Las cosas como son: en el periodismo mexicano se publican denuncias con mínima evidencia. No hay excepciones. Lo hacen Proceso, Reforma, La Jornada, El Universal, las radiodifusoras y televisoras y, desde luego, es el pan de cada día en redes sociales.
Julio Scherer Ibarra, quien tuvo un cargo de relevancia en el gobierno de AMLO, no es periodista, pero creció en un ambiente como el descrito. En su naturaleza está la denuncia. También, viene al caso subrayarlo, la vocación de denunciar la tienen otras personas de la 4T: Epigmenio Ibarra, Rafael Barajas El Fisgón, Pedro Miguel, quienes durante muchos años han trabajado en empresas mediáticas.
¿Aplica la fábula del escorpión y la rana a estas personas en su relación con la 4T?
Antes de responder precisemos que los escorpiones no son ni buenos ni malos: son lo que son.
En el cuento tan famoso, el escorpión pide a la rana que lo cruce al otro lado del río. La rana tiene miedo de que la pique, pero el escorpión la convence diciéndole que, si lo hiciera, ambos se ahogarían.
Lamentablemente, a mitad del trayecto el escorpión pica a la rana. Mientras se hunden, ella le pregunta por qué lo hizo si eso significa la muerte para ambas criaturas, a lo que responde el alacrán: ‘No pude evitarlo, es mi naturaleza’.
En la 4T tanto Julio, como Epigmenio, El Fisgón y Pedro Miguel serían los escorpiones. Conste, no los califico como bondadosos o malvados, sino nada más como seres vivos que nacieron para cumplir una función natural, y la han ejecutado en la política montados en el movimiento de izquierda. La rana, por supuesto, sería la propia 4T, que ha sido el vehículo que ha llevado a posiciones de gran influencia política a los periodistas mencionados.
Como justificación por su libro —que ha sido tomado, sobre todo en la izquierda, como enemigo del proyecto progresista—, Julio Scherer podría decir: “No pude evitarlo, es mi naturaleza”.
¿Por qué, si tienen la misma, o incluso más desarrollada naturaleza dada a la denuncia periodística que caracteriza a Scherer, no han actuado así Epigmenio Ibarra, Rafael Barajas El Fisgón y Pedro Miguel? La respuesta tiene que ver con el compromiso ideológico.
El Fisgón, Epigmenio y Pedro Miguel son escorpiones mimetizados. Han pasado por un proceso de adaptación evolutiva. Entonces, guardan silencio, en público, ante hechos que les parezcan indebidos —y debe haber muchos—: prefieren, por mística de izquierda, analizarlos en privado para que se investigue a fondo, no periodísticamente, si de verdad hay algo malo, y si fuera el caso, buscar que se corrija y castigue antes de que trascienda y dañe al proyecto.
Estos tres periodistas, escorpiones sin duda, han logrado que su aguijón —su capacidad de crítica y denuncia— se transforme para que coincida exactamente con la piel de la rana.
El Fisgón, Epigmenio y Pedro Miguel, por supuesto, no pueden dejar de ser escorpiones, pero solo pican hacia afuera, hacia el agua e incluso hacia el aire, contra los depredadores que intenten acercarse a la rana que los está llevando a cruzar el río. Han convertido a sus aguijones en el sistema inmunológico del proyecto de la 4T.
Se trata de periodistas que no se mimetizan por miedo o por conveniencia, sino por una identificación ideológica con la 4T, tan profunda que no admite desviaciones. No es el caso de Scherer, sin duda un hombre de pensamiento liberal, pero no tan a la izquierda como El Fisgón, Epigmenio y Pedro Miguel.
¿Por qué el aguijón del libro de Scherer no ha dañado a la rana que es la 4T? Porque no es rana, sino tortuga, y tiene caparazón.
Existe la fábula del escorpión y la tortuga, anterior a la que conocemos entre el alacrán y la rana. Son historias muy distintas y con moralejas diferentes.
La fábula de la rana es una tragedia existencialista (donde ella y el escorpión mueren ahogados). La fábula de la tortuga, en cambio, es una lección de sabiduría oriental y, para el caso de la 4T, de supervivencia institucional.
De acuerdo con referencias encontradas en Google, la fábula del escorpión y la tortuga proviene de una antigua colección de cuentos de la India, el Panchatantra (siglo III a. C.) y fue preservada en otra obra, Kalila y Dimna (Persia). La fábula del lejano oriente es fundamental para entender a la 4T: la estructura, sobre todo la de un gobierno tan organizado sobre bases técnicas como el de Claudia Sheinbaum, sobrevive al instinto del periodista que todo lo denuncia en público, y a quien le basta para hacerlo con la menor evidencia que por ahí vea, sin ir más allá en la pesquisa.
Enseguida la fábula del escorpión y la tortuga:
El escorpión y la tortuga tienen una fuerte amistad y deciden cruzar un río. A mitad del camino, el escorpión pica a la tortuga en el caparazón.
La tortuga, protegida por su armadura, le pregunta: ‘¿Por qué lo haces?’. El escorpión responde con la frase clásica: ‘Es mi naturaleza’.
La tortuga reflexiona: ‘Los sabios dicen que conservar la amistad con los malos es atraer la ruina’. Entonces, la tortuga se sumerge, el escorpión se ahoga y ella sigue su camino tan quitada de la pena.
De todo corazón deseo que Julio se olvide ya de la tortuga y su caparazón. No vale la pena provocar la inmersión de tan poderoso quelonio que avanza lentamente hacia su objetivo, pero que no se detiene. A veces lo mejor es cantar la de José José / Roberto Cantoral: ‘Qué triste fue decirnos adiós…’, y a otra cosa.


