Recuerdo la desaparición de Ana Amelí García Gámez y recuerdo que ella solamente quería hacer senderismo y estar en contacto con la naturaleza. Pienso en la forma en que en esta fecha, los gobiernos suelen apropiarse de las causas y exigencias más básicas, como vivir, para convertirlo en propaganda. Siempre vivas aunque sea en nuestra memoria, iguales aunque haya algunas a las que pueden buscar antes y otras víctimas a las que la simple recepción ministerial de denuncia les puede tardar hasta siete horas. Es un día ideal para la propaganda de este tipo: si tal estadística bajo en un tanto porcentaje o la otra métrica dice que ahora hay más mujeres becadas, más mujeres estudiando o más mujeres en la ciencia. Sin duda, las mujeres desde los gobiernos abren puertas y hacen esfuerzos para las otras aunque la naturaleza humana y social les haga, sin querer, tener preferencia sobre sus amistades, sobre las que son de la misma militancia o las que no son consideradas de derecha.

Creo que, frente a la estadística de desaparición forzada, el aumento de mujeres en el reclutamiento forzado para actividades criminales y la simple posibilidad de no poder completar un ciclo de vida, el reto de seguridad continúa siendo el principal.

Es urgente desmitificar la idea romántica de las mujeres en el crimen, urgente también despatriarcalizar los estándares “buchones” de los cuerpos. Extraer y erradicar toda forma de aspiración moderna a recibir beneficios económicos por parte de un hombre. Garantizar que las mujeres puedan volver a casa. Y se antoja increíble que “la ciudad más videovigilada del mundo”, al mismo tiempo sea una de las que mantiene el récord en mayor cantidad de desapariciones.

Aun teniendo más oportunidades, acceso a becas, acceso a estudios y todo tipo de posibilidades, mientras volver a casa sea una apuesta, este país no tiene nada que celebrar ni que presumir los 8M.

Un dato más. Ni una sola conversación con el presidente Trump ha tenido como tema el impacto de esta guerra contra las mujeres. No lo hay. Nuestra presidenta es nombrada y alabada por su homónimo en un tono que en ocasiones resulta condescendiente. La nombra con adjetivos como “hermosa” y no como poderosa, el tipo de expresiones machistas e inapropiadas en contextos corporativos y de alta diplomacia. Jamás encontrarán que alguien se haya atrevido a decirle “hermosa” a Margaret Thatcher o a la Reina Isabel II del Reino Unido.

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Hace un tiempo la Secretaría de Relaciones Exteriores presumía su intención de construir diplomacia feminista con la Política Exterior Feminista pero ninguna institución emitió comunicado alguno para exigir respeto y la abstención del uso de adjetivos que califican el físico de la presidenta Claudia Sheinbaum. Desde nuestra posición, temerosa, elegimos agradecerlo y presumirlo… Destacarlos como cumplidos y sugerir que se trata de la buena, estratégica e increíble gestión de la tensión. Entre líneas, el mensaje de Trump ha sido un despliegue antinarco en toda Latinoamérica aún sin apoyo o permiso de los gobiernos cuyos territorios, según él, están perdidos o infestados por el narco.

La historia y la estadística demuestra que de todo conflicto armado, inclusive los conflictos criminales y las disputas entre cárteles, las mujeres resultan ser de las mayores afectadas. Pero si el respeto a la presidenta no ha estado sobre la mesa, esto mucho menos. Simplemente, no hay una conversación o cálculo serio sobre qué pasaría con las mujeres de los Estados que están en la mira para intervenciones norteamericanas. Tampoco se ha hablado de algún tipo de justicia retrospectiva sobre las muertas de Ciudad Juárez, mucho menos se ha hablado de la posible relación entre trata de personas, desaparición forzada y estadounidenses que visitan México para realizar turismo sexual. Clientes indirectos del crimen organizado, cuyo negocio en el tráfico y desaparición de mujeres está estrictamente relacionado con la explotación sexual así como los consumidores.

Es falso que las mujeres estemos en la agenda, las mujeres somos objeto y sujeto de propaganda. Estamos en la propaganda y somos su herramienta. Inclusive, es típico que durante marzo, se desplieguen eventos morados con flores y pañuelos mientras las calles se llenan también de granaderos y los misteriosos bloques negros hacen aparición. Pero en las conversaciones de alto nivel, en el impacto de la guerra, ahí no estamos. Podemos estar en la forma en que la estadística brinda apariencia de mejorar los números. Solo así, solo ahí. No en cuántas mujeres han sido encontradas con vida y devueltas a casa, tampoco en cuántos mecanismos de desaparición forzada de mujeres fueron desmantelados. Mucho menos en condenas por trata de personas ni en investigaciones contra el reclutamiento forzado de mujeres. Ahí no.

Entonces este 8M hay una doble resistencia: hay que resistir al patriarcado, al machismo de lo cotidiano, al de los hombres que amenazan con su hostilidad o con su desdén que ahora las mujeres “tengan demasiados derechos”, los que nombran al feminismo como una corriente Woke y nos nombran como “nazis” aunque no haya un solo acto extremo y masivo para erradicar hombres solo por ser hombres por parte de las feministas, como es que si existe eso hacia las mujeres, desapareciéndolas, golpeándolas y sometiéndolas tan solo por ser mujeres.

Pero también hay que resistir a la propaganda, a las imágenes, mensajes e iconos que los gobiernos se han apropiado de los movimientos para limpiar sus rostros frente a lo no resuelto. Hay que resistir a los discursos triunfalistas que pretenden hacernos creer que todo ya está solucionado y, hecho, que todo va bien. Esos discursos que están cerca de preguntarnos en tono paternalista de qué nos quejamos si ya tenemos todo esto. Esos como los de Oaxaca que convocan a talleres para que te prepares para tu futura desaparición y que convocan a carreras denominadas “Corre por tu vida”, como el municipio Santa María Tonameca. Y tiene todo el sentido, pues tal vez las mujeres están desapareciendo porque justo no hacen suficiente entrenamiento de velocidad y fuerza para correr por sus vidas y salvarse… son unos genios.

En X: @Ifridaita