27 de enero de 2022 | 08:45

Lección de la República Checa: sí se puede vencer al populismo

Los checos derrotan a un populista y ofrecen una hoja de ruta para derrocar a los hombres fuertes.
Andrej Babis
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Cuatro eventos europeos recientes nos indican que el populismo no las trae todas consigo:

  1. En Austria, el canciller Sebastian Kurz, que estaba a la vanguardia del populismo, renunció por un escándalo de corrupción. Niega todas las acusaciones en su contra y seguirá ejerciendo influencia; pero es un revés decisivo.
  2. Las elecciones en la República Checa asestaron un golpe inesperado al primer ministro, el populista Andrej Babis, quien ahora depende de un presidente enfermo para darle una oportunidad de aferrarse al poder.
  3. En Polonia, más de 100 mil personas salieron a las calles el fin de semana para manifestarse contra el liderazgo de Varsovia, después de que un fallo judicial planteara aún más sus dudas sobre el compromiso del país con la adhesión a la Unión Europea.
  4. En Hungría, Viktor Orban, el pionero populista de la región, enfrenta un gran reto: un grupo de partidos de oposición está en el proceso de elegir un líder que pueda encabezar un desafío electoral el próximo año. Hay encuestas que muestran que Fidesz, el partido de Orban, se ha debilitado.

Creo que, por el momento, lo más relevante es lo que ocurrió el sábado pasado en la República Checa. El primer ministro, el populista Andrej Babis, perdió las elecciones legislativas a manos de una alianza de centro-derecha. La alianza SPOLU (Juntos) integrada por los Cívicos Demócratas (derecha), TOP09 (centroderecha) y los cristianodemócratas (centroderecha), podría formar coalición con otro grupo, el Partido Pirata y el movimiento Alcaldes e Independientes (STAN), y alcanzar los escaños necesarios para tener la mayoría en el Parlamento.

Los comunistas tuvieron su peor desempeño de la historia y no superaron el 5% necesario para entrar en el Parlamento, del que no podrán formar parte, por primera vez, desde la Segunda Guerra Mundial. El conservador Petr Fiala, politólogo de 57 años, se convierte en el principal candidato a primer ministro de la República Checa.

La victoria de esta alianza parlamentaria del “bloque democrático” ofrece aliento a otras fuerzas de oposición que esperan superar a los “hombres fuertes” populistas en Europa. En los últimos días, muchos analistas han comentado que lo ocurrido en la República Checa es un manual para la derrota de los populistas y los antiliberales.

¿Cómo se encuadró la elección? Fue un referéndum sobre el desempeño del gobierno del primer ministro Andrej Babis. La oposición hizo campaña principalmente contra Babis.

Cuando se analizan las consecuencias del populismo, la elección checa nos deja tres lecciones:

  1. El populismo tiene un efecto bumerán. Andrej Babis debilitó a sus aliados y fortaleció a sus oponentes.
  2. El populismo dejó fuera a la izquierda. Los partidos de izquierda históricos registraron su peor resultado electoral y sin representación parlamentaria.
  3. El principal enemigo del populismo es la unión. La elección demostró que cuando los opositores democráticos al antiliberalismo dejan de lado sus diferencias, y se coordinan, pueden derrotar al populismo.

El movimiento político de Andrej Babis, ANO, es más bien un equipo personalista con tendencias camaleónicas. Fue construido inicialmente como una plataforma anticorrupción. El discurso de Babis se centraba en la soberanía nacional, la oposición a la UE y caricaturizaba a los oponentes políticos del partido. Tenía un lema absurdo de campaña: “hasta que mi cuerpo sea destrozado”. Se creía el defensor de la gente común, hasta su último aliento. Sin embargo, cuando analizamos la sustancia, el programa de ANO se centró cada vez más en un mayor papel del estado en los asuntos sociales, la infraestructura y la seguridad; todo ello combinado con promesas de presupuestos equilibrados y bajos impuestos.

