El Día Mundial del Corazón nos invita a reflexionar sobre la importancia de cuidar nuestro motor vital. La prevención, la detección oportuna y un diagnóstico a tiempo hacen la diferencia entre la vida y la muerte. Tristemente, no podemos hablar de salud cardiovascular sin mirar de frente las profundas desigualdades de nuestro entorno. La realidad es que no todas las personas tienen acceso a acudir con un cardiólogo ni a recibir atención médica especializada de forma oportuna. Mientras que para algunos un chequeo de rutina es parte de su agenda anual, para millones de familias representa un gasto inalcanzable o una larga lista de espera en sistemas de salud saturados.
Es fundamental recordar que la salud es un derecho humano y por desgracia aún no ha sido garantizada en su totalidad. Las enfermedades del corazón no discriminan, pero las oportunidades para combatirlas sí. El origen socioeconómico o el lugar donde se vive no deberían determinar la expectativa de vida de un ser humano, como tampoco debería hacerlo el género.
A la brecha económica se suma una alarmante desigualdad entre mujeres y hombres en la detección. Históricamente, la medicina ha catalogado el infarto como un problema predominantemente masculino, provocando que los síntomas en las mujeres sean frecuentemente minimizados, subdiagnosticados o confundidos con crisis de ansiedad y estrés.
Como consecuencia directa de este sesgo de género en la práctica médica, las mujeres tardan más en buscar ayuda, son diagnosticadas más tarde, reciben menos estudios específicos y enfrentan una mayor tasa de mortalidad tras un evento cardiovascular. No podemos seguir normalizando que la supervivencia dependa de la capacidad económica o del sexo de una persona.
Para transformar esta realidad, se necesita el compromiso firme de los gobiernos, las instituciones de salud y la sociedad civil para democratizar la medicina preventiva con una verdadera perspectiva de género e inclusión.
Juntas y juntos impulsemos un acceso universal a la salud cardiovascular, donde la atención médica digna, los diagnósticos tempranos y los tratamientos de calidad dejen de ser un privilegio de pocos y se conviertan en una garantía para todas y todos.
Jennifer Islas. Política y conferencista.
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