Héctor Aguilar Camín, en Milenio, destaca un hecho curioso del libro de Julio Scherer Ibarra y Jorge Fernández Menéndez: los párrafos que más han llamado la atención de la comentocracia no tienen “autoría específica”.
Ni venganza ni perdón es, en casi todas sus partes, una larga entrevista. En la mayoría de las cerca de 300 páginas de la obra queda claro lo que pregunta Jorge Fernández y lo que Julio Scherer responde.
La obra, en general, se basa en las vivencias de Julio Scherer Ibarra como consejero jurídico de AMLO. Pero lo más llamativo del voluminoso texto, que me parece calumnioso, cito a Aguilar Camín, “no lo dice Scherer en el libro, sino en un anexo sin autoría específica, que no firman él ni su coautor, Jorge Fernández Menéndez”.
Hay otros anexos en el libro que se sabe quién los elaboró: una carta de Juan Collado, algún documento de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, ciertas historias que cuenta el cineasta Luis Mandoki, fotocopias de demandas jurídicas, etcétera.
Pero lo más noticioso —por escandaloso, no porque sea necesariamente cierto; todo lo contrario, hay expresiones en el propio libro para pensar que es falso—, lo más comentado en medios y redes sociales, como señaló Aguilar Camín, no se sabe de quién es. Cito lo fundamental del testimonio sin autor que se ha usado para golpear a la 4T:
“Así, (el huachicolero Sergio) Carmona fue presentado a figuras como Mario Delgado y, según versiones, al propio presidente Andrés Manuel López Obrador. Fue a través de Jesús Ramírez que se habrían facilitado reuniones estratégicas para asegurar apoyos económicos en campañas clave, entre ellas, la de su amigo personal Américo Villarreal”.
¿Qué carajos es eso de “según versiones”? Scherer Ibarra tendrá que aclararlo, ya que el libro se basa en sus memorias. Nadie espera que lo haga Fernández Menéndez, quien diariamente publica artículos sin fuentes verificables. Tristemente así suele actuar este colaborador de una de las televisoras de Ricardo Salinas Pliego, principal enemigo de la 4T porque el gobierno de Claudia Sheinbaum cometió el pecado moral de cobrarle impuestos. Y, solo por completar su biografía, diré que se ha convertido en un periodista militante de la ultraderecha que estuvo recientemente en una reunión de los grupos políticos más conservadores y más antimexicanos de Estados Unidos.
No es una exigencia menor precisar quién dijo eso de que, “según versiones”, AMLO conoció al huachicolero Carmona. Ayer, en la mañanera, la presidenta Claudia Sheinbaum subrayó la irresponsabilidad de denunciar sin pruebas: “No veo, de lo que he leído en los medios, cuál es la fuente que usa para ciertas denuncias que hace (el libro de Scherer). Y luego, no por nada, pero con quién se escribe también (con Fernández), y la consecuencia de ello, en términos de un movimiento de transformación”.
Sheinbaum no piensa que Ni venganza ni perdón vaya a perjudicar a la 4T porque “la gente sabe” lo que es el movimiento de izquierda y “lo que ha representado” en términos de mejorar la calidad de vida de las personas, de no pocas en México, pero sobre todo de las más pobres en nuestro país.
Ya tuvo que realizar Julio Scherer Ibarra una fe de erratas —lo hizo en redes sociales—. Se la exigió el gobernador de Sonora, Alfonso Durazo, quien se sintió aludido en algún párrafo del libro, redactado muy confusamente. Scherer aclaró que no se refería a Durazo.
Ahora el exfuncionario del gobierno de AMLO debe explicar qué es eso de “según versiones”. Mientras Scherer Ibarra se decide a hacerlo —y a informarnos si eso lo escribió él, o el coautor Fernández Menéndez—, para no caer en especulaciones sesgadas por mis propias preferencias periodísticas, pedí a la IA su opinión.
Esto me dijo Gemini, de Google: “Cuando se trata de periodismo de investigación o crónica política, la frase ‘según versiones’, es lo que solemos llamar un escudo retórico. Evidencia falta de rigor probatorio. Una afirmación de tal magnitud requeriría evidencia documental, fotografías o testimonios con nombre y apellido. Al usar ‘según versiones’, los autores se deslindan de la responsabilidad legal, debilitan la credibilidad, caen en el terreno del rumor”.
¿Sobre el anexo sin autoría específica? Gemini afirma: “Esto añade una capa extra de duda. En el análisis de inteligencia y periodismo, un documento anónimo tiene el nivel más bajo de confiabilidad. Puede ser desde una filtración real de una agencia de seguridad hasta una pieza de guerra sucia sembrada para golpear políticamente”.
ChatGPT: “La fórmula ‘según versiones’ es, en términos periodísticos y académicos, una fuente extremadamente débil para sostener una imputación grave. Es insuficiente como base probatoria. En estándares periodísticos rigurosos, una imputación de esa magnitud requeriría al menos documentos verificables, testimonios identificables, investigaciones oficiales o múltiples fuentes independientes confirmadas”.
Corresponde a Julio Scherer Ibarra dar una explicación convincente y documentada. Si no es posible que lo haga porque carece de más evidencia, tal vez debería aclarar con toda sinceridad si fue un gol que metió en su libro la ultraderecha por medio de la pluma de Jorge Fernández Menéndez.