Babis buscó aumentar su influencia sobre los tribunales, mientras se acercaba ostentosamente a líderes antiliberales como Victor Orbán, de Hungría. La decisión de apuntalar la coalición gobernante con votos comunistas, y el uso de tácticas autoritarias similares a las que había visto en Hungría y Polonia, junto con las políticas erráticas de ANO durante la pandemia de Covid-19, tuvo dos consecuencias: a) profundizó el abismo ideológico y simbólico entre el gobierno y la oposición, y b) radicalizó la posición de ANO como una fuerza política de izquierda, proto-autoritaria, asociada con el antiliberalismo.

Con todo eso, los intentos de Babis de acaparar y adquirir un control más firme del poder lo llevaron a deteriorar la relación con sus aliados y a movilizar a sus oponentes. Todo esto galvanizó una coordinación sin precedente de las fuerzas de oposición. Las fuerzas moderadas suavizaron sus diferencias y se unieron contra el antiliberalismo populista.

Fue notable la iniciativa ciudadana “Un millón de momentos para la democracia”. Era una campaña de reuniones y manifestaciones democráticas que se convirtieron en la mayor protesta desde la caída del comunismo. Esto unió a los ciudadanos con mentalidad democrática. Fue un verdadero éxito y se convertirá en un manual para la derrota de los populistas y los antiliberales.

Un elemento que ayudó a cimentar la solidaridad de la oposición durante la campaña fue el apoyo, de alto perfil, ofrecido a Babis por Viktor Orban. Los elogios que el primer ministro húngaro, y aspirante a líder espiritual del populismo antiliberal de Europa Central, fueron como el beso del diablo. Los checos no quieren ir en la misma dirección de Hungría.

El sueño de Orban, de construir una región populista antiliberal, se está topando con pared. Los hechos sugieren que la ola populista en Europa Central y Oriental está retrocediendo. Lo ocurrido en la República Checa es ahora un plan que está siendo estudiado por la oposición de Hungría.

Viktor Orban defiende la “democracia antiliberal”. Pertenece a un partido, Fidesz, que ha eliminado los controles democráticos, atacado a los medios de comunicación independientes y al Poder Judicial. Orban ha adoptado políticas de bienestar, de izquierda, para cubrir sus hostilidades contra la Unión Europea, los grupos de migrantes y los derechos de las comunidades LGBT+.

En Polonia también están leyendo con atención lo ocurrido en Chequia. La colaboración entre la oposición de centro derecha que busca deponer al partido Ley y Justicia (PiS) de Jaroslaw Kaczynski, está avanzando. Donald Tusk, ex primer ministro y presidente del Consejo Europeo, regresó a Polonia este verano para organizar la oposición. La lección checa es que el centro-derecha es clave para derrotar al populismo.

Los defensores de la democracia liberal, en todo el mundo, tratan de abrir caminos para enfrentarse a líderes nacionalistas que son capaces de avivar el miedo y presentarse a sí mismos como salvadores de las naciones. No es tarea fácil. Habían estado notoriamente divididos. Tenían que enfrentarse a maquinarias políticas bien engrasadas y bien financiadas. Los checos derrotan a un populista y ofrecen una hoja de ruta para derrocar a los hombres fuertes. La historia de éxito se está replicando rápidamente.

Los populistas parecían invencibles en Europa Central y Oriental. Parecería que había una tendencia global en donde las sociedades apoyaban a los líderes fuertes que despreciaban las normas de la democracia. Pero el sábado pasado, Babis, que parecía imbatible, fue derrotado porque los partidos de oposición dejaron a un lado sus diferencias ideológicas y se unieron para expulsar a un líder que estaba erosionado la democracia del país.

En un reportaje de The New York Times sobre las elecciones en la República Checa, los reporteros entrevistan a Otto Eibl, director del departamento de ciencias políticas de la Universidad Masaryk en Brno, capital de Moravia del Sur: “El populismo se puede vencer. El primer paso para vencer a un líder populista es suprimir los egos individuales y comprometerse en aras de lograr un cambio”.

Javier Treviño/ @javier_trevino