Si se hiciera una síntesis de lo ocurrido el fin de semana en Chihuahua, podría sostenerse que quien perdió la compostura fue la titular del despacho estatal de esa entidad. Lo que se observó, y que puede interpretarse como una reacción desesperada, fue la colocación de barreras para impedir la realización de la marcha. Esa situación, al menos en algunos puntos de la capital del estado, generó tensiones que pudieron escalar debido al ambiente de efervescencia que prevalecía.
No hace falta ser particularmente suspicaz para advertir que, en medio de ese clima, las estructuras políticas de Acción Nacional hicieron todo lo posible por obstaculizar la manifestación popular. Existen, a propósito de ello, razones de peso para sostener que hubo un intento de sabotaje y, además, una provocación orientada a propiciar un choque frontal. Incluso, las imágenes que circularon en redes sociales terminaron por exhibir la ofensiva que, según esa lectura, orquestó el PAN.
Al prestar mucha atención a la cadena de sucesos e imponderables que sucedieron, suena absurdo poner a trabajar una supuesta fuga de agua en donde se iba a llevar el trayecto de la movilización. También es inverosímil, por ejemplo, la toma de carreteras y el impedimento del flujo vehicular. Se pudo ver que los accesos se colapsaron por supuestas organizaciones campesinas que, en verdad, todos tenían pinta de grupos de choque, sobre todo por el tono de voz altisonante y las palabras que esbozaron a la prensa. Entre muchos de esos personajes, queda claro, se encontraban miembros activos del PAN y dependencias del gobierno estatal. Se nota que fueron movilizados con el fin de desprestigiar la marcha auténtica del pueblo.
Esta movilización, organizada con escaso margen de tiempo, puso a prueba la capacidad de convocatoria de Morena y de las bases lópezobradoristas. Su organización, además, difirió de ejercicios anteriores, pues exigió una rápida adaptación a un entorno complejo y adverso. Desde las primeras horas del sábado fue posible advertir que, pese a esas condiciones, la 4T buscaría sostener una presencia congruente con su discurso y demostrar capacidad de articulación política. Al frente se consolidaron los principales liderazgos de la entidad, acompañados por algunas de las figuras más visibles de la dirigencia nacional. Con ello, asumieron la responsabilidad de atender el llamado a defender la soberanía del país. En ese contexto, se activó una estructura de respaldo amplia que, según lo observado en diversas imágenes de la jornada, evidenció un nivel de apoyo poco común en Chihuahua.
Por todo eso que aconteció, desde luego, el PAN debe preocuparse y encender las alarmas ante el inminente proceso de transición que habrá en el ejercicio electoral del 2027. De hecho, podemos calificar la marcha como un revés y un golpe demoledor para el panismo en pleno camino de las definiciones. Tan solo en el mes de mayo, hablando de encuestadoras serias, Morena ha ido aumentando su ventaja. Hay, hasta donde sabemos, una diferencia monumental de hasta 15 puntos. A todo ello, indudablemente, podemos atribuírselo al buen desempeño de la presidenta y, de paso, a la crisis que vive el gobierno estatal de Chihuahua. Y como no es propiamente su mejor momento, creemos que lo mejor sería ir preparando una transición ordenada y pacífica hacia la causa de la Cuarta Transformación. Con mucha frecuencia pensamos en ese posible escenario, mayormente cuando tenemos el recuerdo vivo de lo que sucedió en Estado de México y Yucatán.
En esa baraja de nombres que pueden abanderar a Morena, hay varios perfiles cuya capacidad y poder de convocatoria están probados; sin embargo, todas las señales apuntan a un perfil masculino, dentro de ese equilibrio en materia de paridad de género. Eso, como muchas otras cosas, podemos ir interpretándolo como un hecho inexorable que habremos de constatar a finales de junio, cuando la dirigencia del partido haga público al coordinador de la defensa del voto, quien cargará con la encomienda de doblegar a un panismo que, desde todos los frentes, padece una severa crisis de credibilidad e identidad ante los distintos sectores de la ciudadanía. De hecho, la marcha provocó una coincidencia generalizada en torno a la urgencia de dar un giro total a las políticas públicas de Chihuahua. Más aún, Morena mostró músculo y poder de convocatoria el sábado pasado, en la marcha que hemos denominado del pueblo.
