El caso de Venezuela es un entramado de incógnitas y enigmas de saber qué fue realmente lo que pasó. Sabemos que el discurso beligerante predominaba en el terreno mediático. De igual forma, la amenaza de un bombardeo siempre estuvo latente como una de las principales misiones que se trazó el gobierno estadounidense. Y el amago pasó a una formación estratégica que se llevó a cabo hace unos días en medio de la incertidumbre. De manera sincronizada llegaban informes de que el presidente Nicolás Maduro estaba bajo la custodia del departamento de seguridad. Inclusive, la operación se ordenó ya con el parte de inteligencia del lugar y la hora exacta de la presencia de Maduro. La falta de pormenores, sumada a la inverosímil narrativa que se divulgó, es una telaraña de enigmas que empujan a la especulación y a las teorías de conspiración.

Normalmente, el anillo de seguridad de un mandatario que está propenso a este tipo de acciones es extremadamente riguroso. Romper el control y los filtros no es tarea segura. Al ser poco creíbles las versiones que circulan, sobra decir, que sale a flote una lista infinita de hipótesis que, entre muchos aspectos más, puede estar latente la traición desde las filas del chavismo. Eso no lo sabemos con exactitud. Lo que es una realidad, a todas luces, es que se pasó por encima de la soberanía y el orden constitucional. La soberanía es el eje rector que no debe traspasar en una democracia, sobre todo cuando se tiñe de sangre al país con ataques armados. ¿Dónde están las garantías?, ¿por qué sobrepasar los límites?, ¿y los organismos internacionales como la ONU?. Esta y muchas preguntas han circulado en la prensa y ante la opinión pública, básicamente cuando se trata de una nación independiente que, déjenme decirles, tiene uno de los sistemas electorales más sofisticados y, de paso, un órgano electoral que Filip Ristic, en una de sus crónicas que realizó durante una larga estadía, narra con lujo de detalle siendo uno de los periodistas con mayor observación en ejercicios democráticos en América Latina.

Desde luego que son acciones que la derecha aplaude y, de manera errónea, piensan que pasará en nuestro país. La historia y la geopolítica nos han demostrado que todo puede suceder cuando hay intereses de por medio. Siempre se niegan los confines aludiendo a otras estrategias que debemos de desechar porque son exclusivamente facultades de un país soberano como el salvaguardar la seguridad. Apenas ayer, en fragmentos de esta columna, plasmamos algunos datos cruciales en la erradicación de algunas prácticas antisociales. Es posible imaginarnos que vamos por la dirección correcta y que, por lo tanto, contamos con las instituciones sumamente calificadas para afrontar cualquier desafío. De hecho, el propio Marco Rubio, segundo al mando del gobierno de Trump, ha expresado comentarios positivos de la efectiva coordinación y colaboración que se extiende a los pasos fronterizos.

Las estrategias operativas, de parte del gobierno mexicano, han demostrado estar a la altura de las circunstancias. Sé que hay mucha especulación y, por ende, debemos mantener la calma como lo ha pedido nuestra presidenta. Confiemos en sus buenos oficios y en la efectividad que tendrá Juan Ramón de la Fuente, pues la mandataria, luego de este mar de declaraciones, delegó tareas específicas al canciller para abrir los canales de comunicación con el departamento de justicia estadounidense. A estas alturas, de hecho, ya entró un equipo que optará por venir haciendo lo propio que, dicho sea de paso, es la permanente charla que ha resultado un mecanismo infalible, eso sí, sin negociar nada que esté por encima de la emancipación pese al puñado de comentarios que han brotado sobre una posible incursión militar.

Sabemos que la oposición es adicta a idealizar algún tipo de situación intervencionista. México no es Venezuela ni mucho menos vive la misma tensión latente. Lo más remoto que aconteció, sin duda, es una crónica que se anunció, pero que muchos pensaron que jamás sucedería. Sabemos que, con mucha claridad, han salido a la luz pública entrevistas y especulaciones que, de manera rápida y oportuna, responde la presidenta Claudia Sheinbaum de que no habrá sumisión. El caso, sobra decir, puede ser una medida de presión ahora que viene en puerta el proceso previo para la renegociación del tratado comercial del T-MEC. Nuestro país, que está en las mejores manos en el equipo negociador que comanda la Secretaría de Economía, está listo para firmar un acuerdo histórico, tal y como se ha ido adelantando. Hay, en efecto, más del 90% del contenido en avances y, lo mejor de ello, entendimiento entre los pares.

Desde luego que nada es fácil. Estos meses entraremos en una tensión fuerte por los temas comerciales que se avecinan. Se aprovechará cualquier coyuntura, como muestra de la posición que tomará el vecino país para sacarle el mayor provecho. A pesar de lo tenso que será, y de lo sustancial del interés mutuo, hay un preludio alentador, tomando como referencia que, a lo largo de este periodo, salimos literalmente ilesos de las amenazas de incremento arancelario. Se dieron algunos; sin embargo, la mayoría de los productos que cruzan la frontera están fuera del esquema arancelario por el oficio negociador de nuestros representantes y, de paso, por el buen olfato de nuestra presidenta que jamás se derrota ni sucumbe, sino, erguida, muestra su capacidad y su responsabilidad que le ha dado el pueblo de México a través de un mandato popular más que legitimado.