21 de enero de 2022 | 01:18

Grandes periodistas, sí, pero fallaron y publicaron calumnias Aristegui y Proceso

Aristegui y Proceso se equivocaron al difundir el reportaje elaborado con recursos periodísticos y dinero estadounidense.
Cuando Carmen entrevistaba a Andrés Manuel
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Carmen Aristegui no hizo el reportaje contra —subrayo: contra—, no sobre, el segundo hijo del presidente López Obrador. Ella, nada más, lo publicó en su sitio de internet. No debió hacerlo, me parece, y explicaré por qué.

Tampoco nadie de Proceso redactó tal reportaje. También en forma indebida, en mi opinión, esta publicación dio espacio al trabajo de Connectas, Plataforma Periodística para las Américas, financiada por empresas y fundaciones de Estados Unidos e inclusive por dependencias del gobierno de ese país, entre otras:

  • Fundación Nieman para el Periodismo en la Universidad de Harvard
  • Fundación Knight
  • Fundación Nacional para la Democracia, del congreso estadounidense
  • Centro Internacional para Periodistas, que a su vez vive de: Dow Jones, Google News Lab, John S. and James L. Knight Foundation, New York Times Company y Johnson & Johnson.

En Milenio, Jorge Zepeda Paterson ha expresado su enorme decepción ante el hecho de que a la señora Aristegui —descalificada en la mañanera de AMLO— hoy la cuestionen por igual sirios y troyanos, charros y fifís. No dudo que los sirios critiquen a Carmen, pero, así lo creo, la expresión correcta es “tirios y troyanos”, que según sé tiene su origen en la Eneida, de Virgilio.

Lo que sea, comparto con Zepeda su decepción y, la verdad de las cosas, nada me daría más gusto que un cambio de opinión del presidente López Obrador; sí, una rectificación para de alguna manera disculparse con Aristegui, quien después de todo no elaboró el pésimo reportaje de Connectas. El único pecado de la periodista fue difundir una tontería evidentemente redactada con ganas de perjudicar a un joven y pequeño empresario a quien, por ser hijo del titular del poder ejecutivo, todos los proyectos profesionales se le complican.

Julio Astillero Hernández cuenta hoy, en La Jornada, que entrevistó a una de las autoras del reportaje, Tania Gómez, y que esta admitió que no existen evidencias claras de que Andrés Manuel López Beltrán se haya beneficiado del programa Sembrando Vida; ella, dijo, solo hizo inferencias… Así de absurdo el trabajo de los y las periodistas de Connectas. Y bueno, si a esas vamos, ¿debemos inferir que a doña Tania le pagó la derecha de Estados Unidos para calumniar al hijo de AMLO? Esta última inferencia tiene más fundamento que la de Connectas, si no por otra cosa, porque el reportaje sobre Sembrando Vida tuvo una curiosa continuación al día siguiente en El Universal —¿el uno dos del boxeo?—.

Julio Hernández con toda razón dice que el reportaje habría “merecido una edición a fondo que rescatara algunos datos que sí tienen valor periodístico, pero que evitara sugerir lo que no se puede probar”. ¿Y qué es lo que el reportaje no demuestra? Que Andrés Manuel chico haya hecho algo indebido. Personalmente pienso que la gente de Connectas no pudo probar ninguna ilegalidad del hijo del presidente de México porque, precisamente, no ha cometido ninguna. Entonces, es una calumnia.

Para Verónica Malo Guzmán, de SDPNoticias, lo que podría ocurrir es que, después de la descalificación que sufrió por parte de AMLO, la señora Aristegui se convirtiera en la figura que la oposición necesita para enfrentar a Morena en 2024; figura femenina, además, tal como lo ha sugerido Enrique Krauze seguramente pensando que el partido de izquierda competirá con ventaja si nomina a una mujer en las próximas elecciones presidenciales. ¿Tiene tamaños Carmen Aristegui para una hazaña de ese tipo? Para eso y para más. Pero no sé si se atrevería a intentarlo porque si en el periodismo a veces se nada en aguas sucias, en la política todo es infinitamente peor. Espantará a Carmen verse en el espejo de Lilly Téllez, quien dejó de ser una periodista prudente para convertirse en senadora estridente quien, quizá sin darse cuenta, hace el trabajo difícil para el PAN, el de golpear solo por golpear a Morena.

Guadalupe Loaeza, en Reforma, insulta a AMLO para defender a Carmen Aristegui y a Denise Dresser, dos periodistas a quienes ha cuestionado recientemente el presidente de México. La señora Loaeza afirma que “Aristegui siempre ha sido sumamente objetiva”. Es verdad, pero en el reportaje de Connectas la señora Aristegui no fue objetiva por una simple razón: Carmen no lo hizo, solo lo difundió, creo que sin haberlo leído con cuidado; si lo hubiera analizado a fondo, Aristegui no lo habría publicado porque es calumnioso. Sobre Dresser me gustaría hacerle una pregunta a Loaeza: ¿por qué mucha gente apoya a Carmen y nadie se enoja si en las mañaneras se critica a Denise? Respuesta: la primera es una periodista sencilla que cae bien, mientras la segunda destaca por arrogante y cae mal. Solo es un apunte al margen.

