decisiones para que la legitimidad hable por sí sola. Por eso el momento marca la consagración de un proyecto de nación humanista que nos une. Con esos liderazgos es probable que las marcas sigan rompiéndose. Como sabemos, México alcanzó cifras superiores de inversión y exportación. De los dos primeros, desde luego, hay que aludir al gran olfato de Claudia para negociar con su homólogo de los Estados Unidos, Donald Trump.

Por eso, el grueso de los mexicanos no ha dudado ni un segundo en ratificar el respaldo a la presidenta constitucional. Sus buenos resultados, por ejemplo, se ven reflejados en las propias encuestas de opinión. Solo para poner un ejemplo, Guerrero es la entidad que más respaldo le brinda a la mandataria. Hablamos de que el 82% de los ciudadanos de ese punto creen fielmente en la agenda de labores de la jefa de Estado. Eso, a la par, nos dice que la coordinación con las autoridades estatales es de primera. Siendo así, podemos decir que las raíces más sólidas y fuertes se encuentran en el enclave guerrerense. En ese orden, con el 76.4%, le sigue Chiapas. De hecho, es bien sabido que el sur ha dado un cambio al paradigma desde que se le inyectó más obra e infraestructura, lo mismo que programas de educación, en los que se involucran autoridades nacionales, estatales y municipales para construir espacios de enseñanza y aprendizaje.

En ese orden, de más a menos, les siguen entidades como Tabasco, Coahuila, Durango, Quintana Roo, Nayarit, Sonora y Michoacán. En todos ellos, por cierto, Claudia supera el 65% de aprobación. Diría, sin exagerar, que es verdaderamente impresionante porque se actúa con base en las necesidades de una sociedad que sigue y le seguirá apostando al proceso de transformación que cumple lo que promete en campaña. Por cierto, en esta lucha social continúan apareciendo figuras de peso en cada una de las secretarías de Estado. Todas, a propósito, son también pilares de esta enorme estructura.