Apenas ayer, en los fragmentos de esta columna, hicimos hincapié en el músculo que mostró Morena en San Lázaro, lo mismo que su poder de convocatoria. Se constató, entre muchos aspectos más, que la unidad reinaba por encima de cualquier clima que se ha formado por el tema de la reforma electoral. Incluso, se estimaba que eso mismo ocurriría en la vieja Casona de Xicoténcatl, espacio que es habilitado para eventos de gran envergadura, como es el caso de la Plenaria de Senadores de la fracción parlamentaria de Morena. De hecho, se valoraba que los temas transcurrieran y, lo mejor de todo, proyectar un buen manejo en las negociaciones y consenso con los partidos aliados. Inclusive, hay que reconocer los incesantes esfuerzos que se ha hecho para encontrar un punto de acuerdo que, de plano, lo veremos el día de la votación, eso sí, esperando que ese cambio se concrete por la flexibilidad y la voluntad que debe imperar.

Creemos que los esfuerzos no quedarán en vano. Se nota que hay un diálogo permanente para alcanzar acuerdos. Por las condiciones de prioridad en que se encuentra el asunto, queda claro, se nota la mano de la presidenta en el anuncio que realizó la dirigencia de Morena para formalizar las alianzas con los partidos aliados de cara a la renovación de 17 gubernaturas en 2027. En retrospectiva, desde luego, eso es de vital importancia para aplastar a una oposición que, día con día, agoniza en terapia intensiva. De hecho, su fragmentada postura los arrastrará a perder todo, incluyendo Querétaro y Chihuahua, donde se perfilan dos hombres que es más que evidente, se han colocado en la cima de las preferencias del grueso de la población. Aunque, más allá de eso, la izquierda se está enfocando en construir una sinergia poderosa que le permita conservar la mayoría calificada en San Lázaro.

El valor que tiene el legislativo es crucial. Eso, en particular, es una de las prioridades de la presidenta, pues allí, sobra decirlo, se legitima el proyecto de transformación con los cambios constitucionales que nacen desde el ejecutivo. En esa tesitura, pese a los nuevos enroques, la coalición Seguimos Haciendo Historia sigue siendo una maquinaria o, de plano, el conducto para alimentar el segundo piso de la transformación. De ese modo, no afectan para nada los cambios en el timón que se han dado. Es verdad, el ruido era ensordecedor de que habría movimientos estratégicos en la coordinación. A muchos les causó estupor porque, políticamente hablando, fue un periodo muy corto para separar a Adán Augusto López Hernández. ¿Era necesario? Sí. El clima sofocante de señalamientos hizo eco en la población civil. Con mayor precisión, en efecto, se trata de una jugada de ajedrez para movilizar las piezas antes de que fuera empeorando la situación que, de por sí, era insostenible.

Los cambios en la coordinación, más que estratégicos, obedecen a la cadena de acontecimientos. Fue un estupor, pero también fue una situación lógica hasta cierto punto. Como sabemos, este 2026 y 2027 serán épocas trascendentes. Hablamos de la consagración del segundo piso de la transformación y, con ello, doblegar a la oposición en las elecciones intermedias del 2027. Ignacio Mier, a propósito de ello, es un hombre de mucha experiencia legislativa. Fue, hasta hace poco, líder de la fracción parlamentaria de los diputados en San Lázaro por dos periodos consecutivos. Por ese lado, Sheinbaum tiene un buen interlocutor con las fuerzas de oposición y un buen capitán del barco para garantizar la unidad entre sus pares.

De una forma u otra, esto significa, para Mier, el control político total de la Cámara Alta. Hasta donde sabemos, se conservarán algunas posiciones de Adán Augusto como parte de los acuerdos de su salida de la coordinación. Pero, más que un logro de negociación, es una desventaja para el propio tabasqueño, que hace poco compitió en la carrera por la presidencia. Así pues, esto significa como la estocada final para una posible revancha. Los daños colaterales y el costo político de la separación son muy elevados. Es muy difícil, naturalmente, superar este golpe demoledor. Lo único que queda es hacer frente con responsabilidad.

El viraje, de hecho, cambia por completo el tablero electoral no solo en la silla presidencial, sino en las entidades. Con esto no quiero decir que Adán Augusto se llevó espacios a la gubernatura, sino que los efectos impactarán en sus más cercanos, especialmente en el ánimo de la población civil que, a grandes rasgos, son quienes evalúan el desempeño. Seguramente, conforme pase el tiempo, muchos se querrán desmarcar y, de paso, habrá una correlación de fuerzas como suele pasar cuando se evalúa un control de daños de esta envergadura. De hecho, esto no es un golpe para la mandataria, sino para el propio Adán Augusto, que mermará sus posibilidades de ser el sucesor de Claudia en 2030. Morena, en efecto, no lo postulará, al menos para puestos de elección. Lo que sí es una realidad, para no relegar, será el trabajo territorial que realice.