Cada que cierran una librería me da mucha tristeza. Ahora cerraron la librería a la que acostumbraba ir con mi hermano. Siempre estamos apostando a ver quién le compra libros al otro, un juego que hoy se queda sin su escenario habitual.

Estamos tan clavados en nuestros teléfonos, haciendo scroll infinito, que si tan solo le dedicáramos unos minutos a la lectura en lugar de a las pantallas, no se cerrarían librerías, al contrario, se abrirían cada vez más. Me considero una persona muy digital, pero para la lectura no cambio por nada un libro físico. Esa sensación de ir por un libro y salir con varios, el olor tan peculiar de los pasillos y de las páginas, el contacto físico con el papel... es algo que no sé cómo explicar, pero que se siente en el alma.

Esta pasión por la lectura no es casualidad, es la que siempre nos ha enseñado mi papá con su ejemplo. Ojalá en cada hogar hubiera ese mismo gusto. Para mí, leer es como meditar o hacer ejercicio, me permite desconectarme de todo el ruido exterior y conectarme con otros mundos.

Por eso, reconozco profundamente el maratón por la lectura que ha impulsado Abraham Carro desde el Instituto Mexicano de la Juventud, porque abre espacios urgentes para rescatar este hábito. Juntas y juntos impulsemos la pasión por la lectura.

Jennifer Islas. Política y conferencista.

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