Se acercan las elecciones intermedias en Estados Unidos y, como es natural en cualquier gobierno, Trump necesita colgarse medallas ante sus electores. De ahí en parte, las recientes acciones (por ejemplo) contra Nicolàs Maduro y Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho.
El gobierno mexicano abatió a El Mencho y mermó al CJNG. Pero, como muestra la misma historia desde hace décadas, un narco, por poderoso que sea, representa al eslabón más débil en esa enorme industria, donde los principales beneficiarios son políticos y también grandes empresarios que operan los recursos financieros de origen ilícito. Es decir, con el fin de Oseguera, al narco no se le mueve ni un pelo, es más, sabido es que se podría venir un aumento exponencial de la violencia debido a los reacomodos que siguen a este tipo de grandes operativos.
¿En realidad pretende el presidente Trump que el mundo entero se ponga de pie a aplaudirle? Lo primero sería atacar las causas domésticas y atender a sus millones de adictos. Pero aunque eso sería una detención del mismo calado (o mayor) de las del general Noriega (Panamá, 1989) y/o Nicolás Maduro (Venezuela, 2026), y el idóneo (y por mucho) es Felipe Calderón Hinojosa, presidente (ilegítimo) de México del 2006 al 2012, y que, se cuenta, tiene todas las evidencias de su sociedad con el crimen organizado durante su administración. No es casualidad que su vicepresidente de facto (Genaro García Luna) esté preso en el mismo Estados Unidos.
Así que bueno, una detención/procesamiento de Calderón Hinojosa valdría lo de unos 200 Menchos. Sentaría un importantísimo precedente en la clase política y empresarial mexicana y, sobre todo: haría ganar al trumpismo en las próximas elecciones, al tener a la opinión pública nacional y mundial a sus pies. Y de paso ganándose el voto latino en EU, ya que sabido es por todos que el referido señor Calderón acabó con la paz social en México, principal divisa del país durante prácticamente ocho décadas.
