Clara Luz Flores debió haber sido gobernadora de Nuevo León hace cinco años. Ella era la candidata natural del PRI, pero el priismo local no la quiso. No sé si por problemas suyos o de su marido, el muy polémico —¡y muy cuestionado!— Abel Guerra. El hecho es que no tuvo una oportunidad en el PRI.
Abandonó, así, el viejo partido en febrero de 2020, después de 22 años de militancia, cuando era una de las figuras mejor posicionadas en las encuestas. Fue injusto, seguramente, pero nadie podría garantizar que la justicia exista en la disputa política.
Creo que si Clara Luz Flores hubiese sido candidata del PAN habría podido ganar la elección de gobernador de 2021. Y con facilidad. Porque el PAN, a pesar de su crisis nacional y local, es un instituto político todavía con suficiente prestigio en Nuevo León gracias a viejos panistas honestos y demócratas como Fernando Canales Clariond y Herminio Gómez —este militó en Acción Nacional y ahora simpatiza con Morena—.
Pero Clara Luz no se atrevió a ir por el PAN. Me dicen que su marido la convenció de no ir por ahí. ¿Es misógino lo que estoy diciendo? Espero que no. Si lo fuera, pediría disculpas y aceptaría cualquier castigo que se me impusiera.
Lo cierto es que, en 2021, Clara Luz decidió aceptar la candidatura de Morena a gobernadora de Nuevo León y le fue muy mal. Por varias razones.
Una de tales razones: Clara Luz denunció por violencia política de género al comediante regiomontano Marco Polo, conocido por sus parodias políticas. ¿Qué provocó eso? Que numerosos comediantes se le pusieran en contra y que la candidata fuera acusada de censura. Grave error.
Su marido, Abel Guerra, no ayudó a Clara Luz desde antes de la candidatura. Abel, viejo político priista, llegó a decir: “La gente vota por Clara porque es mi esposa”. Hay videos de eso. Pecado mortal en tiempos de mujeres.
Y el tiro de gracia llegó cuando, en una entrevista con Julio Hernández López, Astillero, el 10 de marzo de 2021, ella negó conocer personalmente a Keith Raniere, líder de la secta NXIVM, condenado en Estados Unidos a 120 años de prisión por delitos espantosos, entre ellos explotación sexual.
Después de que ella negara conocer a ese delincuente, el entonces candidato del PRI, Adrián de la Garza, difundió un video de 2016 en el que Clara Luz aparecía conversando larga, animada y amistosamente con el siniestro personaje. Esto fue devastador para la campaña de la morenista.
El hecho es que Clara Luz perdió, y por mucho. Empezó siendo la favorita y terminó en último lugar.
Pienso que por el PRI o por el PAN, Clara Luz Flores habría ganado la gubernatura, desde luego sin cometer tantos errores… y sin las actitudes machistas de Abel Guerra.
Clara Luz no mintió sobre Raniere por ser ella una mala persona. Mintió porque le daba vergüenza haber conocido a un tipo tan desprestigiado. Se equivocó.
Clara Luz no fue competitiva en 2021. Como se dijo, concluyó en cuarto y último lugar entre las principales candidaturas, con apenas el 14% de la votación.
Después de aquella derrota, Clara Luz reconstruyó su carrera política. En junio de 2022 fue nombrada titular del secretariado ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública. Posteriormente ocupó la titularidad de la Unidad de Asuntos Religiosos de la Secretaría de Gobernación, cargo que dejó en mayo de 2026.
Trabajó intensamente, mantuvo su nivel de conocimiento en Nuevo León y ganó la encuesta de Morena para convertirse en la casi segura candidata. Pero un casi a veces todo lo invalida.
No me voy a meter con la encuesta de Morena. No haré mías las críticas de Tatiana Clouthier, Waldo Fernández y Andrés Mijes, rivales de Clara Luz Flores.
Pero el hecho es que, tristemente, su probable candidatura fue recibida muy mal en Nuevo León. He visto encuestas en las que Clara Luz aparece muy por debajo de las preferencias que Morena llegó a tener como partido. Una medición a la que tuve acceso, que me parece confiable, la ubica en alrededor de siete puntos. ¡Una catástrofe!
Para colmo, sus rivales más importantes, Waldo Fernández, Andrés Mijes, Judith Díaz y Tatiana Clouthier, están en pie de guerra y ya dijeron que no la aceptan y que van a hacer todo lo que puedan para que haya un cambio en la candidatura.
Hoy, martes 13 de octubre, estas cuatro personas militantes de Morena expresaron públicamente su desacuerdo con que Clara Luz aparezca en las boletas de 2027.
Por ahora Clara Luz es coordinadora de los Comités de Defensa de la Cuarta Transformación, no candidata formalmente registrada. Y los inconformes recuerdan que existen antecedentes de coordinadores que finalmente no llegaron a las candidaturas.
Creo que, independientemente de a quién favoreciera una decisión radical pero honesta, que la engrandecería, Clara Luz debería, antes de que Morena la obligara a retirar sus aspiraciones, dar una lección de dignidad personal y renunciar a una candidatura que ganó en un proceso que voy a pensar fue legítimo, pero que no unificó a Morena en Nuevo León, sino que lo dividió.
Y, peor aún, hay mediciones que sugieren un problema serio: la intención de voto por Clara Luz es considerablemente menor que la preferencia por Morena como partido. Pareciera que su designación generó por sí sola una caída de más de diez puntos.
Esta es una oportunidad para que la izquierda dispute seriamente el gobierno de una entidad tradicionalmente conservadora y de derecha como Nuevo León. Con Clara Luz las posibilidades evidentemente disminuyen.
Nadie que reemplace a Clara Luz, y creo que por el bien de Morena eso tendría que ocurrir —ni Waldo Fernández ni Andrés Mijes ni Tatiana Clouthier—, la tendría fácil frente a un muy poderoso candidato del PRI y del PAN, Adrián de la Garza, alcalde de Monterrey, quien arranca como favorito.
Ni tampoco la tendría fácil nadie de Morena frente a la esposa del gobernador Samuel García, Mariana Rodríguez, cuya eventual candidatura abriría una discusión sobre el nepotismo político, pero que no le quitaría nada de su fuerza a esta mujer.
Si no se resuelve pronto este conflicto interno, podría haber consecuencias graves para Morena en Nuevo León. No quisiera pensar que se volvería a las elecciones de antes, en las que la izquierda neoleonesa obtenía votaciones de un dígito, es decir, debajo de 10%, ¡debajo de diez puntos!
Clara Luz es joven, tiene 52 años. Con una actitud digna de hacerse a un lado y continuando su trabajo a nivel federal o a nivel local, podría volver. Siempre se puede volver.
En política no hay derrotas definitivas.
Si Clara Luz hace lo que tiene que hacer, con toda dignidad para ella, 2033, esto es, la siguiente elección de gobernador, podría ser para ella la tercera y la vencida para llegar a gobernar tan importante entidad federativa.


