Identifico los siguientes retos de uno y otro lados:
La coalición gobernante (Morena, PT y PVEM) debería mantenerse como tal, en el entendido de que los costos a pagar pueden ser muy altos, incluidas gubernaturas deseables, al grado que pueden arriesgar su viabilidad, en particular en los próximos días y semanas en los que se negocie y apruebe la reforma electoral.
A las naturales ambiciones de cada formación política debería corresponder su moderación táctica para continuar compartiendo la conducción del país bajo condiciones muy complejas, internas y externas.
A las conquistas y reivindicaciones ya logradas y hasta constitucionalizadas debería seguir más bien su consolidación gubernamental, administrativa y, sobre todo, financiera en los mejores términos.
Reducir el financiamiento público de la política, aun cuando el monto es más simbólico que gravoso en proporcion al presupuesto federal, debe asumirse como un compromiso real de uso más eficiente de los recursos de tan poderosas organizaciones que legislan la austeridad para todo lo demás.
Limitar el pluralismo o achicar el espacio de la política, en lugar de abrir más pistas y multiplicar los juegos y discursos, puede resultar tan riesgoso como contraproducente y hasta deslegitimador.
Cuidar los perfiles y renovar sus cuadros y liderazgos luce tan necesario como el relanzamiento de gobiernos y programas locales y municipales respaldados por mejores servicios públicos y personal profesionalizado.
Mantener un ritmo pertinente del movimiento transformador es tan imperativo como imprimirle profundidad y trascendencia a sus objetivos y medios con lealtad a la vocación popular, de género, ambiental e intercultural que les caracteriza.
Por el lado de los no coaligados, que no siempre se asumen como oposiciones, es urgente iniciar o concluir con sus reflexiones evaluativas para comprender y declarar sus responsabilidades durante el ciclo neoliberal, presentar un buen corte de caja y un replanteo pertinente de proyectos y estrategias, más que repetir ad nauseam el estribillo antipopulista.
Un examen y apreciación correctas del nuevo contexto social y político y de las reglas que han cambiado y les afectan debe inspirarles para adaptarse, operar e influir en el sistema en reconformación y así competir con probabilidades de ganar, al menos en el largo plazo.
Por el contrario, aferrarse a las fórmulas de hace décadas que cumplieron su función, basadas en pactos entre actores reconocidos pero ya no relevantes, y algunos ya no presentes, parece tan nostálgico como ineficaz. Como dijo el sabio: glorias pasadas no dan triunfos actuales.
Finalmente, es clave que todos los actores de la trama observen y valoren con objetividad que en diez años el contexto sociopolítico mutó radicalmente, que la gente y la ciudadanía a unos les retiró y a otros les depositó su confianza, pero que esta, por lo mismo, no es ciega, eterna o inmutable, de tal forma que recuerden, unos y otros, que “la confianza mató al gato”.

