Mientras México pierde las mayores oportunidades de convertirse en una potencia e ir a la vanguardia en el proceso de transición energética en el continente americano, las autoridades del sector como la secretaria de Energía, Rocío Nahle, Manuel Bartlett, director de la CFE y Octavio Romero de Pemex, pasan el tiempo tratando de empoderarse política y económicamente y hundiendo al país en deudas y dependencia.

Gran potencial

Mucho se habla y está comprobado, que nuestro país tiene lo necesario para ser una potencia energética. En producción de energías renovables, México goza de alta radiación solar que bien podría aprovecharse para paneles fotovoltaicos; tenemos grandes extensiones de territorio donde el viento se convierte en aliado para la generación eléctrica e importantísimos yacimientos de litio, mineral necesario para producir las baterías que se utilizan en movilidad sustentable, computadoras y celulares, cuyo valor se eleva al existir pocos yacimientos a nivel mundial, un dato que no escapó del gobierno que en su iniciativa de reforma energética consideró recuperar el control sobre su explotación.

Contamos con la infraestructura en transporte de gas natural para importar y distribuir el gas más barato del mundo. Solo por citar un pequeño dato, durante la pasada administración de Enrique Peña Nieto se duplicó la capacidad de transporte de gas natural, al pasar de poco más de 10 mil kilómetros de ductos a más de 21 mil kilómetros, cubriendo casi todo el territorio nacional.

Lamentablemente, la política energética, si es que así se le puede llamar, ha frenado el desarrollo del país. Las subastas de energías renovables fueron canceladas dejando a México sin crecimiento en esa materia, lo que ahora presumen es el resultado de subastas que venían de la administración anterior.

Se limitó o canceló la participación privada en el sector, negando permisos de operación a parques fotovoltaicos totalmente terminados, la mayoría instalados en Sonora, Tlaxcala, Baja California y Yucatán que representan inversiones millonarias que se pudren en vez de generar energías más baratas y limpias en beneficio del pueblo de México.

Sin reglas del juego

No solo eso han hecho AMLO y su equipo, también han destruido todo el andamiaje regulatorio y el mercado de energéticos.

Ya no hay reglas claras ni certidumbre jurídica, lo que no está sujeto a la presión de Estados Unidos y Canadá para que se respeten los principios jurídicos y acuerdos del T-MEC, fue sustituido por acuerdos discrecionales y otorgamiento de permisos a empresas que les “llegan al precio”.

Un ejemplo de ello es el gaseoducto submarino que va de Tuxpan a Dos Bocas y que favorece a dos empresas, una canadiense, Transcanadá y otra estadounidense, SempraEnergy donde CFE funge como intermediaria y participan a trasmano de la esposa de Manuel Bartlett y Miguel Reyes, operador de la familia y encargado de autorizar los proyectos en CFE.

Por otro lado, hacer las plantas de regasificación en Coatzacoalcos, Lázaro Cárdenas o Guamas no tiene sentido económico o energético, simplemente sirven para que Sempra Energy pueda colocar sus inventarios de gas natural en el mercado europeo o asiático.

La necedad

AMLO y su equipo han puesto al país en el dilema de respetar o no las reglas del T-MEC y a pesar de las consultas que iniciaron el año pasado, que se prorrogaron para evitar llegar a los paneles de controversias, y de las insistentes visitas de altos funcionarios de Estados Unidos y Canadá, se han topado con pared.

Pemex es la empresa petrolera más endeudada de toda Latinoamérica y casi del mundo. Ha caído la producción de petróleo y la cancelación de las rondas y de los contratos de alianzas con empresas privadas, han dejado en una situación caótica al sector de los hidrocarburos.

Dos Bocas es un verdadero fracaso. En 2019 AMLO y Nahle anunciaron que costaría ocho mil millones de dólares y que para estas fechas estaría produciendo gasolina para evitar la importación, sin embargo, actualmente, se han gastado más del 21 mil millones de dólares y no se ha refinado ni un solo barril de petróleo.

La CFE prometió bajar el costo de la electricidad y cubrir la demanda nacional, pero, por el contrario, su cobertura disminuyó al cancelarse las subastas y el marco regulatorio empieza a tener problemas de endeudamiento.

Para colmo, la titular de Energía, Rocío Nahle tomó la dependencia como su “caja chica” para buscar postularse como candidata de Morena en Veracruz, cosa que la ha distanciado de AMLO quien ya piensa en otra opción para Morena y terminará pasando lo mismo que en Coahuila y Estado de México, pleitos, disidencias y oportunistas que buscarán opciones en otros partidos.

La crisis del sector energético es fiel reflejo del fracaso de un gobierno al que solo le interesa el control político, no México, los mexicanos, ni mucho menos su bienestar.

Twitter: @diaz_manuel