Sintonizarle al canal del Congreso es hacer un viaje por todas las emociones humanas posibles. Va uno de la risa al llanto, del coraje a la impotencia, de la desilusión a la esperanza.

Lo que ayer se debatió en el Senado no fue mínimo. Era un debate de la enmienda constitucional que ampliaría la existencia de las Fuerzas Armadas en el país.

Y así como si se tratara  del juego de “100 mexicanos dijeron” pasaban a la tribuna personajes de la política que de verdad daban espanto y risa. Uno de ellos fue el senador  Antonio García Conejo, del PRD, que la verdad le echaba muchas ganas pera nomás no terminaba por argumentar nada… Cantinflesco, pues sin la siquiera mínima consideración de portar saco y corbata, ya que el recinto lo ameritaba, queriendo defender la no militarización pero no entendiendo exactamente como para qué.

Luego apareció la senadora Sail de León, perteneciente al partido que yo creía ya extinto, PES, diciendo que sería hermoso militarizar al país porque además de que se vería muy bonito estaríamos todos más felices y seguros.

Indignamente hizo su aparición Felix Salgado Macedonio, que me sigue pareciendo inverosímil que tenga una curul en el Senado después de las acusaciones que se le hicieron por violación.

Ahí estaba él, feliz de la vida, con guayabera (ya nomás faltándole sus chanclas y bloqueador) pidiendo que ya se suspendiera la sesión porque como para qué seguir en esa discusión y demás... Impresentable.

Y así seguían tomando tribuna unos y otros de diferentes “bandos”, porque ya no se les pueden llamar “partidos políticos”. De pronto, apareció Beatriz Paredes. Me sorprendió mucho verla en silla de ruedas. Llegó hasta la tribuna  en ella, y se mantuvo de pie y bastante tiempo, porque justamente cuando le tocaba hablar , unos y otros pedían tomar la palabra desde sus curules. Peleando, exigiendo que ya no había nada qué debatir, en tanto que otros decían que todavía quedaban cosas por debatir, por lo que el tema se volvía bastante  confuso.

Mientras tanto, estoicamente, Beatriz Paredes ahí de pie, esperando a ver qué hora podía empezar a hablar. A nadie le importaba su condición física; no la dejaban hablar.

Pero al final lo logró y se aventó un largo discurso donde daba vueltas y vueltas, y como que caída en las mismas contradicciones, luego volvía a retomar el discurso y otra vez sonaba cantinflesco y de pronto parecía que no diría nada y ya por irse solito la bomba: “Mis compañeros del PRI ya que se hagan bolas, yo voy a votar en contra de la militarización”. Tomó sus papeles, llegó su silla de ruedas y se fue.

Me imagino para ella haber dicho esto no fue nada fácil. Y finalmente da a entender que el PRI como partido es un caos, y que a ese caos ella no le entra.

Y es que Beatriz, como muchos, se han dado cuenta del entreguismo del PRI a Morena y quizá no quiso ser parte de ello. A su edad y con su trayectoria, imagino, no se presta para juegos sucios.

Yo no sé qué tan felices estén los morenistas de tener tan cerca al PRI, si a todas luces ese partido se desnudó ante la gente como un partido vendido, que juega muy sucio y que se vende al mejor postor. Ahora tenerlo tan cerca no creo sea bueno.

Por otra parte en el fragmento que vi de la transmisión en el Senado, descubrí que aunque el presidente ha dicho que a veces las alianzas no funcionan, pues ahí estaba el famoso PES, PVEM y el PT echándole porras al presidente. Es verdad, cuenta con casi todos los partidos políticos a su favor. Porque si a eso agregamos por ahí que el PRI ya le hace ojitos al presidente pues imaginen ustedes.

Ricardo Monreal, con su voz pausada y mesurada (si algo hace bien es que es excelente orador) trataba de poner a todos los asistentes en plan de amor y paz, pero recibió abucheos ante lo cual dijo que los de la oposición andaban muy “emocionados y alterados”.

Después de esto la oposición se adjudicó que se haya suspendido el debate como un triunfo de ellos. Se autoaplaudían diciendo que le habían ganado al presidente.

Yo no lo veo así. Nada se concluyó. Solo se pospuso y eso es grave pues los morenistas y aliados tendrán más tiempo de convencer y enamorar a otros senadores para que voten a favor de la extensión de la militarización. Entonces ¿cuál fue el triunfo de la oposición? No la veo y no la entiendo. Pero algo tenían que salir a decir para refrendar que estaban “ganando” el partido.

Y no. No estaban ganándole a nadie como dijeron. El presidente siempre se sale con la suya. Esta no será la excepción. Y tendremos de nuevo un berrinche más cumplido.

La militarización habla de que no funcionaron las estrategias de seguridad en el país.

Me parece que si el presidente adoptara un tono más humilde y de mayor aceptación muchos podrían entender sus  complejas y cambiantes decisiones.

Pero como todo lo hace enojado o dice enojado, a todos nos confunde.

La estrella del día de ayer fue Beatriz Paredes sin duda. Que sin gritar ni manotear, con toda la experiencia del mundo y con toda calma, dijo: Mi partido es una locura, yo aún no enloquezco. No todavía.

El que de verdad daba ternura era el presidente del Senado, Alejandro Armenta, quien, como aquel maestro barco de secundaria, ya casi lloraba para rogar que hubiera orden en la sala y luego carcajeándose, así  de piquete de ombligo, con su compañera de Senado de junto.

De pronto el camarógrafo del canal de Congreso hacía el famoso “paneo”, es decir hacia una toma abierta de todos los presentes, y pues unos comiendo, otros viendo el celular, otros más cotorreando y otros como queriendo echarse una pestañita.

Ni siquiera tenían idea muchos de ellos de en dónde estaban parados: en el máximo recinto para los mexicanos. Ahí con camisetas sin corbata y casi casi con playeras y outfit para ir a la playa.

Vi a muchos jóvenes, muy jóvenes, estar sentados como poniendo cara de que sabían de qué se trataba todo y espero de corazón que sí supieran, porque en realidad no entiendo quién los llevo hasta ahí y quien les cedió un asiento o si fue por votación o cómo.

No terminé de ver la sesión pues ya la comida se me andaba quemando, pero esto es lo que puedo narrarles, mi propia crónica de lo que observé en el tiempo que estuve viendo el canal del Congreso.

Y puedo concluir que es preocupante saber en manos de quien estamos, o de plano no saber…

Ver aquella pachanga en el Senado me deja un poco aterrada porque no se estaba tratando de un tema menor. Pero pongo mi esperanza en los pocos senadores que de veras quieran lo mejor para nuestro país y para su gente.

Ayer parecía una lucha entre ver quién quería más al presidente y quién menos. Y de eso no se trata. Se trata  de México y no de Obrador, pero algunos parecen aún no entenderlo.

Que Dios nos cuide a todos, e ilumine a nuestros representantes públicos para que todo salga a favor de todos. Lo merecemos.

Es cuanto.