En menos de un mes se llevarán a cabo las elecciones en las que seis estados renovarán sus gubernaturas y lo que más le importa al presidente, aparte de promover a sus “corcholatas” presidenciales, es hablar de su partido y descalificar a la oposición.

En sus mañaneras, repite y repite el mismo discurso de siempre, como ayer: “Es importante que se conozca cómo mienten y calumnian nuestros adversarios en su desesperación, porque quisieran que regresara el régimen de corrupción, de injusticias, de privilegios”.

Manipulación, engaño y mentira

La principal divisa de AMLO es su retórica plagada de falsedades. Para entender el juego en que nos ha metido, solo hay que contrastar sus dichos con la realidad, empezando por el hecho de que AMLO no es socialista, no es de izquierda, ni progresista, él, es un populista conservador.

Cas Mudde, autor de “Populismo: una muy breve introducción”, explica que, en ciencias políticas, populismo es la idea de que la sociedad está separada en dos grupos enfrentados entre sí: “el verdadero pueblo” y “la élite corrupta” y el líder, quien se asume como “yo soy el pueblo”.

Entre las principales características de los gobiernos populistas, se observa el “perpetuar un estado de crisis”, dar la impresión de estar siempre a la ofensiva y el preferir la “democracia directa” a través de referendos, consultas o encuestas.

Nadia Urbinati, profesora de la Universidad de Columbia, en Nueva York, destaca: “Un líder populista que llega al poder está ‘obligado’ a estar permanentemente en campaña para convencer a los suyos de que no es y nunca será el establishment”.

El avance del populismo

Incluso el Papa Francisco ha advertido sobre un aumento del populismo y de los peligros de permitir que las crisis políticas les abran el paso a dictadores como Hitler: “Hitler no robó el poder, fue votado por su pueblo, y después destruyó a su pueblo. Ese es el peligro. En momentos de crisis, no funciona el discernimiento y para mí es una referencia continua”.

Es un hecho que en la actualidad han proliferado los gobiernos populistas y todos, curiosamente, han llegado por la vía de elecciones democráticas, Trump en Estados Unidos, Hugo Chávez y su sucesor, Nicolás Maduro en Venezuela, en Nicaragua, Daniel Ortega, Bolivia con Evo Morales, Cuba, con la dinastía Castro; Viktor Orbán en Hungría, en Turquía, Recep Tayyip Erdoğan; Brasil con Bolsonaro y México con AMLO.

AMLO no oculta su inclinación por estos gobiernos.

Morena y el viejo PRI

El objetivo de AMLO es regresar al viejo, demagógico y populista PRI, por ello les reprocha a los priistas que olvidaron a sus próceres, como Adolfo López Mateos.

Lo explica mejor un expriista convertido en morenista, alguien que entiende el asunto muy bien, el gobernador de Puebla, Miguel Barbosa: “El verdadero populismo es el PRI (…) esta tendencia se ubica más cerca de la demagogia y de la mentira, que de la atención a los problemas y las necesidades de los sectores más desprotegidos de la población o que propicia y se beneficia del debilitamiento de las instituciones y del quebranto del Estado de Derecho. Presidente tras presidente de la República, el discurso oficial se cargaba de demagogia; en palabras, los presidentes priistas hacían todo en beneficio del pueblo y a nombre de una Revolución que hacía muchos años ya había sido olvidada y cuyos principios también habían sido traicionados”.

La definición de Barbosa es brutalmente clara y describe con exactitud el populismo que AMLO y Morena expresan.

Y lo podemos comprobar al ver que todos los candidatos de Morena en los próximos comicios son de extracción priista o han estado vinculados al régimen que AMLO añora.

En Aguascalientes, la candidata es Nora Ruvalcaba, que se desempeñó como presidenta municipal de Aguascalientes y secretaria General del PRI estatal. Renunció a su militancia en 2012.

En Durango la candidata de Morena es Marina Vitela. Fue funcionaria sindical del ISSSTE, consejera política nacional, estatal y municipal del PRI; líder del Organismo Nacional de Mujeres Priistas; secretaria general del comité estatal del PRI, diputada federal y local. Renunció a su militancia priista en 2018.

En Hidalgo, el candidato morenista es Julio Menchaca, un viejo militante del PRI, exdiputado local y aspirante a la gubernatura del estado por ese partido. En 2015 renunció al PRI para unirse a AMLO.

En Oaxaca el candidato es Salomón Jara, él inició su carrera política en la “Corriente Democrática del PRI” con Porfirio Muñoz Ledo y Cuauhtémoc Cárdenas, fue fundador del PRD y se sumó al movimiento de AMLO en 2013.

En Tamaulipas el candidato es Américo Villareal, un personaje que militó en el PRI desde 1982 hasta su renuncia en 2017. Es hijo de un exgobernador priista de triste recuerdo.

En Quintana Roo, la candidata es Mara Lezama, si bien es la única de los seis candidatos que no tiene un pasado priista, trabajó en medios de comunicación como periodista, presentadora y locutora de radio, forjando su carrera en el Grupo Sipse, filial de Televisa, una de las cadenas de la “mafia del poder”.

Al final, la propuesta de AMLO está dirigida hacia el populismo, el dogmatismo y la demagogia del PRI de los sesenta y setentas, un nada afortunado retroceso con comparsas como MC para no cambiar el esquema.