Recientemente trascendió la noticia de que, en una votación en la Organización de las Naciones Unidas (ONU), se puso a consideración la aprobación por los diferentes países que la conforman del uso de un nuevo mapamundi —más real en cuanto a sus dimensiones geográficas— a diferencia del mapa de Mercator, que se venía utilizando desde hace casi medio siglo y no reflejaba una proyección correcta de los territorios nacionales, ya que los países más cercanos al ecuador eran representados más reducidos que los que se encuentran cerca de los polos, así como otras imprecisiones. Este fue el “nuevo” mapa denominado: Equal Earth (o Tierra Equitativa) que fue votado casi por unanimidad por los estados con la deshonrosa excepción de Estados Unidos de América, que sufragaron en contra y además existieron 6 abstenciones de otras patrias.

A pesar de los gringos, de su recalcitrante racismo y de su falsa superioridad, triunfó en esta ocasión la razón por una mayoría aplastante, aunque en todo quieren meter su cuchara imperialista. Resulta irrisorio e ilógico que Estados Unidos quieran mantener la idea de que un mapa que no refleja correctamente las dimensiones que proyecta (aun con las dificultades técnicas que representa recrear un mapamundi sin distorsiones), pues no es nada sencillo elaborarlo, inclusive con los adelantos tecnológicos de nuestra era, puesto que el querer convertir una figura tridimensional en un objeto de dos dimensiones sin que haya variaciones de por medio es una tarea complicada y compleja. Sin embargo, estos diferendos no eran producto del error de cálculo o de trazo, sino una justificación velada al racismo, al eurocentrismo y a una supuesta superioridad territorial del norte global, donde se disminuía considerablemente el tamaño de África (y varias naciones más) o se colocaba de forma intencional a Europa en el centro del plano.

La lucha por la equidad y el antirracismo sistémico a nivel mundial no será nada fácil; los países del sur global (o periferia) tendrán que continuar pugnando en pleno siglo XXI por combatir estos terribles males de la humanidad. La resistencia conservadora del imperialismo yanqui no caerá sin dar batalla en todos los campos que pueda. Ojalá aquellos y aquellas que vanaglorian el intervencionismo de los autodenominados norteamericanos entiendan que ellos (entendidos como gobierno) solo son buenos en las películas de Hollywood y que no buscan otra cosa más que el poder y control de los recursos, y para ello se harán valer de todos los capitales que tengan a la mano, y en el campo de las ideas no será la anomalía, pues ya vimos que serán capaces de defender un mapa desigual con tal de evidenciar que ellos son los dueños del mundo. ¡Nos leemos pronto!