LA POLÍTICA ES DE BRONCE
No era el combate al narcotráfico, mucho menos la democracia, el motivo de la captura y extracción de Nicolás Maduro; era el control del petróleo y de los recursos naturales venezolanos. En sus declaraciones inmediatas posteriores a la captura de Maduro, Donald Trump y los integrantes de su gobierno fueron brutalmente claros: acceso total al petróleo venezolano. Así, por la fuerza y a la mala, Estados Unidos obtuvo el control, por tiempo indefinido, de las mayores reservas petroleras del mundo; lo demás es justificación y demagogia.
Venezuela permitió que entrara; la comunidad internacional no tuvo la fuerza para impedírselo. Pasará mucho tiempo para que Venezuela vuelva a tener soberanía sobre sus recursos energéticos. Las que sí se frotan las manos son las empresas estadounidenses, cuyas acciones de inmediato subieron en los mercados bursátiles del mundo.
¿Por qué lo hizo Estados Unidos? La respuesta es igual de brutal: porque tiene la fuerza militar para hacerlo, porque la Carta de las Naciones Unidas y el derecho internacional valen menos para Donald Trump que el papel en el que están impresos y porque, en el escenario geopolítico internacional, no hay otra potencia que pueda hacerle contrapeso a la hegemonía militar estadounidense.
¿A cuánto equivale el botín venezolano, ahora en manos de Estados Unidos? Las reservas probadas de Venezuela equivalen a 303 mil millones de barriles de petróleo, lo que representa alrededor del 18% de las reservas mundiales. El 85% de dichas reservas se localizan en la Faja Petrolífera del Orinoco, una de las mayores acumulaciones de petróleo extrapesado del planeta. El resto de sus reservas se encuentra en la cuenca del lago de Maracaibo, el oriente de Venezuela y la zona costera. Solo para dimensionar las reservas venezolanas, basta mencionar que Arabia Saudita posee 267 mil millones; Irán, 208 mil millones; Irak, 145 mil millones; Rusia, 108 mil millones; Estados Unidos, 69 mil millones; y Canadá, 168 mil millones de barriles de petróleo.
Venezuela tiene petróleo para más de 300 años al ritmo actual de producción, pero sin inversión, tecnología y estabilidad política, esas reservas siguen siendo un activo geológico, no económico.
Durante un año, las amenazas arancelarias y políticas de Donald Trump quedaban en palabras; después de Venezuela, tienen un nuevo significado. Si ya pudo capturar y extraer a Nicolás Maduro sin consecuencias políticas o militares, no extrañe que, en el corto plazo, Estados Unidos vaya por el control del litio y el uranio del continente. Lo dije y lo reitero: desde la perspectiva de Donald Trump, el control de Groenlandia resulta fundamental para su seguridad nacional, no solo por sus recursos naturales —aunque es evidente que también va por las reservas y recursos presentes en esa fría región del mundo—, sino por su enorme importancia geopolítica.
Otro riesgo latente, que representa enormes focos amarillos en el tablero internacional, es que otras naciones con potencial militar y nuclear decidan imitar el ejemplo estadounidense y violar el derecho internacional. En estos momentos, ¿qué detiene a Vladímir Putin de desatar una ofensiva intensa contra Ucrania para capturar o eliminar a Zelenski? ¿O qué impide a China adoptar una posición más agresiva sobre Taiwán o el Tíbet? Son tiempos complejos en los que se necesita buena política y diplomacia, no sólo en la retórica, sino en las acciones.
Eso pienso yo. ¿Usted qué opina? La política es de bronce.