Francisco Garfias, en Excélsior, sugiere que Carmen Aristegui publicó el reportaje de Connectas para recuperar rating: “Proceso ya había dado señales claras de su postura crítica frente a la 4T, pero Carmen le sacrificó hasta el rating. Era la conductora estrella en los regímenes de Calderón y Peña Nieto. Sus críticas atraían grandes audiencias. Le bajó con AMLO y se esfumó el rating”. Con respeto para el admirado y querido Garfias, no creo que las motivaciones de Aristegui sean tan vulgares. Publicó las calumnias contra el hijo de Andrés Manuel porque tan errónea como sinceramente pensó que tenían un mínimo fundamento. Se equivocó, y ya.

También en Excélsior, Leo Zuckermann se refiere al tema. Dice: “Bienvenida, Carmen, al hit parade de los periodistas que AMLO considera conservadores y, por tanto, deshonestos”. Si lo que pretende tal columnista es meter a Aristegui en el grupo de los Loret, los Riva Palacio, los Aguilar Camín y los que son como el propio Zuckermann, lo siento: ella no cabe ahí. Carmen tiene la autoridad moral que a los otros les falta.

En El Financiero, Raymundo Riva Palacio ha sugerido que el presidente López Obrador se lanzó tan duro contra Aristegui y Proceso porque su vocero, Jesús Ramírez, lo envenenó. Según Raymundo, el señor Ramírez con frecuencia “inyecta insidia en la cabeza” de Andrés Manuel “con datos fuera de contexto y mentiras, que fácilmente lo hacen estallar”. Esto no es una inferencia, sino simples ganas de joder de parte del articulista del diario propiedad de Manuel Arroyo, es decir, se trata de periodismo de la peor clase.

¿Éxito empresarial?

Vuelvo al Astillero Hernández, quien considera bastante malito el reportaje de Connectas, pero de alguna manera justifica su difusión en el sitio de Aristegui y en Proceso porque “hoy, como ayer, es de interés periodístico conocer y analizar la eventual evolución patrimonial de miembros de las familias en el poder. Ese es el punto en lo inmediato: saber si el antes inexistente éxito empresarial coincide con la estancia de familiares en el poder”.

El punto es ese: cuestionar el éxito empresarial de las familias en el poder. Muy bien, pero, pregunto al Astillero, ¿en este caso cuál éxito empresarial? No están ganando dinero los hijos de Andrés Manuel con su pequeña fábrica de chocolates. Inclusive, no es para nada seguro que les vaya a ir bien. Deseo que triunfen, pero...

Ellos están invirtiendo y tratando de competir en un mercado dominado por enormes transnacionales. Leo en la página de internet de Forbes que, en nuestro país, “Ferrero, Hershey’s y Mars, lideran el mercado de la venta de chocolates finos con el 82.1%, mientras que Nestlé lidera la categoría de chocolate en general con una participación del 30.6%”. Nada sencillo retar a los gigantes.

Cualquier consultor de negocios invitaría a los hijos de Andrés Manuel a dedicarse a otra actividad porque en la producción y distribución de chocolate enfrentan a un oligopolio monstruoso. Peor aún, no solo no cuentan con el apoyo de su padre, el presidente de México, sino que este, inclusive, les estorba porque con certeza ejerce marcaje personal a su gabinete para que nadie en el gobierno les brinde ningún tipo de ayuda. Es duro, pero en este gobierno, sí, esta administración, por lo menos para quien la encabeza, la patria es primero.

Así que, ¿cuál éxito empresarial? Ojalá el escándalo, al menos, sirva para impulsar la marca Rocío, un bello nombre con un significado tan entrañable para la familia López Beltrán, que en mi opinión merecería mucho más respeto de parte de una prensa que es libre de publicar lo que se le pegue la gana, pero que ojalá aprenda a no dejarse ir con la primer calumnia que desde Estados Unidos llega.

¿Se equivocaron Aristegui y Proceso al difundir el reportaje elaborado con recursos periodísticos y dinero estadounidenses? Pienso que sí y deberían disculparse con Andrés Manuel chico y sus hermanos, desde luego sin esperar a que AMLO también lo haga —pienso que el presidente debería rectificar lo que dijo acerca de la extraordinaria periodista y de la revista histórica que suele caer en el amarillismo.

¿Por qué debe rectificar el presidente López Obrador? Porque fue muy duro con Aristegui y Proceso, pero lo hizo así porque, comprensiblemente, le ofendió y le enojó que se calumniara a su hijo de tan fea manera. Insisto, se equivocaron Carmen Aristegui y los editores de la revista fundada por Julio Scherer al darle espacio a una pieza periodística realizada con el único propósito de dañar a la 4T con base en inferencias tontas e inclusive en falsedades evidentes.

Federico Arreola en Twitter: @FedericoArreola