México cerró 2025 con un crecimiento económico de 0.7%, de acuerdo con las cifras oportunas difundidas por INEGI y retomadas por SHCP. El dato, por sí mismo, no describe una crisis, pero sí define un escenario: una economía que se mueve, pero no avanza; que evita la recesión, pero no genera tracción suficiente para inversión productiva de largo plazo.
Cuando un país crece menos de 1%, el sistema financiero no acompaña el crecimiento: se defiende. Ajusta riesgo, cambia portafolios y privilegia aquello que puede cobrar con mayor certeza. Y ahí empieza el verdadero problema.
Reunión con banqueros: la foto incompleta. Esta semana, la presidenta Claudia Sheinbaum se reunió con representantes del sector bancario para hablar de financiamiento a proyectos de energía e infraestructura. El mensaje es lógico: ante bajo crecimiento, el Ejecutivo busca inversión.
Pero hubo un ausente estructural: las SOFOM. No es una omisión menor ni circunstancial. Es reflejo de un problema más profundo: el universo de intermediarios financieros no bancarios en México no tiene interlocución real de primer orden. Está fragmentado, sin representación mayoritaria y sin estadísticas consolidadas. Frente al Estado, solo los bancos y los grupos financieros operan como bloque económico reconocido. El resto existe en número, pero no en peso institucional.
Crecer poco con reglas inciertas: la inversión se calcula, no se convoca
La inversión no responde a discursos ni a reuniones. Responde a certeza jurídica. Y hoy ese es el eslabón más débil del modelo mexicano.
El grupo político gobernante opera con mayoría y velocidad. Eso, en sí mismo, no sería un problema si viniera acompañado de un Poder Judicial funcional, técnico y creíble. Pero la realidad cotidiana —federal y local— es otra: exceso de formalismo, evasión del estudio de fondo, plazos dilatados hasta el absurdo, recursos dilatorios encadenados, y costos procesales que funcionan como castigo.
Esto no es retórica. Para el sector financiero tiene un nombre preciso: riesgo de ejecución. Y el riesgo de ejecución encarece el crédito, reduce el fondeo y ahuyenta la inversión productiva.
El resultado: crédito productivo débil, crédito fácil dominante. En un entorno de baja certidumbre jurídica, el capital se mueve hacia donde puede controlar la cobranza:
- Consumo de alto margen
- Créditos personales y microcréditos con tasas extremadamente elevadas, donde el riesgo se compensa con precio y mecanismos automáticos de cobro.
- Hipoteca residencial concentrada
- Limitada a zonas metropolitanas con plusvalía, mercado profundo y ejecución relativamente más clara.
- Crédito corporativo
- Para empresas grandes, con abogados internos, garantías complejas y capacidad de litigar durante años.
Lo demás —el crédito productivo regional, a PyMES, con garantías reales pero ejecución incierta— queda marginado. No por falta de demanda, sino por falta de sistema.
Infraestructura, trenes y realidad operativa
Los planes de infraestructura del gobierno son ambiciosos. Pero los accidentes ferroviarios recientes, junto con la baja demanda de pasajeros en algunos proyectos, evidencian un riesgo que el capital privado no ignora: operación y mantenimiento. Sin seguridad operativa, la inversión se protege: exige mayores rendimientos, contratos más duros o simplemente no participa. La narrativa no sustituye a la ejecución.
Venezuela, Trump y la competencia por capital
En 2026, Venezuela vuelve a aparecer en el radar internacional tras señales de apertura, flexibilización y atracción de inversión bajo una lógica de Estado de derecho “mínimo funcional”. Al mismo tiempo, Donald Trump impulsa una agenda agresiva de certidumbre para capital y energía en EE.UU.
Eso no significa que México quede fuera, pero sí que compite por atención y capital. Y en esa competencia, la inseguridad jurídica, la corrupción percibida y el cierre del gobierno a interlocutores no alineados restan atractivo.
Pemex: el lastre persistente
Pemex sigue arrojando malos resultados financieros, presionando al erario y contaminando la percepción de riesgo país. Sin un cambio de esquema claro, su situación seguirá siendo un factor de incertidumbre estructural para inversión y finanzas públicas.
Pies en la tierra
Con una economía creciendo al 0.7%, el mensaje para el sector financiero es claro: No es momento de acelerar a ciegas. Es momento de gestionar riesgo, proteger capital y exigir certeza.
Mientras el Estado de derecho siga siendo más propaganda que realidad, el crédito productivo no despegará. Y sin crédito productivo, no hay crecimiento sostenible.
Agenda mínima en 5 puntos (si se quiere cambiar la trayectoria)
1. Poder Judicial
Especialización real en ejecución, plazos razonables, sanción al abuso procesal y estudio de fondo. Sin esto, no hay crédito.
2. Banco de México
Incorporar seriamente a los intermediarios no bancarios en el análisis de transmisión monetaria y riesgo sistémico. Medir para corregir.
3. SHCP
Dejar de contar figuras legales y empezar a segmentar por objeto económico. Fondeo condicionado a ejecución y territorialidad.
4. CNBV y CONDUSEF
Supervisión proporcional al riesgo y al modelo de negocio. Menos carga burocrática, más información útil.
5. Mercado de valores y banca de desarrollo
Canales reales para fondeo de intermediarios productivos medianos, no solo para grandes corporativos o consumo.
México no necesita más discursos ni más reuniones. Necesita certeza, ejecución y sistema. Sin eso, crecer al 0.7% dejará de ser un dato coyuntural y se convertirá en normalidad estructural.
Mario Sandoval. CEO FISAN SOFOM ENR. Banquero y abogado con más de 30 años de experiencia profesional a nivel directivo.



